18 de mayo de 2022
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Ucrania en el conflicto de la nueva Guerra Fría

20 de febrero de 2022
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
20 de febrero de 2022

En las últimas semanas el mundo observa con horror las tensiones en torno a la crisis de Ucrania. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró que en el mes de febrero las tropas rusas desplegadas en la frontera invadirían a Ucrania y varios medios occidentales dieron como un hecho el ataque antes de terminar los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing. Pero de acuerdo con la cancillería rusa las posibilidades de una guerra en dicha región obedecen más a una campaña mediática de Occidente que a la coyuntura militar real.

Mientras tanto en Europa se multiplicaban los contactos bilaterales y multilaterales que indicaban que a pesar de las posiciones aparentemente irreconciliables se abría paso la vía diplomática antes que la confrontación armada. Pero cuando las tensiones se encontraban en su punto máximo informó Moscú que habían terminado los ejercicios militares en la frontera con Ucrania y que se había iniciado el retiro gradual de las tropas.

¿Qué hay en el fondo? Que Estados Unidos busca aprovechar la crisis para expandir la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) hacia el Este, porque de este modo su poderío militar se acerca a las fronteras con Rusia. De otro lado Biden quiere que Berlín suspenda el permiso para el tramo alemán del gasoducto Nord Stream 2 y deje sin suministro de gas a los alemanes y a sus vecinos. Washington desea apoderarse de ese mercado para abastecer de combustible a Europa.

Además hay un bloque de países conformado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Turquía que suministran misiles antitanques, drones armados, buques de guerra y dinero a Ucrania, para fortalecer su sistema de defensa; los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, también entregan armas adquiridas en Estados Unidos.

Ante los hechos Vladimir Putin y el presidente de China Xi Jinping, suscribieron una declaración donde dejan claro las relaciones de cooperación entre los dos países y piden que la OTAN abandone sus pretensiones de extenderse hacia el Este y deje de lado sus enormes ganas de regresar a los tiempos de la Guerra Fría. Pero aquí hay otros factores que tiene que ver con la geopolítica y con el fin del mundo unipolar.

La dura realidad

El mandatario norteamericano se alía con su homólogo británico con el fin de urdir una trama de presiones y chantajes contra Rusia y de paso contra China para que Occidente no comercie con estos países. En el otro extremo se van alineando Irán, Corea del Norte, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán. Kirguistán y Tayikistán al lado de Rusia y China.

También hay una dinámica económica de nuevos alinderamientos. China se posesiona en el orden mundial como una nueva potencia, mientras que India e Indonesia se proyectan como potencias del nivel medio por sus economías emergentes y su protagonismo en el desarrollo tecnológico y la investigación científica.

Hasta hace pocos años Estados Unidos tenía el monopolio sobre la tecnología, las armas de destrucción masiva, los sistemas monetarios y financieros y el acceso a los recursos naturales, pero esa realidad ya no existe porque nuevos países disputan su liderazgo.

En este nuevo alinderamiento hay que tener en cuenta que desde el gobierno de Donald Trump Estados Unidos mantiene una relación “tortuosa” con América Latina porque su gobierno puso toda su atención en Europa y Asia descuidando el “patio trasero”. En contraste Rusia y China vienen ampliando lazos comerciales con más países de la región y ofrecen créditos a tasas de interés más favorables y sin condicionamientos políticos. Nuevos países se van alejando de su influencia como Honduras, Chile, Argentina y México.

Mientras tanto en Colombia el ministro de Defensa, Diego Molano, argumenta tener informes de inteligencia sobre una presunta injerencia de Rusia en los asuntos internos de Colombia. El ministro ya había afirmado el pasado mes de noviembre que nuestro país e Israel tienen un enemigo común que es Irán.

Putin y la nueva Rusia

El 16 de marzo de 2014 el 97% de los habitantes de la península ucraniana de Crimea votaron a favor de su adhesión a la Federación Rusa, con un estatus de república autónoma. Dos días después Vladimir Putin, pronunció un discurso en el Parlamento donde afirmó que la reunificación se realizó en pleno cumplimiento de los procedimientos democráticos y la normatividad internacional y confirma que “en los corazones y las mentes de la gente, Crimea siempre ha sido inseparable de Rusia”. Sobre esta base firmó el decreto que reconoce a la península como Estado Independiente y soberano. De este modo se agudizaron las contradicciones entre Rusia y Occidente.

Tras las huellas de la Madre Rusia

El colapso de la Unión Soviética se produjo cuando el Partido Comunista se burocratizó y se acomodó en el poder, lo que favoreció el surgimiento de líderes sagaces y oportunistas como Boris Yeltsin que prepararon el ambiente para que brotaran los millonarios de nuevo tipo, grupos de personas que amasaron fortunas por la privatización fraudulenta de las propiedades públicas heredadas de la Unión Soviética. Eran tiempos difíciles cuando Rusia estaba atrapada por la crisis económica, el crimen organizado se robaba los recursos del Estado, el pueblo vivía una situación de miseria y la guerra de Chechenia y la pobreza obligaban a los dirigentes a pedir préstamos a las potencias occidentales. Aprovechando su postración, los líderes de Occidente, empezaron a tratar a los países venidos de la “Cortina de Hierro” como a estados fallidos y pueblos vencidos.

En este punto hizo su entrada Vladimir Putin, quien nació en Leningrado, estudió en la Facultad de Derecho y luego ingresó al organismo de seguridad del Estado soviético (KGB), en la Dirección de Asuntos Exteriores. Cuando se derrumbó la URSS ascendió en la burocracia oficial y, en 1996, hizo parte del círculo del presidente Boris Yeltsin; debido a su carisma e inteligencia se presentó como candidato a la presidencia y resultó victorioso en 2000 y 2004.  Organizó el partido Rusia Unida, por medio de la unión de los grupos parlamentarios Unidad, Patria y Toda Rusia; es un movimiento de centro, nacionalista, bajo la ideología conservadora.

El éxito de este carismático líder radica en su preocupación por recuperar el orgullo perdido del pueblo ruso; ha procurado que lo vean como el dirigente capaz de garantizar la seguridad interna y como el artífice de una Rusia fuerte en un mundo hostil y cruel, donde las grandes naciones de Occidente se encuentran en crisis económica. Su programa de gobierno está orientado a recuperar el concepto de potencia y el orgullo nacional: invertir en defensa, en industria militar, con el objetivo de modernizar la economía y crear una poderosa infraestructura industrial para no depender sólo del petróleo y del gas. De acuerdo con la geopolítica se distancia de la antigua Unión Soviética, pero también de Occidente y mantiene su independencia de los dictados de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE).