16 de mayo de 2022
Directores
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Ni paramilitares ni guerrilleros ni encapuchados

Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
24 de febrero de 2022
Por Julián Andrés García Cortés
Por Julián Andrés García Cortés
Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
24 de febrero de 2022

La violencia nunca será la salida. Mucho menos en los lugares donde el conocimiento y los argumentos deben primar, aún más si hablamos de instituciones educativas y para este caso las universidades. Hemos estado en las calles protestando por una cantidad de injusticias como la poca inversión en la educación superior, por la intromisión de la fuerza pública a esos establecimientos y por la necesidad que tenemos de generar mayores posibilidades para que más colombianos puedan acceder a las universidades.

En esas luchas, nos hemos encontrado con personas encapuchadas a las cuales hemos rechazado, porque no nos representan, ya que sentimos que torpedean nuestro legítimo derecho a la protesta y porque en la mayoría de los casos usan la violencia como método de presión, con ninguna de esas expresiones nos sentimos identificados y en muchos casos los hemos apartado de nuestros grupos.

Si eso ha pasado en la calle, con mayor empeño los tenemos que rechazar dentro de las universidades que son recintos sagrados del conocimiento, del diálogo y del debate de las ideas. La educación permitirá que seamos capaces de superar esa violencia que nos ha marcado como sociedad, es esa misma violencia la que quiere irrumpir en los campus universitarios disfrazados de ideologías que hoy no representan las necesidades de la población ni las realidades que hoy vive el país. Aunque es posible que también haya violentos sin ideología y que simplemente disfruten con el miedo y el terror físico o psicológico que pueden infringir en otras personas, en cualquier caso tendrán nuestro rechazo.

La violencia ha marcado nuestra historia, nos ha dejado un legado cultural que creemos equivocadamente que es inherente a nosotros y no es así. Hemos demostrado en muchos lugares y ocasiones, que pese a la violencia, nuestra capacidad de resiliencia y perdón son superiores y seguro serán la mejor herramienta para escribir otras realidades e historias.

Dentro de las universidades deben caber todo tipo de ideas y el debate con argumentos tiene que ser la prioridad, dentro del mundo de esas ideas, a cualquier persona se le debe escuchar, algunos estarán de acuerdo y otros podrán ser sus contradictores, pero siempre la base debe ser el respeto por las diferencias.

Nuestro país está en una de las transiciones más difíciles e importantes de los últimos cincuenta años. Pasar de la guerra y la muerte a una sociedad que pueda discutir y enfrentarse desde las ideas y tener la capacidad de respetar al distinto, entendiéndolo como un contradictor y no como un enemigo, por eso hoy más que nunca necesitamos universidades fuertes, abiertas y plurales para que sean las garantes de esa transición y dejar a los violentos sin espacios para usar las prácticas del silencio y el miedo, y de solo escuchar a quienes piensan como ellos.

@Julianelpolit

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