20 de mayo de 2022
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Las desgracias de Ucrania

28 de febrero de 2022
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
28 de febrero de 2022

Por: Albeiro Valencia Llano

El 22 de enero de 1918 se proclamó la República Democrática de Ucrania pero, inmediatamente, el país se convirtió en un campo de batalla entre diferentes naciones que disputaban su territorio y no pudo defender su independencia; finalmente, en 1922, se incorporó a la Unión Soviética y durante la Segunda Guerra Mundial jugó importante papel por su estratégica posición geográfica. Con el derrumbe de la URSS proclamó su independencia en 1991, pero desde ese momento empezaron las contradicciones internas porque aquí existen dos países: la Ucrania Occidental, católica y nacionalista y la Suroriental, ortodoxa y con fuertes afinidades culturales con Rusia. Ucrania, por su posición geográfica, empezó a ser influenciada por los países grandes de Europa, lo mismo sucedió con las naciones que tienen frontera con Rusia y que hicieron parte del campo socialista; así se explica el interés de la OTAN de extenderse hacia el este para controlar el recrudecimiento de la Guerra Fría. Ante esta posibilidad Vladimir Putin advirtió, en 2008, que el ingreso de Ucrania a la OTAN llevaría a la anexión de Crimea por Rusia, pues allí está la Flota Rusa del Mar del Norte.

En este ambiente fue elegido Presidente (2010-2014) Víctor Yanukovich, representante de la Ucrania del Este, cercana a Rusia, principal socio comercial de Ucrania; descartaba el ingreso del país a la OTAN lo que molestaba a las fuerzas nacionalistas, interesadas en acercarse más a la Unión Europea (UE). En 2013 Yanukovich rechazó el Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la UE, pero al mismo tiempo estrechó relaciones con la Federación Rusa, para ingresar a la Unión Aduanera Euroasiática, lo que desató una ola de protestas en Kiev, que se fue extendiendo por todo el país; los enfrentamientos dejaron centenares de muertos.

Frente a las sucesivas manifestaciones de protesta, y ante la violencia generalizada, la UE le exigió al presidente Yanukovich la firma del Acuerdo de Asociación y que se decidiera entre Europa y Rusia. Cuando el Presidente anunció que aplazaba la firma del documento, por las consecuencias que podría traer abrir la frontera a los monopolios de Occidente, los sectores de ultraderecha que se habían lucrado con la corrupción, orientaron el descontento contra el alto gobierno.

Así, el 21 de noviembre de 2013 se realizó un gran movimiento de protesta en la Plaza de la Independencia de Kiev; los manifestantes planteaban que un tratado de asociación con la UE ayudaría a modernizar el país y lo liberaría de la dependencia económica de Rusia. Las manifestaciones las promovieron estudiantes universitarios pero luego se sumaron el grupo fascista “Pravy Sektor”, el partido Svoboda, de extrema derecha, y la iglesia ortodoxa del Patriarcado de Kiev. El 8 de diciembre grupos radicales derribaron una estatua de Lenin, como una provocación contra el 38% de los ucranianos que apoya la asociación con Rusia, y gritaron que seguiría la caída del presidente Yanukovich. Las manifestaciones continuaron y el 22 de enero de 2014 se registraron cinco muertos; a estas alturas se produjo el vacío de poder y la violencia se agudizó. El 18 de febrero en horas de la noche, la policía empezó a desalojar por la fuerza la Plaza de la Independencia, lo que dejó 26 muertos y más de cien heridos; los días siguientes fueron especialmente violentos, porque los manifestantes estaban armados y los choques con la policía produjeron numerosos muertos y heridos.

El 20 de febrero fue el día más violento. Por comisión de la UE llegaron los ministros de Relaciones Exteriores de Polonia, Francia y Alemania, se reunieron con la oposición y con el Presidente y acordaron la formación de un gobierno de coalición, elecciones anticipadas y volver a la Constitución de 2004. Dos días después Yanukovich viajó a Jarkov, a un congreso de diputados y gobernadores del Este de Ucrania y Crimea y los opositores aprovecharon el momento para tomarse el poder: acusaron al Presidente de abandono del cargo y lo destituyeron, por mayoría de los diputados; mientras tanto se tomaron las sedes administrativas de Kiev. En este punto se agudizaron las contradicciones y quedó el ambiente listo para una guerra civil.

El nacionalismo ucraniano

Las manifestaciones y el golpe de Estado fueron promovidos por varios partidos y movimientos políticos: “Libertad” y “Patria”, de tendencia ultraderechista; el movimiento juvenil, liderado por Valery Bidnoschev, el partido “Alianza Democrática Ucraniana”, liderado por el exboxeador Vitali Klitschko y el partido “Pravi Sektor”, dirigido por Dimitri Yarosh. Estos dirigentes y partidos se han distinguido por ser tradicionales enemigos de Rusia, desde la época de la Unión Soviética, han luchado por ingresar a la UE, y se caracterizan por la ideología nacionalista, racista y antigay.

El grupo “Pravi Sektor” se alió en su momento con la Alemania nazi para atacar a la URSS y en 2014 buscaban que los rusos fueran aniquilados o expulsados de Crimea. Otro nacionalista radical era Arseni Yatseniuk, jefe del grupo parlamentario “Patria”, uno de los promotores del acuerdo entre oposición y gobierno para superar el vacío de poder, pero también ayudó a planear el golpe de Estado, pues dijo: “Este documento presupone la formación de un gobierno de coalición. Debemos tomar el poder ahora. No sé por cuánto tiempo, pero estamos obligados”. Estos eran los dirigentes que controlaban el Parlamento de Ucrania y que orientaban el futuro del país.

Crimea, la joya de la corona

Está localizada en la península del mismo nombre, al sur de Ucrania; tiene una extensión de 26 mil kilómetros y una población de dos millones de habitantes, distribuidos así: rusos 60%, ucranianos 24%, tártaros 12% y el resto, bielorrusos, armenios, judíos, griegos y gitanos. La península pertenecía a Rusia desde tiempos de Catalina la Grande, luego hizo parte de la URSS como república autónoma y, en 1954, el primer ministro Nikita Jrushov, la entregó a la Ucrania soviética como un gesto político de buena voluntad. Cuando se disolvió la Unión Soviética Ucrania declaró su independencia, por lo tanto el Soviet Supremo anuló el tratado por el cual Crimea se incorporó a Ucrania y la declaró República Autónoma; no hubo conflicto porque los presidentes ucranianos habían sido pro rusos. La situación se complicó cuando los grupos nacionalistas se convirtieron en mayoría y empezaron a estrechar relaciones políticas y económicas con Occidente.

Como consecuencia del golpe de Estado contra el presidente Yanukovich, ni el gobierno, ni el pueblo de Crimea, reconocen la nueva autoridad de Ucrania y buscan la anexión a Rusia, país que les garantiza estabilidad económica, política y cultural. Mientras tanto para Putin Crimea es la joya de la corona: el puerto de Sebastopol es la sede histórica de la Flota del Mar Negro y fue alquilado a Rusia hasta el año 2042; desde aquí se controla la VI Flota de Estados Unidos en el Mediterráneo.

Tras la huida de Yanukovich la Rada Suprema, que es el Parlamento de Ucrania, tomó el control del país y Oleksandr Turchinov asumió la coordinación del gobierno y la presidencia del Parlamento. Turchinov no tenía capacidad militar para recuperar Crimea y desplegó el ejército en la frontera para impedir una posible invasión rusa; hubo protestas en Lugansk, Donetsk y Jarkov, lo que inició la guerra en el Donbás, el 6 de abril de 2014.

En las elecciones de este año gano Petró Poroshenko (2014-2019) quien se preocupó por recuperar la mayor parte del territorio ocupado por separatistas. Con la firma del Protocolo de Minsk a finales de 2014 el conflicto se congeló, pero siguieron los asesinatos en un desangre que cobró la vida de más de 13.000 ucranianos. Con este gobierno las Fuerzas Armadas de Ucrania se fueron modernizando, siguiendo las orientaciones de la OTAN y en 2019 se había convertido en un poderosos ejército. Poroshenko se negó a aceptar la amputación de Crimea por Rusia y firmó el Acuerdo de Asociación con la UE, pero descartó el ingreso a la OTAN para no disgustar a Moscú.

El gobierno de Volodymyr Zelenski

Este licenciado en derecho, actor, comediante y guionista, llegó a la política por casualidad. Tenía un programa de televisión, una serie muy popular, “Servidores del pueblo”, donde satirizaba la corrupción y el desgobierno en Ucrania. En el año 2019 un video suyo contra los políticos y la corrupción se hizo viral y el pueblo lo asumió como programa de gobierno. Su popularidad se disparó en un país empobrecido, donde la corrupción se había apoderado del Estado y los políticos estaban sumergidos en el desprestigio. Los ucranianos lo compensaron en las urnas, pasó a la segunda vuelta y alcanzó el 73,22% de los votos, como un castigo para los políticos tradicionales. Triunfó porque el pueblo estaba desilusionado. Cuando se posesionó como Presidente intentó acercarse a Occidente, lo que significaba llegar a la UE y a la OTAN.

Pero Putin ya había jugado sus cartas y el 24 de febrero de este año, inició la operación militar alegando la necesidad de “desnazificar y desmilitar a Ucrania”; el objetivo sería “defender al pueblo que durante ocho años ha sufrido persecución y genocidio por parte del régimen de Kiev”. Como Ucrania no hace parte de la OTAN se queda sola enfrentando la invasión de Rusia que tiene el segundo ejército más poderoso del mundo. De este modo Putin sigue en su camino de recuperar el concepto de potencia y el orgullo perdido del pueblo ruso.

Mientras tanto el mundo se rearma, Europa y la OTAN modernizan los equipos bélicos y Estados Unidos y la gran industria militar hacen su gran negocio. Aterrados observamos el juego de la guerra y nos olvidamos de la pandemia del Covid-19 y de la crisis económica que nos envuelve.