23 de mayo de 2022
Directores
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Evelio Giraldo Ospina

Nosotros los buenos

20 de enero de 2022
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
20 de enero de 2022
La política en nuestro medio se ha venido realizando, durante muchos años, sobre la base de que las campañas se desarrollan siempre con fundamento en que los oponentes o rivales son malos, o llenos de defectos. Raramente con fundamento en que lo que se propone rebasa, en mucho, lo que los demás proponen o muestran, es decir, exponiendo las ventajas de las propuestas que se presentan.

Y esta campaña, por demás plagada de aspirantes a la primera magistratura, no tiene diferencias con lo que hemos padecido por siempre. Y habida cuenta de la multiplicidad de precandidatos, la mayoría de ellos sin bases sólidas para tal aspiración y sólo con el propósito de aparecer en letras de molde, poco pueden agregar como programa a desarrollar como gobernantes, salvo su exagerado y desbordado ego. El manido recurso de luchar contra la corrupción como bandera, es sólo poner como programa algo que atrae la atención de la población en general que espera que el mal se acabe, pero que acabe en otros, sin mirar la dimensión de la corrupción, grande o pequeña que carga cada cual en su haber. Sí, acabar con la corrupción con un decreto, quizás con una ley, ya que esa es la fórmula mágica a la que recurrimos por siempre para atacar un mal. Y con la ley, y la pena, grande o chiquita, nada se hace y todo se sucede.

Ya es tiempo de que entendamos que la raíz de los males es lo que hay que atacar y de que no son las leyes, per se, las que nos van a ayudar a corregir lo que deseamos cambiar. Así, para atacar la corrupción, la casa es el lugar indicado para iniciar. Desde allí los padres deben dar ejemplo y actuar de conformidad con lo que requerimos de los demás. Cuando el padre o la madre encuentran útil la mentira para disculpar su acción, se siembra la corrupción. Cuando el maestro realiza una acción o invita a realizarla usando para ello a su alumno, está igualmente sembrando el mal en la mente y en la vida de su alumno. Cuando realizamos acciones o procedemos indebidamente porque no nos están viendo, igualmente regamos semillas de corrupción. Y, como el mal baña muchas de nuestras actividades, es usual asignar responsabilidades a quienes nos rodean, sin verificar si la responsabilidad nos cabe a nosotros. 

Por ello vemos, en estos días, que en las redes sociales se asigna a un sector político la corrupción. Se señala a quienes integran esa tendencia como corruptos, sin más razón u objetivo que mostrarlos como los malos. Si, esos son los malos, nosotros somos los buenos. Aquí, nosotros, no somos corruptos, sólo que nuestras acciones tienen una causa, causa que no nos es propia y viene de los demás. ¡Aquellos son los malos! Nosotros somos los buenos y el argumento, o el dicho, es sólo eso, pero nada que mencionamos que entre nosotros el mal cunde, pero no es visible o no lo queremos ver.

Los malos son los demás. Nosotros los buenos, con sólo expresar que somos los buenos, nos basta. Y, en ese nosotros, que somos los buenos, se encuentra el mayor de todos los peligros, porque somos los buenos, solo esos. Y ser sólo yo el bueno, o ser sólo nosotros los buenos, es en esencia un gran peligro, ya qué, por ser tan buenos, pero tan buenos, no elucubramos la dimensión de ser sólo nosotros los buenos y el riesgo que en ello se lleva.

Y, como sólo miramos los buenos que somos, olvidamos que la vida tiene muchas facetas, tiene muchos matices y requiere de muchas soluciones, soluciones que requieren de muchos esfuerzos. Esfuerzos que no dependen sólo de ese grupo de buenos buenos, sino de toda una sociedad. Sociedad que integramos los buenos y los no tan buenos según nuestro criterio, pero entre los que hay muchos., muchos buenos

Y hay que empezar por entender que no se es mejor que otro porque somos menos malos. No! Hay que entender que seremos mejores que otros porque entregamos más. Somos mejores que otros por nuestro trabajo, por nuestra dedicación, por nuestro ejemplo. No se es mejor, en una sola palabra, porque otro es malo.

Manizales,  enero 17 del Segundo Año de la Peste.