21 de mayo de 2022
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Coincidencia, por parte de, lenguaje incluyente, haber  

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
4 de enero de 2022
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
4 de enero de 2022

Quisquillas de alguna importancia

No vale la pena comentar el terminacho ‘diosidencia’, porque no deja de ser un engendro de imposible análisis etimológico.

 En mi columna anterior mencioné el municipio Río Orí, del Chocó, que no había oído ni leído en todos mis años de vida, no pocos ciertamente. Al día siguiente, ‘Orí’ fue una de las respuestas del crucigrama de El Tiempo. Una coincidencia, sin duda. No obstante, “muchas personas espirituales afirman que no hay coincidencias ni accidentes, hay diosidencias y aprendizajes” (Oasis, 21/12/2021). No vale la pena comentar el terminacho ‘diosidencia’, porque no deja de ser un engendro de imposible análisis etimológico. De ‘coincidencia’, sí, porque negarla es ir contra la realidad. Aunque hay varias clases de ‘coincidencia’, considero que esas ‘personas espirituales’ se refieren a hechos o circunstancias que se presentan al mismo tiempo y tienen alguna relación, hecho innegable, como lo demuestra la experiencia, por ejemplo, cuando alguno se desvía del camino que siempre toma para hacer una diligencia y le sucede algo que de otra manera no le habría ocurrido. ‘Coincidencia’ es ‘la acción y el efecto de coincidir’, verbo formado por el prefijo ‘co-’ (‘participación, concurso’) y el verbo latino ‘incidere’ (‘acaecer, caer en alguna parte, ocurrir inesperadamente, encontrarse con, conocer al mismo tiempo’). Hay otras clases de ‘coincidencia’, en gustos e ideas, por ejemplo, o en el hecho de encontrarse dos personas en el mismo sitio, etc. ‘Coincidencias’, ¿quién las puede negar? ¿Y los ‘accidentes’? Abundan. ***

A veces hay que insistir, aunque sea inútil la cantaleta por el arraigo firme y profundo de algunos vicios del idioma, uno de ellos, la omnipresente locución ‘por parte de’, cuya inclusión en las siguientes oraciones de la columna de Bernardo Mejía Prieto (LA PATRIA, 20/12/2021) es claramente innecesaria: 1ª.) “…lo que obviamente generó una gran alegría y complacencia por parte de la comunidad”. En ésta, usurpó el oficio de la preposición ‘en’: “…alegría y complacencia en la comunidad”, obviamente. 2ª.) “Con la inauguración por parte del gobierno del Túnel de la Línea…”. En ésta, la preposición ‘por’, ella sola, cumple bien su oficio: “…inauguración por el gobierno…”, sin ninguna duda. 3ª.) “Tanto el mejoramiento del trazado (…) debe ser un empeño permanente por parte de los manizaleños…”. Y en ésta, la preposición ‘de’, ella solita, hace su tarea: “…empeño de los manizaleños”, lógicamente. Y puedo asegurar que cuantos la usan lo hacen innecesariamente. Pero, ¿quién los convence? ***

Afirmar que el lenguaje incluyente es ‘nocivo’ no deja de ser una obviedad, pues su empleo atenta contra las normas elementales de la gramática castellana. Lo demuestran dos oraciones de la columnista de El Tiempo Claudia Isabel Palacios Giraldo (23/12/2021), que en cada escrito se supera en el uso irreflexivo del estomagante lenguaje: En la primera, dice así: “Asesinada aparentemente por el padre de la criatura, que no quería tenerlo/la”. ¡Por Dios, señora! El pronombre personal tiene que concordar en género –gramatical, no se confunda– con el nombre que reemplaza, en este caso, ‘criatura’, de género gramatical femenino. Sobra, pues, y ¡de qué manera tan patente!, el pronombre personal masculino. Añadirlo no tiene sentido desde ningún punto de vista. Y en la segunda, garrapateó de este modo: “…para diseñar políticas que nos lleven a que cada nacimiento sea deseado/a”. ¡Por favor, señora! El participio pasivo, como ‘participa’ del carácter del adjetivo, concuerda con su sustantivo en género –gramatical, le repito–, que, en este caso, tiene que ser masculino, porque ‘nacimiento’ es un nombre gramaticalmente masculino. Sobra pues el femenino. Pero, ¿quién la convence? ***

Dos frases, inaceptables en un periódico como El Tiempo: 1ª.) “Pueden haber más casos de ómicron en Colombia: OMS” (Colombia, 23/12/2021). Sobra la explicación, ¿o no? 2ª.) “Se buscan agravar conductas que afectan a todos los ciudadanos…” (Colombia, 23/12/2021). “Se busca…”, la forma castiza, porque, evidentemente y explicado de manera sencilla, lo que ‘se busca’ es una acción, la de ‘agravar’, singular; no ‘las conductas’, plural.

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