23 de mayo de 2022
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Buenos para vociferar, pero malos para escuchar

22 de enero de 2022
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
22 de enero de 2022

Haciendo un análisis de la situación que se ha venido presentando, sobre todo en América durante los últimos años, el mejicano Enrique Krauze, llega a la conclusión que hace falta escuchar, en materia política, para evitar los enfrentamientos, las polarizaciones que se han convertido en el pan de cada día. Lo pudimos constatar en el caso de Estados Unidos con el duro enfrentamiento entre Trump y Biden, la llegada al poder de un maestro de clara tendencia de izquierda en el Perú y un joven de la misma tendencia en Chile, el triunfo de Bolzonaro en Brasil sobre el movimiento liderado por Lula Da Silva, y en fin, lo que en la actualidad vivimos en Colombia debido al enfrentamiento entre los seguidores del doctor Uribe y los de Gustavo Petro.

He venido insistiendo que es bueno es recordar que la generación del siglo pasado creció en medio de unos conceptos pedagógicos en donde los padres y los maestros constituían la máxima autoridad, y no era posible discrepar, discutir sus posiciones. La información y los análisis los hacía el maestro y era imposible contradecirlo. A ello habría que añadir el hecho de que la conducta estaba determinada por una ética autoritaria, religiosa, en donde se tenía claro que, si no se actuaba de acuerdo con los principios religiosos, vendría a producirse un severo castigo al final de la vida. Es decir, el comportamiento estaba mediado por el miedo a un castigo, pero no por el respeto a sí mismo y a los otros.

Llegaría el momento en que la ética autoritaria fue desplazada, las clases de religión, lo mismo las de cívica de las aulas y el resultado lo estamos viendo claramente: en la medida que esas figuras de algunas “almas” quemándose en el Purgatorio, fueron despareciendo, y todos aquellos personajes castigadores: Patasola, Mandinga, Satanás, entonces la política del “vivo” se vio reforzada en la medida que se busca la ganancia, el beneficio, sin importar si se hace daño al otro.

Al mismo tiempo, no aprendimos a dialogar, a escuchar, sino, como dice Krauze, a vociferar y a querer imponer nuestros puntos de vista, y en muchos casos, a desaparecer al “otro”.

Se hace necesario entonces, insisto, el diálogo, porque son muchos los aspectos que se plantean, de los movimientos de izquierda y de derecha, que son posibles de conjugar, de coexistir.