29 de mayo de 2022
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Lejos de la intromisión

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
18 de diciembre de 2021
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
18 de diciembre de 2021

En múltiples sectores sociales es factible observar el grado de arraigado de la intromisión en asuntos particulares, familiares y laborales que, en la mayoría de las situaciones, concluye en un conflicto más hondo que lo regular. Ir cada uno por su lado dista mucho del derecho a la intimidad y a la moderación propia; puesto que adquiere la condición de sanidad mental, madurez emocional y armonía interior.

El valor reservado en sí mismo a la discreción aporta más que la ligereza de palabra, la impulsividad, la prevención y el hablar a borbotones de eventuales problemas, desconociendo que el otro escucha desde la perspectiva propia de los prejuicios e intereses individuales.

Por regla general, no se puede decir todo de una vez, sin filtro ni prospectiva de las consecuencias que producirá cada vocablo o acto irreflexivo. Dicho y hecho, no existe manera de volver atrás para enmendar la desgracia ocasionada por apartarse de la sensatez. El ambiente hostil creado en una empresa a causa del rumor infundado, el desprecio familiar debido a discusiones de pareja e infidelidad; y los actos de intolerancia entre vecinos, nunca finalizan bien a medida que aumenta el apetito de mediación.

Tomar partido en circunstancias de carácter personal, cualquiera que sea el origen de la desavenencia, lejos de mejorar las cosas acaba por atizar el fuego del desatino; aunque a nadie le amarga un dulce, este termina untando la susceptibilidad del ofendido. Es mejor no meterse en altanerías.

No confundir la sana decisión de vivir alejado de los apuros de los demás, con una posición egoísta e indolente. Las riñas, las injurias, los insultos, las humillaciones y las desuniones en virtud de las mutuas agresiones; causan graves daños sociales, económicos, morales y de salud mental. El axioma es contundente: por poco, el redentor sale crucificado.

Resulta muy difícil aplicar la facultad de la doble vista, tanto para los logros como para los fracasos. Mientras más tiene, más discreto, en ambos sentidos del contexto existencial. Es mejor apartarse a tiempo de una comunicación sesgada y huir de la falsa necesidad de contar todos los pormenores de los pasajeros beneficios. Por eso, el valor de la expresión “mira a quién se lo cuenta o se lo dice”.

No vale la pena entrometerse ni alardear delante de terceros. La vida se observa detrás del velo de dolor o de frente a la ponderación. A fin de cuentas, importa comportarse de acuerdo con un orden determinado y un sentido de integridad.