16 de mayo de 2022
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La comunicación es vida.

19 de diciembre de 2021
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
19 de diciembre de 2021

La beligerancia verbal se convirtió en un factor común, en la vida moderna. Y lo más grave es que ya es una conducta consuetudinaria en actividades públicas, como la política.

El clima sube especialmente en las épocas preelectorales y en plena campaña, porque para la mayoría de los políticos el fin justifica los medios y como muchos no tiene ideas serias y concretas para convencer y superar a sus oponentes de turno, ya sea en cuerpos colegiados o en las campañas para elegir  gobernantes, entonces recurren a un arma que es valiosísima, como al palabra, pero desafortunadamente abusan de ella y la mal utilizan.

El escritor norteamericano Anthony Robbins manifestó alguna vez que “La forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestras vidas. ”

Desde muy pequeño he sentido el valor de la palabra, de la buena comunicación y con mayor razón ahora después de completar una buena cantidad de años en la actividad del periodismo profesional

Si fuéramos conscientes que la energía liberada en cada palabra que emitimos no sólo afecta a los demás, sino también a nosotros, empezaríamos a cuidar más lo que decimos.

Es increíble esta carrera loca a través de las autopistas digitales para decir primero algo, que en muchas ocasiones resulta falso.

Como se da rienda suelta a las bajas pasiones creando mensajes que no son ciertos para sacar ventajas personales y muchas veces para defender lo indefendible. Esos vulgares debates políticos cargados, no de argumentos, pero sí de toneladas de odio.

En fin, el uso inadecuado de las redes sociales, cuando son un excelente medio que se debe aprovechar para emitir solamente mensajes edificantes.

Los antiguos esenios estaban convencidos del poder de la oración, el verbo y la palabra. Ellos utilizaban la energía del lenguaje que se transmitía con el pensamiento, la emoción y el sentimiento, para exteriorizar en la práctica la calidad de vida.

Uno da lo que tiene, o sea que es todavía más preocupante, por la cantidad, el número tan alto de cafres que abusan de sus conocimientos tecnológicos para engañar a las personas, maltratarlas y en la mayoría de esas situaciones sin encontrar ninguna respuesta en las autoridades.

En el antiguo Oriente utilizaban el mantra, los rezos, los cánticos y las plegarias con un objetivo claramente establecido, como técnicas para materializar estados internos y programar, de una forma poco valorada por nosotros actualmente, pensamientos, deseos, previamente establecidos.

Después de muchas investigaciones, científicos, rusos concluyen que el ADN puede ser influido y reprogramado por palabras y frecuencias. Solamente el 10% de nuestro ADN se utiliza para construir proteínas, y este pequeño porcentaje del total que compone el ADN es el que estudian los investigadores occidentales y el otro 90% es considerado ADN chatarra. Sin embargo, los investigadores rusos, reunieron a lingüistas y genetistas -en un estudio sin precedentes-, para explorar ese 90% de ADN chatarra.

Los resultados arrojaron conclusiones increíbles; de acuerdo con dichos estudios, nuestro ADN no sólo es el responsable de la construcción de nuestro cuerpo, sino que sirve como almacén de información y para la comunicación a toda escala de la biología.

Los lingüistas rusos descubrieron que el código genético, especialmente en el aparente inútil 90%, sigue las mismas reglas de todo nuestro lenguaje humano. Hicieron una comparación de las reglas de sintaxis – correcta construcción de las frases y la semántica – significado de las palabras – y las reglas básicas de la gramática y así descubrieron que los alcalinos de nuestro ADN siguen una gramática regular y tienen reglas fijas, como nuestros idiomas.

Existe una capacidad demostrada del poder curativo de la palabra que puede afectar la programación del ADN. La salud podría conservarse indefinidamente si nos orientamos en pensamientos, sentimientos, emociones y palabras positivas, creativas, bien intencionadas.

Por todo lo anterior estoy convencido que no solo el pensamiento positivo, sino la comunicación permanente transmitiendo mensajes de optimismo dará mucho mejores frutos, que si nos dedicamos a renegar todo el día de la actual situación del mundo.

Propongámonos leer y transmitir mensajes, positivos, buenos, útiles. Compartamos los temas edificantes y evitemos este suicido inmaterial, al cual no acercamos cada vez más.