20 de mayo de 2024

La ciudadanía juvenil

13 de diciembre de 2021
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
13 de diciembre de 2021

Definitivamente la juventud no cree ni en ella misma. Los Consejos Municipales de Juventud, creados por la Ley 1622 de 2013, es otro mecanismo autónomo de participación ciudadana, que busca la concertación, vigilancia y control de la gestión pública e interlocución de los adolescentes y jóvenes ante los entes municipales y territoriales del país. En cumplimiento del calendario electoral, se llevaron a cabo el pasado 5 de diciembre y se constituyeron en las primeras elecciones a las que fueron convocados los jóvenes entre los 14 y 28 años, razón para haber despertado tan grandes expectativas. Este proceso, nacido en la Ley Estatutaria de Juventudes, no solo permitió la elección de menores de edad, sino que introdujo la lista cremallera en la que hombres y mujeres ocupan puestos alternos, quiere decir, que si la encabeza una mujer, debe seguir un hombre o si es un hombre el que la encabeza, debe seguir una mujer, debiendo igualmente ser listas cerradas, como única forma posible de preservación de los partidos. La prevalencia de temas como la educación, pública y gratuita, de emprendimiento, cambio climático y medio ambiente, derechos humanos y paz, discusiones de género y diversidad asociado a la comunidad LGBTIQ y el de la empleabilidad, cuya importancia cobró inusitada fuerza con la pandemia, son temas que los jóvenes ponen sobre la mesa para buscar una concertación amplia, constituyéndose en verdadero aporte de cultura democrática y de administración pública. Pasada la jornada electoral y conocidos sus resultados, la desilusión no pudo ser mayor. Los jóvenes, protagonistas indiscutibles del estallido social de comienzos de año, de inmenso impacto en la vida socioeconómica del país, que reclamaban ser escuchados y atendidos por el Estado, a quien señalaban de posponer, una y otra vez sus apremiantes necesidades, esos jóvenes, que en forma violenta protestaban por no ser tenidos en cuenta en el perfeccionamiento de políticas públicas, menospreciaron la oportunidad constitucional de ser artífices de la construcción de un nuevo país, al no concurrir masivamente a este certamen democrático. Según los datos electorales, un millón de jóvenes atendieron el llamado que, para algunos es importante, no para quienes como nosotros lo consideramos un fracaso rotundo, pues, una abstención rayana en el 90%, superior a la de elecciones de Congreso, con 1.144.313 votantes, frente a 12.282.273 de jóvenes habilitados para votar, escaso 10%, nos dice de forma clara que no hubo interés alguno en buscar un cambio para sepultar el clientelismo, la corrupción y la politiquería. Igualmente, se constató que en el 33% de las mesas no estaban los cuatro jurados designados por la Registraduría. Pensando en las elecciones del entrante año, quienes creen que los jóvenes por su postura y rebeldía van a propiciar un cambio con su participación en las elecciones de congreso y presidente en el 2022, tienen en los resultados de las votaciones de los Consejos Municipales de Juventud, una prueba clara de su desinterés, bien por no creer en las instituciones, cuál más permeada por la corrupción, o bien, porque la juventud, asumiendo posturas contestatarias, participa más de las protestas que de las elecciones. De todos modos, el país nacional ve perplejo, como se acerca la fecha de la elección presidencial sin que haya una voz aglutinante ante el delirante sueño de quienes integran la interminable lista de los que aspiran a gobernarnos. Entre tanto, Petro teje su Pacto Histórico.

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