21 de mayo de 2022
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¡Hola Crack!

5 de diciembre de 2021

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Inspira admiración Luis Díaz, por sus cualidades futbolísticas.

Perfuma el futbol con su innata habilidad, su destreza para escapar de marcas rústicas con gambetas a veces imposibles y su letalidad en la red, con  goles que incendian porterías, humillan defensas y alientan los elogios.

Su talento, infrecuente en el futbol actual, lo identifica. Tiene velocidad y frenos que quiebran cinturas y descuadran rodillas mientras se mecen sus caderas en frenético baile.

Explora mil maneras de salir de un acoso, por la rigidez de los esquemas defensivos; obedece a sus estímulos naturales, porque su futbol es tan propio de las barriadas, donde los chicos, con naturalidad, fabrican sueños.

Es un futbolista diferente que lleva con aplomo el paso a paso de su carrera, esperando con paciencia el gran salto que lo eleve a la élite europea.

No ha sucumbido al personaje que inventa la prensa ni ha invalidado su progreso por las corrientes afectivas interesadas, aduladoras, que engordan egos y con placer destruyen ídolos.

No se ha «enfermado de importancia» ni se ha convertido en un vanidoso insoportable, como ocurre con figuras del futbol que viven en las nubes.

A veces le sobra un regate porque corre con alas, dándole efectos al balón en sus demoledores recorridos, con la cabeza llena de fantasías, las que evitan que el futbol muera de tedio.

O le falta un pase, o se le esconde la portería.

Pero tiene la libertad con inventiva en un reto en progreso con su club, el Porto, que siempre quiere títulos o la selección Colombia, en su búsqueda de un tiquete a Catar, donde lo espera la gloria.

Pero no podemos perder, frente a él, las proporciones del elogio, aunque oportuno es resaltar su constante crecimiento.

Se sabe que juega con ventaja por el arte en sus piernas, pero no es un nuevo Pelé, ni un Messi, ni un Neymar ni un Mbappé. Tampoco es Chaplin o Einstein, ni llega aún al nivel del James de hace algunos años.

Su encanto no puede subrayarse desde la orgía de superlativos, que prostituyen a un ídolo desde los medios.

A la hora de los balances, parece el futbolista del año, con análisis a su campaña desde los números, la influencia en su club y su selección, el impacto ante el pueblo y sus goles de “otro futbol”, como aquel de chalaca ante Brasil, que espera premios.

Es un Crack, Luis Díaz. Esteban J.