29 de noviembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Tertulia en el más allá

Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
13 de noviembre de 2021
Por Orlando Cadavid Correa
Por Orlando Cadavid Correa
Autodidacta. Periodista de largo aliento formado en la universidad de la vida. Destacado en cadenas radiales, diarios nacionales y co-fundador de medios como Colprensa y el diario digital Eje 21. Formador de buenos reporteros en Manizales, Bogotá y Medellín.
13 de noviembre de 2021

Si hay vida en el Más allá, deben estar entregados a un interminable coloquio político a la colombiana dos viejos amigos que no se veían hacía muchos lustros.

El cronista Iáder Giraldo dedicó 25 de los 50 años de su vida a hacerle un paciente y meticuloso seguimiento periodístico a la vida, pasión y músculo del doctor Alfonso López Michelsen, sin descuidar los otros deberes que le imponía su rol de principal redactor político del periódico El Espectador.

Considerado el tambor mayor de los “Gorilas” –la cuarteta de reporteros que se hizo famosa en los gobiernos de los presidentes Guillermo León Valencia y Carlos Lleras–, fue testigo ocular de los momentos estelares y también de los infortunios que vivió López entre 1957, año de su irrupción en la escena política, como fundador del MRL, y 1982, año en el que lo derrotó Belisario Betancur al buscar su reelección presidencial.

El agudo diarista murió en el quirófano cuando iba a ser sometido a una operación de corazón abierto en una clínica capitalina dos años después del revés lopista, en su natal Bogotá, al cumplir la media centuria de existencia. El sin tocayo había oficiado en la campaña perdedora como director de comunicaciones, el mismo cargo que tuvo en la campaña ganadora Alberto, el otro Giraldo del “Gorilato”.

El experto “lopólogo” escribió centenares de cuartillas sobre la presencia del delfín de la Casa López en el quehacer partidista que con el paso del tiempo se convirtió en el último de los grandes jefes del liberalismo, como lo definió uno de los panegiristas de la prensa nacional.

En la fecunda producción de Iáder aparecen crónicas, reportajes y columnas de opinión que abarcan, entre otras, estas facetas: a) López, Compañero-jefe del Movimiento Revolucionario Liberal. b) López, primer gobernador del Cesar y canciller de Colombia. c) López y la unión liberal. d) López, presidente electo. e) López, ex presidente.  f) López y el contraste de su pretendida reelección.

Alfonso López

Cuando López, como jefe del MRL, pactó la unión liberal con el entonces presidente Lleras, le dijo a Iáder a propósito de los inconformes que lo cuestionaban por haberse ido para las toldas liberales cuando ese partido empezaba a desmoronarse: “Claro que no todo el mundo está conforme con mis apreciaciones y yo respeto la posición de quienes no quieren seguirme. Del mismo modo que dejé en manos de la llamada línea dura la razón social de ‘La Calle’ –que estaba registrada a mi nombre– para combatirme, dejo la sigla de MRL –que también se acreditó con el concurso de muchos compañeros– para que las sigan usando, si es necesario, en contra mía. En realidad, mi aporte a la unión liberal son los ‘lopistas’, entendiendo por tales, no a los amigos de mi persona, sino a los que estamos unidos por un estilo político inspirado por las enseñanzas del viejo López”. Al cerrar su entable revolucionario, López siempre sostuvo que la reconciliación se celebró con matrimonio previo.

Vinieron en orden cronológico la gobernación del Cesar, el ministerio de Relaciones Exteriores y la presidencia de la República, gestiones sobre las que todo ha quedado dicho.

Amigo de ajustar cuentas con sus contradictores por la vía del sarcasmo, López dijo de manera punzante, una semana antes de entregarle el poder a Turbay, que se había comprometido con sus más leales amigos a no salir del Palacio de San Carlos, sede de la presidencia, a fundar una revista para sacarse clavos contra los críticos de su gestión –tras calificar de “resumideros de rencores” los semanarios “Nueva Frontera” y  “Guión”, que orientaban sus antecesores Lleras Restrepo y Pastrana Borrero–, y que estaba dispuesto a recibir en el desván de su casa el tratamiento de “mueble viejo”  reservado para los ex presidentes de la República.

Giraldo jamás pasó por alto la formación humanística del jefe del “Mandato Claro”, de cuya nómina diplomática formó parte en Sofía, Bulgaria. En una de sus crónicas dijo que en la entrega de un premio de poesía al bardo nadaísta Jotamario Arbeláez quedó demostrado que difícilmente se encontraba en la vida colombiana talento más versátil, más ecuménico y más activo que el de López, quien en su intervención puso énfasis en la poesía de Julio Flórez, cuyos versos estaban poblados de cadáveres y de lágrimas.

La apostilla: Iáder Giraldo, el “Gorila” mayor, solía recordarle a los emerrelistas que se quedaron sin compañero-jefe por culpa de la unión liberal, que el doctor López decía muy sabiamente en sus épocas de revolucionario que al MRL lo único que le hacía falta era tener un ex presidente para los afiches.