27 de enero de 2022
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¿Quién le teme a Sergio Fajardo?

28 de noviembre de 2021
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
28 de noviembre de 2021

Le preguntaron a Mahatma Gandhi, cuál era el obstáculo más grande con el cual se enfrentaba el ser humano. Su respuesta fue contundente: “El miedo”.

No puede extrañar entonces que la pedagogía del siglo pasado se fundamentó en el miedo y de esa manera aparecieron seres extraterrestres y otros más cercanos que nos infundían miedo como Satanás, Mandingas, Brujas, Patasolas y un zoológico completo de seres que paulatinamente fueron desapareciendo.

Al mismo tiempo, era frecuente encontrar en los hogares con fuerte tradición religiosa, unos cuadros que adornaban la sala en donde aparecía un “alma en el purgatorio”, en medio de unas enormes llamas. Se trataba del castigo para aquellos que trasgredían las normas.

Pero si bien, fueron poco a poco desapareciendo esos seres del terror, debido entre otras cosas a la llegada de la luz eléctrica, que según me decía un campesino, fue el factor para que muchos “espantos” desaparecieran, en la actualidad se recurre al miedo, ya no en referencia a seres extraterrestres, sino a fenómenos sociales, económicos o políticos.

Hace ya varios años la figura de Venezuela debido a la crisis en que se encuentra debido a visiones políticas y económicas equivocadas, sin duda, se ha tomado como referencia por algunos sectores políticos para dar el mensaje en el sentido de que, si no votan por ellos, llegaremos a convertirnos en otra Venezuela. De esa manera queda claro que, si no hay continuidad en lo que podríamos llamar un país que padece una enorme inequidad, concentración de tierra, pobreza y corrupción, seguiremos “por los siglos de los siglos…” padeciendo de las mismas enfermedades.

En la medida que aparecen voces que señalan otros caminos, otros horizontes, que no comulgan con las políticas de nuestro vecino país ni con las que se han venido agenciando desde siempre, entonces a la descalificación, a las acusaciones infundadas, con el fin de frenar la llegada al poder de unas fuerzas de centro que dirijan el Estado por unos caminos libres de corrupción y en donde pueda existir la pluralidad, la libertad de opinión y sobre todo, el claro concepto de que los cambios en una sociedad, en un país, no se pueden decretar e implementar de la noche a la mañana como pretende uno de los candidatos presidenciales.

El miedo entonces, es explicable en los sectores tradicionalmente corruptos que ven en Fajardo la opción de un ejercicio político transparente.