30 de mayo de 2024

¿Por qué sube el dólar?

18 de noviembre de 2021
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
18 de noviembre de 2021

Adam Smith es considerado, por mucho, como el padre de la teoría económica clásica. De origen escocés, acuñó su nombre para la posteridad mediante su trabajo titulado “La riqueza de las naciones” publicado en 1776.  A este documento se remonta la primera utilización de la expresión “ley de oferta y demanda” que posteriormente comenzó a popularizarse con las obras de James Steuart Denham, David Ricardo y Alfred Marshall. Esta ley es hoy una realidad en las economías de libre mercado dado que en los modelos económicos liberales que existen actualmente, los precios fluctúan de manera libre para encontrar la cotización que se adapta a la realidad que corresponde al precio medio entre lo que algunos están dispuestos a comprar y otros dispuestos a vender. Así de simple.

La “ley de oferta y demanda” se aplica para todos los procesos de compraventa actuales: bienes raíces, alimentos, transporte, recreación y, desde luego, divisas. Nos hemos habituado a la fluctuación del dólar que de manera general ha estado presionada al alza. Algunos días cae levemente para después levantarse con fuerza. La situación vuelve a tornarse preocupante.

La moneda verde inició el año 2020 (pre – pandemia) bajo una cotización de $3.277 y el día 20 de marzo de esa misma anualidad alcanzó el precio más alto de su historia ($4.153). Para esta fecha nuestra economía se encontraba totalmente paralizada, la destrucción del empleo era una realidad palpable, las fronteras estaban completamente cerradas y no se conocía una posible vacuna que permitiera ver la luz al final del túnel. Esta mezcla de desafortunados eventos mantuvo su precio bajo presiones alcistas durante los primeros meses del año anterior. Sin embargo, durante los últimos meses de ese calendario vimos disminuir la cotización hasta niveles de 3.400 pesos por cada dólar, precios muy similares a los anteriores a la crisis sanitaria.

Pero algunos mezquinos, tan pequeños en su corazón como su propia visión de país, no dieron tiempo para que Colombia retomara su senda de crecimiento y se empecinaron en destruir lo que se había logrado. Con mentiras promovieron marchas, protestas y utilizaron justas reivindicaciones sociales como un pretexto para destruir la confianza inversionista en nuestra patria y enterrar nuestros sueños de recuperación para que ellos – los causantes del desastre – se erigieran posteriormente como los salvadores de la nación. ¿Cuántas falacias se escucharon de quienes se pregonaron como defensores de la verdad y el amor? Mientras sus ideas eran promovidas con corazones multicolores, sus argumentos encendían el odio en una multitud que reclamaba justamente por sus sueños.  Consientes que la destrucción también acarrea réditos políticos, produjeron que Colombia perdiera su grado de inversión, tumbaron la propuesta de reforma tributaria, impulsaron una agenda de bloqueos sostenidos y fue troya: nuevamente se disparó el dólar.

Hoy la divisa norteamericana acaricia los 4.000 pesos. Su precio parece inmune a los logros alcanzados en materia de vacunación, a la reactivación económica, al crecimiento sostenido que se acerca al 10%, a los nuevos anuncios de inversión extranjera, a los días sin IVA, al estímulo al consumo, a las reformas estructurales al Estado Colombiano, al incremento de las regalías como consecuencia del aumento en los precios del petróleo, al mayor número de remesas que recibe nuestra economía, al aumento del PIB, al incremento en el recaudo tributario, etc., etc. El precio actual del dólar parece insensible con las buenas noticias que registra nuestra economía. Su valor se soporta sobre un montículo inquebrantable de oferta y demanda pues cada día son mas las personas que quieren sacar su dinero de Colombia antes que traerlo. La razón: La incertidumbre ante un posible gobierno de izquierda.

Si estos son los resultados de una larga campaña política que lleva varios años, no quiero imaginar lo que sería un gobierno de corte populista durante un cuatrienio. Nos ahogaríamos en la incertidumbre y perderíamos lo logrado con el sudor de todos los colombianos durante los últimos gobiernos. Probar la demagogia del socialismo en el gobierno es un veneno que terminará descomponiendo todo nuestro sistema. Un lujo que no nos podemos dar.

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