28 de enero de 2022
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Origen de la prensa en Manizales

15 de noviembre de 2021
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
15 de noviembre de 2021
 (Serie de cartas dirigidas al lector, escritor, abogado  y ejecutivo Pablo Felipe Arango, fundador de la librería Libélula, columnista de Eje 21, El Andino, Cola de Rata,  sobre historia de la prensa, a raíz de los 100 años de La Patria)

 Pablo Felipe.

Tu continua escritura literaria en varios medios, tu encarnación en los libros como lector y librero, nuestro mutuo conocimiento que ya viene de años, la madrugada curiosidad por estas cartas y tus frecuentes preguntas por personajes y hechos del pasado manizaleño, al que estamos anudados desde la sangre, te hacen destinatario ideal para un buen número de ellas.

Por sobre la cronología, son las conversaciones con viejos personajes desaparecidos, la memoria, las notas que me restan de antiguas investigaciones, y sobre todo, las asociaciones que a veces nos sorprenden a nosotros mismos o se evaden de momento, las que han impelido esta reconstrucción de lo que ha sido el periodismo, y quiénes los personajes que más incidieron en su influencia y sello propio.

He mencionado muchas publicaciones y varios periodistas de los primeros setenta y cinco años de vida de la ciudad, sin la estricta sucesión, sino por otros elementos que los encadenan. Se debe tener en cuenta que solo en el último cuarto del siglo XIX, apareció una veintena de diferentes títulos, y en los primeros veintiún años del siglo XX, otro centenar de nuevos periódicos,  antes de la fundación de La Patria, que fue la fecha motivadora.

Así es que volver al comienzo de la media centuria de expresión periodística, de nuestra todavía pequeña ciudad, nos es útil para ligar las discontinuidades, rescatar de olvidos, recuperar los nombres y repasar otros decisivos de esos años, orientado a situarnos de nuevo en el punto de partida.

Los primeros cinco periódicos de la historia de  Manizales fueron  El Ruiz 1874, Boletín de Guerra 1877, La Serenata 1878, La Frontera 1878 y Ecos del Ruiz 1880.

Llevan años publicados varios ensayos, en los que hice  alusión al alterado período político en el que surgieron, en pleno dominio radical, como que el 1 de abril de 1874, se había posesionado de la presidencia don Santiago Pérez, y que algunos habitantes oyeron vocear El Ruiz la primera vez, en la mañana del  21 de septiembre.

A un cuartillo por ejemplar, como que alcanzó a vender en su primer número “cuartillo y medio”, según grafica expresión de don Cipriano Botero que cita el padre Fabo, simpática burla que no debió ser cierta, y aunque lo hubiese sido, la verdad es que el  sorprendente adelanto intelectual de los manizaleños, por las escuelas y colegios fundados, y el contenido literario, informativo  y variado de ese pequeño formato,  atrajo a muchos de los 12.000 habitantes con que contaba.

Lo fundó don Alejandro Restrepo Restrepo, de Abejorral, quien después de estudiar en Medellín, se trasladó a Manizales, y fue  el ciudadano que pudo con los alambres telegráficos traídos en 1870 por Mr. Edward Nicholls. También este   primer telegrafista, autodidacta de la jurisprudencia, la que ejerció, era hermano del autor del extenso libro La Iglesia y el Estado (1885), Juan Pablo  Restrepo, en el que se exponen las críticas relaciones que se dieron en el siglo XIX entre las dos potestades.

Don Alejandro,   a poco de estar aquí, trajo la primera imprenta, en 1873, en la que realizó los trabajos que le llevaban, aprovechando la habilidad de Jesús María Arango, “un negro culto, simpático, de buenas maneras  y muy consagrado”, que inclusive escribió algunas veces en El Ruiz. No sobra anotar que ni en el territorio en el que se levantaron las casas primigenias en Manizales, ni en los cercanos, se encontró huella de esclavitud alguna.

Los mejores escritores del Estado, publicaron ahí. La protopoeta Agripina Montes del Valle  y su esposo el maestro Miguel del Valle, a quien todo el mundo llamaba “Vallecito”; el vate Epifanio Mejía; el médico Dionisio Uribe Santamaría; el obispo de Antioquia Joaquín Guillermo González;  don Juan José Botero, novelista y gracioso autor de Vuélveme gato y A un  tamal. Entre lo más atractivo y novedoso para los lectores, lo constituyó la crítica que se hizo a la presentación de la Compañía lírico-dramática española de José Zafrané, cuya visita a la pequeña ciudad, señaló el segundo acontecimiento  de la historia teatral de Manizales. La sarcástica frase del director de la obra para con el público y la reacción crítica de El Ruiz,  crearon polémica.

La adquirida por el señor Restrepo era una prensa pequeña  que poseía el poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González, y según se decía, llegó a Antioquia merced a los jesuitas que la introdujeron en la época colonial. Queriendo mejorar su empresa adquirió la imprenta “Washington” y un buen número de tipos por compra que le hiciera el rionegrino Atilano Rodríguez.

Vino la guerra de 1876, en la que sucedieron tantos hechos en Manizales, que don Luis Londoño llegó a decir a “así como aquí termino, aquí tuvo su origen”. En ese año, convertida por las circunstancias y por su fertilidad, en la despensa de las fuerzas en pugna, de lo que dejó testimonio el escritor Max Grillo – que niño vivía en los alrededores-, fue elevada a la categoría de capital de la provincia del Sur de Antioquia y en consecuencia pasó para ella el asiento de la prefectura.

Salía la publicación semanal, hasta que en pago a contribuciones de guerra, en la que se había enrolado, le son expropiadas las prensas a don Alejandro en 1877. Aquellas dos hojas de pequeño formato se silenciaron. Pero dieron impulso inicial a una gran tradición periodística y cultural.

Don Alejandro Restrepo siguió actuando, tanto, que fue apresado el 19 de enero de 1879, con don Pablo Jaramillo y don Silverio Arango, a quien quebraron las “juntas de cobro” impuestas,  junto con otros. Más tarde, Restrepo fue Prefecto de la Provincia en 1890,  General como muchos en las guerras, Secretario de Gobierno de Antioquia en la gobernación de don Alejandro Gutiérrez y en la del general Marceliano Vélez. Terminada  la guerra de los Tres Años, regresó a vivir a Manizales, en la que por haber sido el fundador de su periodismo, mantiene su nombre presente entre nosotros. Cómo no decirte que hojeé morosa y deleitosamente, los números de El Ruiz, en preciosa encuadernación verde, correspondiente a su formato de 16 mm. Fue por los años setenta del siglo pasado. Lo conservaba  Mauricio Calderón, de los tesoros heredados de su abuelo, don Tomás, que elaboró sobre las fuentes, la charla con contemporáneos y su memoria,  que fue mi método para pretéritos trabajos, una invaluable historia del periodismo. El precioso tomito con ese rico tesoro, lo quiso obsequiar mi amigo al doctor José Restrepo Restrepo. Fui testigo de su gesto. La valiosa joya hemerográfica empastada, debe reposar en la biblioteca de algún descendiente. Entre las muchas propuestas que hice a los oídos sordos, ignorantes o indiferentes de los que  politizaron la cultura, antecedida con un estudio socio-histórico, estuvo la edición facsimilar de El Ruiz.

Termino haciéndole justo homenaje a don Manuel Isauro Echeverri Londoño, quien con su imaginación y arte, trazó el plano con las 440 manzanas que como un tablero de ajedrez, componían el Manizales de los primeros 75 años. Pero para estas notas, como lo fue para todos los que han investigado este tema, fueron fundamentales la ordenación, la clasificación por “clases y tendencias”, y la guarda que hizo de los periódicos que hasta esa fecha, se habían publicado en esta ciudad.

Aprovechó juiciosamente el cargo de director de la oficina de Estadística Municipal, en 1924, en hacer esa tarea, de la que se sirvió el Padre Fabo para su historia, y así lo reconoce. Mi preocupante intención, al recordar agradecido a don Manuel Isauro, desconcertado con  nuestro sentido de la historia, es que leí  en la sección de “Hace…” 25 o 50 años del diario local, hace creo otros tantos, que el señor Echeverri donaba a la Biblioteca Municipal de entonces, la colección de los periódicos antiguos, y aplaudían su aporte a la historia regional. He sido testigo de tantos estragos, deliberados o no, al patrimonio mnémico de Manizales, que ha de ser uno de los capítulos tristes de este recorrido.