29 de noviembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Por José Miguel Alzate Manizales, una ciudad que surgió gracias al cultivo del café

15 de noviembre de 2021
15 de noviembre de 2021

El pasado 12 de octubre Manizales cumplió 172 años de fundada. Esta es una oportunidad para volver sobre su pasado histórico, para hablar de sus primeros años de vida administrativa, para recordar pedazos importantes de su historia, para hacer mención al proceso de colonización, para traer a la memoria cómo fue su desarrollo industrial. Aprovechando, pues, esta efeméride, hablaremos sobre cómo fue la fundación de la ciudad y, sobre todo, qué significó el cultivo del café en su consolidación como polo de desarrollo. Esto con el propósito de contarles cómo creció Manizales, quiénes hicieron posible su fundación, cuáles fueron las primeras empresas que aquí se establecieron.

La persona que abrió la ruta para llegar hasta los terrenos de lo que hoy es Manizales fue Fermín López. Llegó en 1834. Venía de Salamina. Buscaba un pedazo de tierra que no estuviera sujeta a la voluntad de los propietarios de la Sociedad González, Salazar y Cía, herederos de José María Aranzazu, el hombre a quien la corona española le otorgó en 1801 la concesión sobre estas tierras. Creyendo que los tentáculos de la compañía que manejaba Elías González no llegaban hasta acá, este colono desmontó el terreno para levantar su vivienda en un paraje de San Cancio. Pero al darse cuenta de que hasta aquí se extendía el dominio de la sociedad, se fue hacia el sur. Entonces fundó a Santa Rosa de Cabal.

La fundación de Manizales tiene lugar el 12 de octubre de 1849. Para fundarla, en nombre de los colonos Marcelino Palacio eleva ante la Asamblea de Antioquia la solicitud para crear el Distrito Parroquial. La iniciativa fue presentada el 16 de septiembre de 1849, aprobada el 1 de octubre de ese año y, finalmente, sancionada el 12 de octubre por el entonces Gobernador de Antioquia, Jorge Gutiérrez de Lara. Manuel María Grisales y Joaquín Antonio Arango lideraron el grupo de colonos que hizo posible la cristalización de un sueño: fundar un pueblo. Ese pueblo es esta ciudad que cumplió el pasado 12 de octubre 172 años de haber sido fundada. Su primer alcalde fue Antonio Ceballos. Asumió el 1 de enero de 1850.

A golpes de hacha, derribando montañas, sometiendo a la naturaleza, enfrentándose a las dificultades del terreno, hombres intrépidos hicieron una pequeña explanada por los lados de lo que es hoy el Parque de Bolívar. En ese sector se fundó Manizales. Y desde allí se generó el desarrollo de una ciudad que Antonio García describió como «la más importante del sur de Antioquia» debido a que fue levantada en un cruce de caminos que facilitaría la comunicación entre el Estado Soberano de Antioquia y los Estados del Tolima y El Cauca. Desde entonces esta ciudad que en los años veinte padeció dos incendios que arrasaron su sector céntrico empezó a escribir páginas gloriosas en su historia.

 

Manizales es fruto de la colonización antioqueña. Arreando mulas cansadas, hombres con indumentaria campesina, con un carriel de nutria colgado al hombro, un machete al cinto y un azadón en la mano, dieron inicio a la gesta fundacional. Esos hombres que descuajaron montañas nunca se imaginaron que, años después, ese pedazo de tierra que ellos empezaron a colonizar se convertiría en el epicentro de un proceso poblacional que la convirtió, gracias al espíritu emprendedor de sus habitantes, en una urbe pujante que superó las dificultades topográficas para proyectarse como punto de desarrollo comercial. El cultivo del café posibilitó su crecimiento demográfico.

Puente de arriería en Pensilvania y que en el caso concreto de Manizales desaparecieron con el correr de los años.

Hoy, 172 años después, esta ciudad que al decir del maestro Eduardo Carranza tiene un nombre que significa juventud, continúa su itinerario de progreso como prueba de la pujanza de una raza que descuajó montañas para fundar pueblos. De aquel poblado pequeño que dos años más tarde, en 1851, cuando se realizó el primer empadronamiento, contaba apenas con 2.789 habitantes, se llegó a la urbe mediana que 172 años después tiene cerca de 400 mil pobladores. Su desarrollo urbanístico despierta el interés de los estudiosos del tema demográfico. Porque les parece tarea de titanes que sobre estas lomas se haya levantado una ciudad que hoy es ejemplo de desarrollo con calidad de vida.

El cultivo del café fue importante para que Manizales lograra tener presencia en el panorama económico nacional. Veintiún años después de fundada la ciudad, en 1870, surgieron las primeras plantaciones del grano. Para ese año Marcelino Palacio y Manuel María Grisales, dos de los fundadores, realizaron siembras importantes en sus fincas «Sebastapol» y «La Playa». Como los mercados internacionales empezaban a abrírsele al producto colombiano, las exportaciones comenzaron a generar divisas. Antonio Pinzón, propietario de la finca El Aguila, se convirtió en el mayor productor. En 1878 tenía sembrados en sus tierras más de 10 mil palos de café.

En los primeros años del siglo XX el café se convirtió en factor de desarrollo. Cafeteros como Pedro José Mejía Jaramillo, propietario de la finca La Manuela, y Eduardo Walker, que tenía extensos cultivos en su hacienda de La Cabaña, impulsaron la creación de empresas comerciales. En 1881 Alejandro Gutiérrez, Pedro Uribe Ruiz, Manuel Grisales y Antonio Pinzón crean el Banco Industrial de Manizales. Diez años más tarde, en 1891, se creó el Banco de Manizales. A este le antecedieron el Banco Prendario y el Banco de Depósitos. Estas fueron las instituciones que manejaron las divisas que generaban las exportaciones del grano.

¿Fue el café factor determinante para la industrialización de Manizales? ¡Sí! Porque la ciudad se convirtió, de pronto, en sede de las mejores trilladoras de la región. La primera, de mover a mano, traída por Pantaleón González, que funcionó en el sector de «El Arenillo», se instaló en 1894. Luego se establecieron las trilladoras «La Oriental» y «La Estrella». A principios del siglo, debido al incremento de la producción, se montaron las trilladoras «La Argentina», «El Porvenir» y «La Americana». Se crearon además grandes firmas exportadoras del grano como «Pinzón y Huth», «American Coffe Corporation», «Casa Inglesa de Jones» y «Alejandro Angel», que llegaron a ocupar más de dos mil personas en las labores de escogencia del grano.

La exportación de café permitió que Manizales mejorara su sistema vial. La apertura del camino de La Elvira impulsó la arriería. Las recuas de bueyes y mulas transportando todo tipo de productos eran inmensas. Había veces, incluso, en que se presentaban trancones en el paso de los animales. Este camino era más corto que el camino del Ruiz que había sido abierto a mediados de la década del cuarenta. Según el historiador Albeiro Valencia Llano en su libro «La dinámica colonizadora en la fundación de Manizales», la ciudad no disponía de la cantidad de animales que se requerían para la movilización de la carga que entraba y salía por este camino.

Hombres visionarios le han inyectado a Manizales, durante estos 170 años de historia, dinámica industrial. Primero fueron Francisco Jaramillo Ochoa, Carlos E Pinzón, Sinforoso Ocampo y Antonio Arango, que invirtieron los recursos que les dejaba la venta del café en crear empresas. Nacen así el Banco de Caldas en 1915 y el Banco del Ruiz en 1916. En 1919 se funda la «Empresa de Hilados y Tejidos de Caldas», que sería el antecedente histórico de «Tejidos Unica». En 1920 funcionaban en Manizales cuatro fábricas de chocolate: «La Cruz», «Luker», «El Rey» y «Vélez». Después llegaron, con sangre fresca, los azucenos. Estos inversionistas le dieron un nuevo aire industrial a la ciudad.

Como dato histórico es importante decir que era tanto el movimiento de divisas en Manizales que, en 1924, de los 3.348.182 dólares que le entraron al país, la tercera parte correspondía a los caficultores de la ciudad, que tuvieron ingresos por 1.127.240 dólares. Comparado con el presupuesto local, que era para ese año de 457.756 pesos, esta era una cifra verdaderamente alta. Ese dinero se irrigó, sin lugar a dudas, en la economía local. De allí que de ese pequeño pueblo que en 1928 recibió con júbilo la llegada del ferrocarril se haya llegado, en 170 años, a esta ciudad pujante que debido a su topografía quebrada venció dificultades para forjarse un camino de progreso. Han sido 170 años de esfuerzo titánico. 170 años construyendo una ciudad que le ha dado a Colombia lecciones de grandeza.

Escribo hoy sobre hechos históricos que le dan identidad a esta ciudad de tardes lluviosas que tiene en el Nevado del Ruiz un ícono para mostrar cómo es su paisaje. ¿Qué podríamos decir de una tierra que nos nutre con su savia? Muchas cosas. Sobre todo, que aquí vive una raza orgullosa de sus ancestros, formada en valores cristianos, que heredó de esa Antioquia grande que cantara Jorge Robledo Ortiz los atributos para mostrarse ante el mundo como tierra de gente emprendedora, preparada para construir futuro. No en vano sus fundadores desafiaron una topografía agreste para hacer de esta parcela de la patria un espacio geográfico con vocación de progreso.