27 de mayo de 2022
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Las corazas de la política

7 de noviembre de 2021
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Por Álvaro Rodríguez Hernández
7 de noviembre de 2021

La ley electoral sigue guardada mientras los partidos se siguen derritiendo en ausencia de verdaderos centros ideológicos. No hay ideología porque los extremos distorsionaron el centro.

Por eso, la misma ley, habilita a los candidatos fugados montarse en aventuras electorales propias, recogiendo firmas y para alargar su profundización de imagen o tener eco en lo medios de comunicación abiertos. Las firmas son una excusa por quitarse el peso de una marca electoral.

Igual, acontece con la financiación desbordada de las campañas. Competir es costoso. Inadmisible. Muchos compiten mirando para el páramo.

Ni qué decir de la hibridación de los partidos donde éstos se fracturaron por las ambiciones de Senadores y Representantes – no caza talentos – sino caza votos. Cada quien montó su propio rebaño. Les apuestan a los personalismos no al empaquetamiento electoral. No es extraño ver etiquetas diversas en la venta de sus productos electorales. El consumo no distingue la letra pequeña que ofertan como en bazar de pueblo. Es una receta para la gastronomía política con sazón donde te colocan varias salsas.

Otro entrampe poderoso es el de los umbrales. Se llega a una meta, pero no se cruza en ese invisible mundo que los separa de manera matemática. Sacas muchos votos, pero te quemas sino alcanza su partido, movimiento, alianza, el techo electoral exigido. Frena a mucha organización, pero coloca en entredicho la guerra interna de quienes compiten de manera desaforada por pelear sus propios votos.

Otro juego perverso: el de la inclusión. Mujeres, jóvenes, animalistas, LGTBI, deportistas, artistas, bajo el ancla de sus prestigios, arropando la escala electoral. Lanzados, muchos de ellos, al vacío de su imagen y del reconocimiento popular para arrastrar votación. Teloneros de la política en grande.

Lo grave es que botamos corriente esperando la tragedia de listas cremallera o las faldas subidas en el trapecio político ante la ausencia del poder femenino que reclaman. La mujer sigue sin participar. Los jóvenes, después de la alergia del paro y de primeras líneas y su empoderamiento, deben demostrar que están presentes pero en las urnas.

Ellos mismos están fatigados de muchas razones. A muchos, de quiénes hacen la política o tienen una militancia pasajera en un partido, tampoco es que les crean mucho. Los metales están fatigados por la corrupción, la apatía y porque el credo fue mal leído.

La polarización, se las encimaron en un extraño ritual de contaminación electoral.

¿Cómo van a votar los jóvenes? ¿La franja entre 40 a 60 años, en el radar, dónde se ubica? Cuántos de ellos, ¿confundieron el voto en ese galimatías electoral? Ojo con el movimiento pendular de Colombia.

La política tiene muchas corazas y lecturas diversas. El problema no es el quien da más.

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