28 de enero de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La paz se ha sido logrando a pesar de todas las vicisitudes que ha sufrido

28 de noviembre de 2021

Durante la semana que está terminando este domingo se llevó a cabo la conmemoración de los 5 años de la firma del Acuerdo del Teatro Colón  ̶ así, con mayúsculas ̶  con el cual se iniciaba la implementación de los compromisos adquiridos entre el estado colombiano, representado por el presidente Juan Manuel Santos, y las guerrillas de las FARC, para poner fin a un conflicto armado de medio siglo de existencia y acercar el país a un estado de paz y tranquilidad que, mal que bien, se ha sido logrando a pesar de todas las vicisitudes que ha sufrido.

FUERON MUCHAS LAS VECES QUE, AL FINAL, QUEDABA LA IMPRESIÓN DE QUE SE HABÍA LLEGADO A UN PUNTO MUERTO

La empresa no ha sido fácil. Fueron 5 años de conversaciones en La Habana. Sobre temas difíciles, con una guerrilla intransigente, empeñada en sacrificar lo menos posible del bienestar futuro de los guerrilleros y, sobre todo, de sus jefes, para el logro de una paz que era deseo general. Como lo confiesa el propio jefe de la delegación del gobierno en esas conversaciones, Humberto De la Calle, fueron muchas las veces en las que, al final del largo día de discusiones, quedaba la impresión entre los miembros de ambas delegaciones, de que se había llegado a un punto muerto, y que las negociaciones iban en un inevitable camino al fracaso. Pero siempre, después de una noche de meditación primero, y de sueño reparador luego, se regresaba a la mesa con la decisión de encontrar salidas y compromisos que permitieran continuar la búsqueda de un final feliz.

LA LABOR DE ZAPA DE QUIENES SE OPONÍAN AL PROCESO, DIO EL RESULTADO QUE ELLOS DESEABAN

Al cabo de las negociaciones, ya con un proyecto de acuerdo de más de 300 páginas, se presentó un escollo mayor: el plebiscito para que la ciudadanía dijera si aprobaba o no el acuerdo. El expresidente Santos reconoce que la convocatoria a ese plebiscito fue el mayor error cometido durante su gobierno. No había ninguna normatividad jurídica, fuera legal o constitucional, que exigiera una ratificación plebiscitaria para dar legitimidad a los acuerdos. Pero al gobierno le parecía una jugada política importante lograr ese popular del que nadie dudaba. El error no fue solo del presidente: sus asesores, los negociadores de ambos bandos, los amigos y los enemigos del proceso, en fin, todos los colombianos estábamos convencidos de que el resultado iba a ser arrolladoramente favorable al . Sin embargo, la labor de zapa de quienes se oponían al proceso, seguidores de las consignas del expresidente Uribe, que se dedicaron a infundir odio, rabia y pánico, dio el resultado que ellos deseaban, sin creer que pudieran lograrlo. El NO fue el triunfador en ese evento, para sorpresa de todos, incluso de los mismos que lo promovían, quienes súbitamente se encontraron con un triunfo, sin saber qué hacer con él. La diferencia de resultados era mínima, pero no borraba el hecho de que el gobierno había perdido. L

LA CORTE CONSTITUCIONAL COMO EL CONGRESO DIERON VALIDEZ A UN NUEVO TRÁMITE

En el período siguiente el gobierno y sus amigos se reunieron con la oposición y convinieron más de 60 cambios en el texto del acuerdo, aceptados también por la guerrilla. El acuerdo reformado siguió contando con la oposición de muchos uribistas, pero también con la aceptación de muchos otros, hasta el punto de que tanto la corte Constitucional como el Congreso dieron validez a un nuevo trámite sin necesidad de llevar a cabo otro plebiscito.

DEMORA IMPIDIÓ QUE DURANTE VARIOS MESES, PUDIERA DARSE INICIO AL FUNCIONAMIENTO NORMAL DE ESE TRIBUNAL

A pesar de la legalidad y la constitucionalidad que cobijaban el proceso, la oposición uribista se mantuvo. Firmado el acuerdo, el Centro Democrático, con las banderas de oposición al proceso, eligió como su candidato presidencial al actual gobernante Iván Duque. El Doctor Fernando Londoño Hoyos, exministro de Uribe, conservador a ultranza, hijo del ilustre manizaleño Fernando Londoño y Londoño, lanzó la consigna de «volver trizas ese maldito papel que llaman proceso de paz”, consigna acogida de inmediato por el uribismo. Con esa bandera de oposición a los acuerdos, el Centro Democrático ganó las elecciones presidenciales y su candidato, Iván Duque, se empeñó en dar al traste con los acuerdos. Les puso toda clase de obstáculos. Se gastó medio año de su gobierno tratando de que, primero el Congreso, y posteriormente la Corte, aceptaran unas objeciones presentadas con intenciones dilatorias contra algunos artículos de la ley estatutaria que debía regir el funcionamiento del tribunal de Justicia Especial para la Paz (JEP), uno de los pilares fundamentales de la institucionalidad creada por los acuerdos para la aplicación del sistema de justicia transicional a los crímenes cometidos por los actores del conflicto armado, fueran ellos guerrilleros, o agentes del estado, o terceros involucrados. Esa demora impidió que durante varios meses, pudiera darse inicio al funcionamiento normal de ese tribunal.

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Mientras el gobierno se empeñaba en impedir, o al meno demorar, el desarrollo de la implementación, sentía la necesidad de fingir ante los organismos internacionales y ante los gobiernos amigos del proceso, para tratar de convencerlos de sus buenas intenciones de sacarlo adelante.

LO MÁS SORPRENDENTE ES QUE LA NUEVA ACTITUD DE DUQUE PARECE SINCERA

La gran sorpresa fue que finalmente vimos al presidente Duque montarse, como dice el expresidente Santos, en el tren de la paz. Tuvo que firmar, con el fiscal de la Corte Internacional de Justicia, compromisos de apoyo y respaldo a la JEP. Con motivo de este aniversario, se ha reforzado la imagen de Colombia como un ejemplo para el mundo en la puesta en práctica de este tipo de soluciones. Nos han visitado varias personalidades, incluido el presidente de la Organización de las Naciones Unidas, el portugués António Guterres. Ha habido elogios para el proceso, para la JEP, para la Comisión de la Verdad y para los logros a los que se ha llegado hasta ahora. Lo más sorprendente es que la nueva actitud de Duque parece sincera. Lo que se ha obtenido contra su voluntad, o al menos sin su apoyo, ahora se presenta como logro del actual gobierno. Y en parte sí lo es, porque no se puede negar que el alto consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación, ​Emilio José Archila, se la ha jugado tratando de sacar adelante algunos de los compromisos. Hasta el ministro de defensa, Diego Molano Aponte, un verdadero halcón, habla de los esfuerzos del gobierno en la implementación de los acuerdos y en la decisión de apoyar, incluso económicamente, con presupuesto real, el accionar de la JEP. Es como si, finalmente, el presidente Duque hubiese comprendido lo erróneo que resultaba tratar de impedir el éxito del proceso. Y claro, los altos funcionarios del gobierno siguen, tienen que seguir, los lineamientos que les da el presidente. Esta Bruja cree, con mucha esperanza, que el presidente no ha asumido una pose para la exportación, y que es sincero en su manera de actuar. Que ha comprendido que lo mejor para este país es promover la paz. Que ese es el verdadero legado que nos debe dejar.

RESULTADO DE UNA NEGOCIACIÓN

Solo hay una sombra de duda en la actuación gubernamental. Desde siempre, en medio de su oposición tenaz a que el proceso saliera adelante, Duque se inventó el cuentico de la «paz con legalidad», en contraposición a la supuesta paz con impunidad que, aseguraban, se convenía en los acuerdos, cuentico con el que él, y todo el Centro Democrático, demostraban su desacuerdo con la participación en política de los jefes de la guerrilla sin haber pasado una buena cantidad de años en una cárcel con rejas. No entendían que el proceso de paz era el resultado de una negociación, no de una derrota que se hubiese propinado en el campo de batalla a los levantados en armas. Pero ahora han logrado dorar la píldora. Según lo explica el ministro Molano, los guerrilleros que cumplan con lo acordado y participen sincera y activamente en los programas de reincorporación, están actuando con legalidad. Ya como que se acepta como legal el que no sean condenados a decenas de años de cárcel.

EL GOBIERNO NO LO HA HECHO TRIZAS

Naturalmente, dentro de las toldas uribistas sigue habiendo una gran cantidad de opositores al proceso de paz. No están de acuerdo con los nuevos vientos que soplan en palacio, pero no tiene la fuerza suficiente para impedir el cambio. Entre ellos, los más golpeados deben ser: en primer lugar el expresidente Uribe, quien envió al señor Guterres una patética carta («delirante», la llama Santos) en la que sostiene que no ha habido ningún proceso de paz, que todo es un montaje y que se ha traicionado a la patria, a la constitución y las leyes con esas negociaciones; y en segundo lugar, nuestro ilustre coterráneo, el más godo de los godos, el doctor Fernando Londoño Hoyos, al ver que sus instrucciones, que he citado atrás, no fueron finalmente obedecidas y que el ministro de defensa haya afirmado recientemente, con orgullo, que el gobierno no lo ha hecho trizas, y que, además, no pretende hacerlo.