29 de noviembre de 2021
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La importancia de la Historia

21 de noviembre de 2021
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
21 de noviembre de 2021

En este país cada día ocurren hechos asombrosos, extraordinarios, sensacionales, desconcertantes, increíbles e inauditos, pero nos hemos acostumbrado a lo inverosímil. El último suceso sensacional ocurrió en la Escuela de Policía “Simón Bolívar”, de Tuluá. Todo sucedió en una actividad pedagógica, sobre historia universal, en la Semana de  Internacionalización que tenía a Alemania como país invitado. A los cadetes se les ocurrió que podían recrear una página del régimen nazi y, para mayor realismo, hicieron desfilar a Hitler, con su guardia personal, la tenebrosa SS, o las Schutzstaffel, con profusión de símbolos, esvásticas y uniformes, en una clara apología al nazismo. El desafortunado evento contó con la aprobación del director de la Escuela, el coronel Jorge Ferney Bayona, un oficial con brillante hoja de vida.

Las fotos fueron publicadas en redes sociales y en la cuenta de Facebook de la Policía; la primera reacción llegó de las embajadas de Israel y Alemania rechazando la apología al nazismo. Luego se fueron sumando otros países. Esto sucede en una nación que perdió la memoria porque desde hace muchos años desapareció la cátedra de Historia como materia obligatoria en los planes de estudio de la educación básica.

Recordemos que en 1984 el gobierno de Belisario Betancur aprobó cambiar la cátedra de historia por una de ciencias sociales, que involucrara geografía y democracia; entre todas tenían una intensidad de ocho horas semanales, pero se dictaban de forma independiente. La reforma se cristalizó en 1994, con César Gaviria, cuando las tres materias se integraron en una sola, con el nombre de Sociales; aunque incluía temas de Constitución Política la intensidad horaria se redujo a la mitad. De este modo la enseñanza de la historia se fue diluyendo, dependía de los intereses del educador.

El extravío cultural

Las nuevas generaciones empezaron a perder la memoria, llegaron textos y manuales de pésima calidad y la amnesia se fue apoderando del país. El pasado histórico se quedó en los anaqueles y es conocido que muchas bibliotecas de colegios, de universidades y de los municipios, ya no reciben donaciones de libros porque no encuentran espacio en los estantes; y, por supuesto, descartan primero los libros de historia porque los consideran antiguos y obsoletos. Entonces nuestros alumnos llegan a la universidad y encuentran lo mismo: nada de historia; se gradúan sin conocer el pasado y no se imaginan para dónde va el país. Se dice que, debido al poco interés por la Historia, “Colombia es uno de los países con menos nivel de patriotismo en el mundo”; en esto nos llevan mucha ventaja Cuba y México. Por desgracia nuestros jóvenes conocen muy poco de los hechos históricos y de los héroes de la patria; no saben “Quiénes hacen la historia y cómo la hacen”.

En este extravío de las últimas décadas, por la mezcla de las mafias con el conflicto interno y con actores como los gamonales, el paramilitarismo y la corrupción de agentes del Estado, asistimos a otra realidad cuando Simón Bolívar, Santander, Agustín Agualongo, Nariño, Caldas, Torres, Policarpa, José Antonio Galán, Manuel Quintín Lame, el Padre Camilo Torres y Jorge Eliécer Gaitán, son reemplazados por la nueva cultura y enviados al cuarto del olvido. En consecuencia las editoriales empezaron a producir libros pensando en el mercado y en la nueva sociedad de consumo. Se fueron imponiendo las biografías de mafiosos y de sicarios, acerca del mundo de las drogas, sobre el conflicto armado, la corrupción y temas afines. Veamos solo unos pocos ejemplos: La Parábola de Pablo; Auge y Caída de un Gran Capo del Narcotráfico; Operación Pablo Escobar; El Ajedrecista; El Hijo del Ajedrecista; Blanco Neutralizado. Veinte Años de Guerra contra el Narcotráfico; Balas por Encargo. Vida y Muerte de los Sicarios en Colombia; El Cartel de los Sapos; Mi confesión. Carlos Castaño Revela sus Secretos; El Clan de los Doce Apóstoles; Y Refundaron la Patria… De cómo Mafiosos y Políticos Reconfiguraron el Estado Colombiano; John Pinchao. Mi fuga hacia la Libertad; Operación Jaque; Vida y Muerte del Mono Jojoy.

Pero, además, llegaron las telenovelas y el cine, para ayudar a apuntalar la cultura mafiosa, con temas que cautivaron a un público ansioso: Las Muñecas de la Mafia, La Viuda de la Mafia, El Cartel de los Sapos, El Capo, Pablo Escobar el Patrón del Mal, Rosario Tijeras, La Patrona de Pablo Escobar, El Señor de los Cielos y Sin Tetas no hay Paraíso. Y recordemos cuando apareció en las redes sociales John Jairo Velásquez (Popeye), el jefe de Sicarios de Pablo Escobar ¿Por qué continúa la cultura traqueta en Colombia?

Pero llegó la Ley 1874 del 27 de diciembre de 2017, que modificó parcialmente la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994), porque “tiene por objeto restablecer la enseñanza obligatoria de la Historia de Colombia como una disciplina integrada en los lineamientos curriculares de las Ciencias Sociales en la educación básica y media”. En ese momento dijo la directora de Calidad Educativa del Ministerio, Mónica Ramírez, que “no va a volver la Cátedra de Historia, sino que se fortalecerá su enseñanza”; por lo tanto, los cambios son cosméticos.

¿Para qué sirve la historia? Para que el pueblo entienda la dimensión de los conflictos sociales que han padecido el país y el mundo, y porque es hora de conocer el pasado para no repetir los errores; además la Historia ayuda a construir identidad y nación.