23 de mayo de 2022
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La Educación para el desarrollo

2 de noviembre de 2021
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
2 de noviembre de 2021

En el sistema educativo colombiano, si bien aparentemente hemos avanzado en temas de analfabetismo, la calidad de la educación es mala con algunas honrosas excepciones a nivel interno, pero a nivel internacional ni siquiera estamos dentro de los 15 países mejores en este tema.

Factores como la familia, el nivel educativo de los padres, el acceso al trabajo, el trabajo infantil, la dificultad para ir al colegio en algunas regiones, la falta de infraestructura en el sistema vial, la mala adecuación de las escuelas públicas, la mala preparación de los estudiantes en su bachillerato y el negocio en el que algunas universidades convirtieron la educación, son algunos temas que influyen en su calidad.

Los estudiantes que se gradúan en algunos colegios y escuelas públicas salen mal preparados, con falencias en ortografía, análisis, criterio y comprensión de lectura pues como dicen por ahí, llegan a confundir como se dice en el argot popular al ministro de hacienda con la hacienda del ministro.

La mediocridad y el miedo de algunos profesores por exigirles a los estudiantes rendimiento adecuado en algunas universidades, es culpa de estas mismas instituciones, que en el estudio del desempeño en matemáticas, ya que son estas  las que permiten medir la aptitud para resolver problemas, uno de los atributos más importantes en el aprendizaje.

Dicho informe evidenció que “en matemáticas, casi el 75% de los estudiantes colombianos se encuentran entre el nivel y “Por debajo del nivel 1”, y menos del 1% se ubica entre los niveles 5 y 6. Una alarmante porción de los estudiantes (45%) está en el segmento “Por debajo del nivel”, lo que pone en duda su capacidad para desempeñarse efectivamente dentro del mercado laboral o en los niveles de educación superior, razón por la cual se hace una urgente llamada a la acción entre las instancias normativas colombianas”

Si a esto le sumamos todo lo que se comprobó con la pandemia, que fue la falta de calidad de los profesores y la carencia de los materiales de estudio para los estudiantes de estratos desfavorecidos, la falta de conectividad y de computadores, la falta de motivación para la investigación y la lectura, la desnutrición de algunos de los alumnos que consumen una comida al día lo que repercute en el aprendizaje de manera negativa, vemos que el panorama para una población significativa del país y en particular para aquella que se encuentra en zonas del conflicto armado no es la mejor.

Recordemos también que en los años noventa, bajo el gobierno de César Gaviria, se eliminó la asignatura obligatoria de Historia en las aulas, la que fue sustituida por las Ciencias Sociales, que se fusionaron con Geografía y Democracia para darles relevancia a otras áreas, como tecnología o inglés.

Esta grave equivocación hizo que los estudiantes rompieran con su pasado, perdieran su sentido de pertenencia y que se diera pie para que unos políticos se aprovecharan la ignorancia de un sinnúmero de jóvenes haciéndoles creer que los hechos que sucedían en el país eran culpa de otros. Esto no hubiera acaecido con un buen estudio de la historia para comprender que los acontecimientos del presente son el producto de eventos sucedidos en el del pasado, y no de los odios y las culpas que estos politiqueros pretendían achacarle a alguien o a algo en particular.

Desde entonces la historia, cuando se narraba, se comenzó a contar de forma incompleta y acomodada, y no con la realidad de los hechos. Este capítulo ha traído mucho daño a los colombianos, y ante el panorama que se menciona brevemente y a grandes plumazos, nos genera la duda sobre la clase de dirigentes que tendremos en el futuro, si a los jóvenes de hoy, con honrosas excepciones, no les gusta leer, no conocen gramática, ni historia y su nivel educativo es bastante mediocre.

El panorama que nos brindó en el 2006 el Programa PISA 7 es el mismo que tenemos en el momento, con algunos avances no tan significativos, ya que no hemos realizado los cambios estructurales que se requieren y tampoco es mucho lo que el gobierno de turno invierte en ciencia, tecnología e investigación que son las bases para el desarrollo del país, claro está en un país más equitativo y en paz.

Como alguien decía, nos creemos desarrollados porque tenemos algunas vías parecidas a las europeas, pero la mayoría de la población está sumida en la ignorancia, la pobreza y la inequidad como si fuéramos África −aunque en esto también se equivocan, porque Colombia con sus años de independencia que no tienen los países africanos debería tener un grado de desarrollo y en particular educativo más importante− lo cual nos coloca en una posición peor que la del continente antes señalado.

No pasamos de mucho tilín tilín y no hacemos nada por avanzar. ¡Qué vergüenza! Quizás a la clase política le conviene mantener ignorante y pobre a la población, para asentar aún más el sistema feudal en el que vivimos.

 

(*) Exdiplomática y escritora