24 de mayo de 2022
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El regreso de las brujas

1 de noviembre de 2021
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
1 de noviembre de 2021

Las supersticiones y la supervivencia de creencias populares, como curanderos, adivinos y brujas, vienen desde la Edad Media. En esa época la interpretación eclesiástica veía en las supersticiones la mano del demonio, que se aprovechaba de los espíritus incultos y frágiles, especialmente de las mujeres. En un ambiente de oscurantismo hizo carrera el maleficio y la brujería; el poder de las brujas se extendió al cuerpo de los hombres y a los animales, a la naturaleza, al clima y a las cosechas. A lo anterior se le suma  el terror que producía la peste negra; como consecuencia se acusó a las brujas de todos los miedos y males que sufría la humanidad.

Mientras tanto pesaba sobre la Iglesia la amenaza de las herejías populares y de organizaciones eclesiásticas ilícitas, que nacían en toda Europa y atentaban contra el monopolio que la Iglesia romana ejercía, sobre los diezmos y los sacramentos. En esta cacería de brujas se calcula que medio millón de personas fueron declaradas culpables de brujería y murieron quemadas, en la hoguera, entre los siglos XV y XVII. Los “crímenes” eran diversos: pacto con el diablo, viajes por el aire montadas en escobas, copulación con diablos, ejercer el arte de curar, reunión en aquelarres, provocar tempestades y granizadas, robar niños.

¿Por qué murieron tantas personas acusadas de brujería? Si se podía torturar a las brujas, como a los demás herejes, sus “confesiones” permitieron condenar a los conspiradores secretos. Una bula papal de 1448 autorizó a los inquisidores a emplear todos los métodos posibles para eliminar las brujas de Alemania; de este modo acabaron con numerosas sectas clandestinas.

Aquelarres y Escobas

El nombre de aquelarre, como sitio de reunión nocturna de brujos y brujas, aparece en el siglo XV. El aquelarre pasó de ser un sueño engañoso inspirado por el diablo, a  una realidad; se decía que las brujas acudían a este lugar, montadas en escobas, para rendir culto al diablo. Y salta la pregunta ¿Cómo volaban las brujas hasta los aquelarres? Los historiadores han sostenido que todo esto fue invento de los inquisidores y no de las brujas. Las confesiones se obtenían mediante torturas, hasta que la persona acusada de brujería confesaba haber volado  al aquelarre para hacer pacto con el diablo; en medio de la tortura revelaban los nombres de las personas que practicaban brujería.

Pero hay otros factores para considerar: una bruja de Inglaterra, siglo XVII, confesó que “antes de ser transportada a las reuniones, untaron sus frentes y sus muñecas con un aceite que les trae el Espíritu (que huele a crudo). Se dice que la bruja aplicaba el ungüento a un bastón, tras lo cual galopaba contra viento y marea, cuando y en la forma que le apetecía”. En numerosos documentos se afirma que “untan un bastón y montan sobre él, o se untan bajo los brazos y en otros lugares vellosos”. Se decía que el ungüento estaba compuesto de varias hierbas como la cicuta, la hierbamora, el beleño y la mandrágora (Marvin Harris. Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura, 1989).

La bruja mestiza

Los conquistadores europeos trajeron las supersticiones en forma de presagios, amuletos, adivinación por medio de los naipes, y la brujería. Esta herencia se suma a los aportes que hicieron los afrodescendientes. Más tarde, durante el proceso de colonización antioqueña o de las migraciones del siglo XIX, los campesinos acarrearon junto con sus petates, las ideas políticas y religiosas, las costumbres, tradiciones y modo de pensar. Este acervo cultural se enriquecía con la cotidianidad, en el nuevo terruño.

Los colonos vivían en una tierra desconocida, que apenas empezaban a dominar; por esta razón los miembros de la familia permanecían en expectativa, esperando las reacciones de los fantasmas que “protegían” el bosque. Moraban en un ambiente de supersticiones rodeados de mitos, fábulas y leyendas donde, por supuesto, no podían faltar las populares brujas. Estos personajes estaban tan arraigados en la cultura de nuestros campesinos, que todas las noches las sentían descansar en los caballetes de las casas, cuando hacían una pausa en sus permanentes vuelos. En este momento escuchaban estruendosas carcajadas, y el frío del miedo envolvía a la familia.

Las brujas eran consideradas mujeres viejas de aspecto repugnante, con los cabellos desordenados y el vestido sucio y destrozado.  Pero en los pueblos recuerdan a las jóvenes y bellas, vivarachas y coquetas; mujeres llenas de sabiduría que conocían las propiedades de las plantas: borrachero, diente de león, ortiga, valeriana, manzanilla, amansa machos, con las cuales preparaban bebedizos, para aliviar los dolores del alma y del cuerpo. Estas mujeres habían aprendido de las madres y abuelas, el secreto de las plantas, conocían los anticonceptivos, preparaban abortivos y brebajes para la fertilidad; además practicaban el oficio de comadronas. Eran el único recurso de los campesinos pobres. Se fueron alejando de la imagen ideal que se tenía de la mujer sumisa, centrada en la Virgen María y dedicada al hogar. Por estas razones fueron condenadas por la religión y atacadas por las élites.

El regreso de las brujas

Pasó el tiempo y la brujería y las supersticiones fueron arrinconadas y ridiculizadas; sin embargo, desde hace algunos años, se observa el regreso de las llamadas “ciencias ocultas”. A pesar del desarrollo de la tecnología la contracultura sigue avanzando. En el nuevo clima se ha desarrollado un ambiente que favorece la difusión, en todo el mundo, de las obras de J.K. Rowling y todos los jóvenes quieren ingresar a Hogwarts, la famosa escuela de magia y hechicería. Además millones de adolescentes envidian la escoba voladora “Saeta de fuego”, último modelo, de Harry Potter.