28 de enero de 2022
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Dos pasajes memorables con José Restrepo Restrepo

28 de noviembre de 2021

 Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

Al rendirse este domingo 28 de noviembre un sentido homenaje al doctor José Restrepo Restrepo en otro aniversario de su fallecimiento en 1979, deseo compartir dos pasajes memorables de mi vida periodística relacionados con este ilustre personaje caldense de talla nacional.

Al respecto, recurro al libro autobiográfico “Una vida en olor de imprenta”, cuyo primer tomo se publicó el año pasado en Amazon dentro de la colección de mis Obras Escogidas (que, por cierto, ya va a mitad de camino).

Periodista de planta

En 1979, con 24 años encima (cuando recién había concluido la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas), yo era periodista de tiempo completo en el diario La Patria, como asistente de dirección, puesto comparable al de ser subdirector, incluso con funciones de director encargado cuando su titular se ausentaba.

Tenía a mi cargo, en consecuencia, una columna editorial: Cosas que pasan, donde se expresaba diariamente la política del periódico, igual que en su editorial, el cual aparecía con mi firma cada semana, en la edición dominical, como podrá verificarse en los archivos correspondientes.

En verdad, no era redactor, ni pertenecía al cuerpo de redacción sino a la dirección, junto al director, de quien dependía tanto como del propietario y presidente de la empresa, José Restrepo Restrepo.

Para cerrar ese pasaje, debo precisar que el doctor Restrepo, días después de haberme posesionado, llamó por teléfono de Bogotá para saludarme, desearme éxito en el trabajo y hacerme, con amabilidad, algunas recomendaciones, entre las cuales hizo énfasis en ser prudente con mis escritos, como advirtiendo que si no lo era podía seguir los pasos de mi antecesor.

Permítanme, entonces, recordar las circunstancias previas que explican tales palabras, formuladas en este encuentro con el poder (político y económico, cabe aclarar), encarnado por una persona de quien dependería en adelante a nivel laboral y, por ende, en lo económico, que no era poca cosa.

Salto con precedentes

Para empezar, cabe preguntar: ¿Cómo pude ejercer dichas funciones, con tamaña responsabilidad, al lado nada menos que del director del periódico, a esa edad temprana?

Sí, mi designación se veía absurda, descabellada, según comentaban en círculos periodísticos e intelectuales de la ciudad, donde mi citado antecesor despotricaba a sus anchas contra la humilde víctima por presunta falta de méritos.

Luis Yagarí

Pero, los méritos en cuestión saltaban a la vista, según sostenían mis defensores: desde 1970, con escasos quince abriles, empecé a ser colaborador, desde Pereira, en La Patria, donde fui apadrinado por Gonzalo Uribe Mejía, el famoso cronista Luis Yagarí; al poco tiempo, era columnista editorial, con el férreo apoyo del subdirector, Jorge Santander Arias, mientras el jefe de redacción, Guillermo Lema Salazar, daba continua luz verde a mis crónicas, reportajes o entrevistas, y Mario Escobar, al frente de la prestigiosa Revista Dominical, divulgaba mis ensayos, poemas y escritos similares.

Todo esto me llevó a que en plena juventud, siendo primíparo en “la U”, reemplazara a Mario –El maloso– en la dirección del suplemento literario, gracias a la acogida inicial del entonces jefe de redacción, Héctor Moreno, y la indispensable aprobación del director, Augusto León Restrepo, quien no tardó, tan pronto concluí mis estudios superiores, en ofrecerme ser su colaborador inmediato, compartiendo con él la oficina, donde llegué en reemplazo de aquel veterano escritor y periodista manizaleño, digno representante de la llamada Escuela Grecocaldense, donde la retórica, a veces empalagosa, hacía de las suyas.

Augusto León Restrepo

¿Qué había pasado? Muy simple: don Uriel Herrera -conocido en la ciudad como El general (al parecer en alusión, por su apellido, al general Benjamín Herrera, siendo éste liberal, mientras aquel era godo hasta los tuétanos)-, salió de su cargo, en la dirección de La Patria, por mandato del doctor José Restrepo Restrepo, decisión que él recibió bastante molesto, más aún cuando supo que su relevo sería un recién egresado de Filosofía y Letras, sin experiencia periodística, cuya filiación conservadora, necesaria para trazar la línea editorial que habría de tocarme, era dudosa.

Al poco tiempo -puntualizo en mis Memorias para darle entierro de pobre al asunto-, ya nadie se acordaba del lamentable retiro de El general Herrera, como es usual en los medios informativos, donde lo único que importa es el presente, olvidando el pasado.

Al fin y al cabo -según sabemos todos, por experiencia propia-, nada hay más viejo que un periódico de ayer, arrojado siempre a la basura.

Conocimiento mutuo

Cabe recordar, de otra parte, que al doctor José Restrepo le vi por primera vez, siendo todavía adolescente, en 1971 -¡hace medio siglo!-, cuando, por consejo de Yagarí, viajé de Pereira a Manizales, en misión oficial, para visitar las instalaciones de “La Patria” en el centro de la ciudad y, por ende, conocer a sus directivos.

Jorge Santander Arias

Allá me topé a la entrada del edificio -¡válgame Dios!- con Santander Arias, el subdirector, a quien identifiqué de inmediato por su foto, de barbilla, en la columna Subrayados de las páginas de opinión, donde a diario salía enseguida del editorial.

Al presentarme, dándole mi nombre, él supo quién era -“Un niño escritor del que Yagarí habla con insistencia, exaltado, como si fuera un nuevo Rimbaud”, según revelaría, mucho después, Mario Escobar- y me invitó a esperarlo en su oficina, donde me atendió su secretaria, Pepita Parra.

Tal fue mi primer encuentro, esta vez, con uno de los mejores ensayistas literarios del país, cuando también tuve el honor de sostener una breve charla, en su oficina al frente de la sala de redacción, con el doctor Restrepo.

En aquella histórica e inolvidable ocasión, “don José” -como le dije- no hizo más que consultar mis inclinaciones políticas, algo previsible dada su condición de jefe máximo del conservatismo en Caldas dentro de la corriente ospinista que entonces estaba al frente del gobierno presidido por Misael Pastrana Borrero.

“Palomita” en la Dirección

Desde ese momento tuve su apoyo generoso, igual que el de su familia y, en especial, de sus hijos Cecilia, Marta Lucía -esposa de Hernando Gómez Otálora-, Luis José y Alejandro, tanto que, por decisión mayoritaria bajo la batuta de don Gustavo Larrea (albacea del doctor José Restrepo) en la junta directiva de la empresa, se aprobó que yo fuera nombrado director del periódico tras el retiro intempestivo de Felipe Gómez Restrepo, quien fue en busca de mejores rumbos, hacia fines de los años ochenta, en la comunidad jesuita de la Universidad Javeriana.

Luis José Restrepo

Aunque estuve encargado de la dirección de La Patria durante dos o tres meses (en la sombra, pues ejercía simultáneamente la dirección de Ficducal y de un postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Caldas), nunca fui titular por el regreso apresurado de Luis José Restrepo, quien detentaba un importante cargo diplomático en París.

Él volvió, sí, para asumir como director del diario, mientras el suscrito adelantaba, feliz, sus actividades académicas, lejos de imaginar que en poco tiempo llegaría a ser director de periódico pero no allá, en Manizales, sino en Bogotá, y no en La Patria sino en La República, vocero por excelencia de la famosa Casa Ospina.

Terminé, pues, en las más encumbradas esferas del ospinismo, facción conservadora de la que el doctor José Restrepo Restrepo fue fiel seguidor y jefe regional, con proyección nacional, hasta su muerte a fines de 1979, meses después de yo haber entrado a formar parte, como asistente de la dirección, del diario que él tanto amaba, que era suyo y donde movía los hilos del poder, el mismo que vi personificado en su figura cuando todavía cruzaba por mi hoy muy lejana adolescencia.

Aún resuenan en mis oídos sus palabras para que fuera prudente en mis escritos si quería evitar problemas en la vida…

(*) Escritor y periodista. Ex director del diario “La República” y Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua