24 de mayo de 2022
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Vladdo visto por Aleida

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
3 de octubre de 2021
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
3 de octubre de 2021

Hola, pueblo, mi otro yo, Vladdo,  ex Vladimir Flórez Flórez,  no nació, lo fundaron el 22 de diciembre de 1963 en Bogotá (Wikipedia dice que en Armenia) y diez segundos después empezó a ejercer como “enfant terrible”, oficio que sigue desempeñando varios lustros después de publicar sus primeros monos el viernes 14 de marzo de 1986, en La República, el diario azul Bertha Hernández de Ospina.

Nació él y empecé a pelechar también yo, Aleida, la que lo mantiene hace años. Fui creciendo a través de las lecturas de tiras cómicas que alquilaba en  la Calle 21 de Armenia adonde trasladó tempranamente sus aurículas y ventrículos. Por eso lo dan por quindiano, pero no, “habemus” rolo.

En su imaginario, como dicen las “social bacanas”, yo Aleida, soy la prolongación de Jane, la mujer de Tarzán, Diana, la del Fantasma,  Narda, la de Mandrake, Pepita, la de Lorenzo, Lucy, la de Carlitos, el gato Garfield, de Jim Davis, la Marge, de este Homero Simpson cuyabro.

Las tías de mi mantenido se preguntaban angustiadas si el niño creía que se podía ganar la vida haciendo mamarrachos.

Su hija Sofía con quien descubrió “una nueva forma de idiotizarme con las mujeres”, comentó siendo  niña: “Mi padre es caricaturista. Mi mamá trabaja”.

Vladdo tiene esa incierta edad en la que los hombres como él no saben si van o vienen. Yo, como toda mujer, tengo la edad de los sueños eróticos de mis amantes.

En este caso, y perdón por el incesto, me refiero a los sueños de Vladdo, mi papá Quino de cabecera. Aunque para ir fijando posiciones, Vladdo podrá ser mi Quino, pero ni sueñe que yo seré su Mafalda. Mejores propuestas he ignorado. Me pregunto cómo se lo han aguantado donde ha trabajado.

UNA MUJER SIN SONRISA 

En esas lecturas infantiles de historietas,  en los monos que iba dibujando en sus cuadernos escolares, en el periódico de un tío y en el cadapuedario del colegio, fue haciendo camino al andar. Y definiendo mis rasgos. Ignoro por qué  no le alcanzó la tinta  para pintarme la boca. Tal vez para que no viera esa “certaine sourire” que me produce verlo parir sus creaciones.

Cuando las musas de la caricatura le escurren el bulto me mira con la ternura de Nick, el centenario perrito de la Víctor.  Me ha tocado soplarle   ideas para La República – donde se inició, como dije-, El Tiempo, donde también se las da de columnista, El Siglo, El Espectador, Diario del Otún, Diners, Credencial o Semana, donde fue reclutado por ese Don King (mejor lo comparo con Ted Turner para que no nos rebaje el sueldo) de medios que es Felipe Lázaro López Caballero quien bautizó sus colaboraciones bajo la razón social de Vladdomanía. (Y de donde salió no hace mucho por la puerta grande, inmensa, consagratoria, de la echada gracias a la nueva administración). 

Envidio a López pues para conservar su matrimonio decidió vivir junto pero no revuelto con su mujer, Lila. Es la fórmula ideal que acuñó el estrato seis para coquetearle a la esquiva felicidad porque, según mi Florencia Thomas de cabecera, la actriz María Félix,  el “amor es voz, puerta cerrada… pero sobre todo es protocolo y misterio y eso se pierde con el trato, con la rutina diaria”.

Abajo los maridos bon-bril que duran y duran. Sueño a veces eróticamente con Felipillo pero Vladdo no soporta los cuernos platónicos. Tal vez allí está el origen de mi soltería. Yo le tolero todas las viejas pero no sus aberraciones con la Macintoch como tecnomaníaco consumado que es.

HACER EL AMOR CON GANAS AJENAS 

Parece que me quedaré para vestir santos porque  me puso peinado de mujer que no conoce un orgasmo. Debo admitir que tengo cara de hacer el amor con las ganas de mis peores amigas. Lo mismo le pasa a él, dicho sea sin ofender.

Para mi narcisismo, en una caricatura, la escasez de rasgos es virtud. Remember al suicida Ricardo Rendón, maestro de maestros. En todo caricaturista hay un Rendón le oí decir en su cambuche de anacoreta urbano al fallecido maestro Elkin Obregón colega de Vladimiro.

En los escuetos dibujos que me hace, a veces sobra el texto, otras el mono. No pocas sobra el caricaturista así sea un diseñador gráfico enemigo personal de la tauromaquia y admirador de Alemania que ha ganado los premios de periodismo del CPB, el Ivonne Bolívar, SIP…

A veces me siento la suma de las amigas que no ha tenido Valddo. O de las mujeres que no ha podido hacer felices. Tampoco infelices, para ser justa, «virtud» esta que no me gusta. Nos vuelve monótonas, predecibles.

De su condición civil no me consta si es felizmente separado o no. Aprovecho para lanzar al viento la propuesta de que antes de casarse con un separado, toda fémina debería tener la opción de hablar primero con su exmujer. O con sus exnovias. Sólo ellas saben por dónde va el agua al molino sexual. Y síquico. Y bancario.

De pronto tengo la pesadilla de soñar que me inventó para curarse del creativo escepticismo que ha adoptado como religión. ¿Será que tenía razón André Maurois cuando proclamó que “la verdad de un hombre es, ante todo, lo que oculta?”.

MIDAS CUYABRO 

Vladdo cada día vive más de mí. Hasta el punto de que no tiene complejo de Edipo sino de Aleida. No en vano  me convirtió en agenda. Salgo más en la prensa que todas las viejas de los realities juntas. Pronto apareceré en cucos, brasieres, condones, pasacalles, publicidad política pagada. Y tapabocas, claro, para estar a tono con los tiempos. Eso sí, ni me compro ni me vendo para hacerle bulla al Centro Derechático.

Este Midas de anteojos todo lo que coge lo vuelve Aleida. Por algo García Márquez dice que solo me falta un poco de amor para ser perfecta.

Vladdo convirtió mis angustias existenciales  y mi esquiva sexualidad en multinacional del humor.

De pronto hasta quito y pongo presidente con esta creciente fama.  A propósito: la política ha sido el modus comiendi de Vladdo. Yo soy apenas un juguete, un clínex, en su hoja de vida síquica. A los políticos les ha dado duro y a la cabeza.

Por ello, desde mi eterno femenino no entiendo la orgía de felicitaciones de los ex presidentes que aparecen consignadas en su libro “Lo mejor de lo peor”, dedicado a Héctor Osuna, su gurú, a quien considera “lo mejor de lo mejor”.

Debe ser que el activo y rendidor club de los ex presidentes es muy irónico, cínico, demasiado sarcástico, o le tiene pavor a Vladdo. O todo al mismo tiempo.

(Cuando hablo de pavor, me refiero a que temen que no los vuelva a mencionar. Un político soporta todo menos el silencio de los caricaturistas que les hacen –gratis- la mitad de sus campañas. También yo tiemblo cuando pasan días sin que nadie me lo pida. O si no, pregúntenle a Duque, el que dijo Uribe).

OLVIDAR POR NEGOCIO 

Si él vive mi vida,  olvídense, “ la vida no me vive a mí”. La frase no es de Vladdo. Lo dijo un jugador de fútbol brasileño que no voy a recordar. Las mujeres preferimos vivir más de nuestras amnesias que de nuestros recuerdos. Después del sueño, creo que el mejor invento que hemos perfeccionado las viejas es el olvido.

¿Qué tal recordar todo lo que nos hacen los tipos? Hasta en eso son de buenas. Si no olvidáramos, tendríamos más motivos para odiarlos que es una forma de seguir  amándolos. Olvidamos por negocio, por asepsia mental.

Si yo vivo en una especie de mundo de Subuso sexual y afectivo, Vladdito tiene la cara del hombre que se pierde mirándose al espejo de la vida. El doble del periodista  Ignacio Gómez para nada se parece a la definición de hombre sexy que patentó  María Félix, “Ceja de lujo”,  (y la vuelvo a mencionar a ver si las mujeres, y Vladdo, beben en su autobiografía “Todas mis guerras” escrita por Enrique Krauze el mero macho mexicano que me mata):  “El sexy es el hombre con el que una tiene ganas de hacer el amor cuando lo ve vestido”.  La metáfora es tan buena que parece mía.

Si entre los dos no hacemos algo por la liberación femenina que les devuelvan la plata a las viejas que nos leen. Una secreta aspiración mía es convertirme en el catecismo del padre Astete del gremio. O en una Florence Thomas alterna. Del ahogado el sombrero.

EL ARTE DE AHORRAR SIQUIATRA 

He aprendido que un caricaturista es un ginecólogo al revés. Creo que me agarró por su cuenta porque es la suma de las mujeres que cambian de acera cuando lo ven. La mitad más uno de lo que dice sobre nosotras es fruto de lo que ignora del alma femenina. Y si uno no se casa con el que quiere sino con el que puede, tampoco escoge caricaturista.

A mí me trama el maestro Osuna que tiene rostro de célibe. Divino este misterioso y solitario Klim de gabardina, prótesis y paraguas en vez de levantadora. Si Héctor en el prólogo de  “Vladdografías” le dio el imprimatur  es porque “mi” Vladdo es un duro de su oficio. Osuna certificó a Vladdo “por razones de interés social”.

Yo diría que Vladdo es un mal necesario, como los preservativos. (Los dos tipos se parecen en que no se quedan en los monos. También escriben. No me pierdo las columnas de Héctor los lunes en El Espectador. Me quedo con el Vladdo pintor de brocha frágil. Como columnista de El Tiempo, bien gracias, ¿qué tal todos por la casa?).

A veces amanezco pensando que Vladdo es un injerto  de Wilde con Nicolás Mora Dávila. Para tener a Vladdo completo, adiciónenle las virtudes y debilidades del bobo sapiens, su tangomanía, su autoproclamada condición de clon único  y una capacidad permanente para inventar asombros o diseñar diarios, revistas, páginas de internet aquí y en Cafarnaún, o mejor, en Miami, su Armenia gringa.

De pronto siento que me creó para ahorrarse siquiatra. O al menos, la cuenta por la horizontalizada en el sofá. Con los hombres una nunca sabe.

Insisto: es más lo que ignora que lo que sabe sobre nosotras. Por ejemplo, estoy esperando el matacho en el que diga que lo primero que deben enseñarles a los machos en la primaria es fisiología femenina.  ¿Si no saben qué es y dónde queda el punto G, cómo pueden hacernos felices en el catre? Bueno, seguramente lo que les interesa al hacer el amor es ser felices ellos, nosotros que nos jodamos.

A veces creo que ninguno de los dos sabemos que nos amamos. ¿Será este el principio de la verdadera felicidad? No les quito más tiempo.

Imagen: Universidad Autónoma del Caribe