23 de mayo de 2022
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“Vivan los doce de octubres”

10 de octubre de 2021
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
10 de octubre de 2021

Conversando en alguna ocasión con un Jaibaná de Mistrató, como fue Mario Restrepo Siágama, me decía que hubo una época en la cual, cuando las autoridades del municipio celebraban el 12 de octubre, entonces llevaban a algunos indígenas al pueblo y en momento de izar la bandera tricolor, el indígena señalado debía gritar: “Vivan los doce de octubres”.

También me recordaba un alumno en la Universidad Tecnológica, que era oriundo de Santa Cecilia, municipio de Pueblo Rico, cuando izaban la bandera en el colegio, debían entonar el himno de España.

Desmontar todos aquellos conceptos que enfatizaban en el indio bárbaro, animal, y desde luego, el esclavizado africano, no es nada fácil porque fueron cientos de años en donde se repetían sin cesar, calificativos no sólo para el ser humano de América sino también la misma naturaleza, que desde luego era bien diferente a la europea. El jesuita español Bernabé Cobo decía: “Todas las frutas que son naturales de este Nuevo Mundo tienen por propiedad, generalmente hablando, ser frías y húmedas, por ende, muchas de ellas son ingestas y poco sanas; lo cual procede de ser la tierra muy húmeda y madurar casi todas ellas en tiempo de invierno…”.

En su momento no se valoró la inmensa cantidad de plantas medicinales usadas por los aborígenes y que mucho alivio trajo a los mismos europeos, como la quina, el guayaco o palo santo (para curar la sífilis que nos legaron los europeos), el quenopodio o paico, el bálsamo de tolú, el bálsamo de Perú, la ipecacuana, la zarzaparrilla, la raíz de jalapa, etc.

La negación de las obras y valores de los indoamericanos fue tanta, que en el momento en que llegaron a descubrir las majestuosas pirámides aztecas  y mayas, no dudaron un momento en plantear que dichas obras tuvieron que haber sido el resultado de presencia de seres extraterrestes, porque sería imposible que los indios hubiesen realizado semejantes obras, al igual que negaron también la autoría del calendario azteca que tenía 365 días, reunidos en grupos de 20 días cada uno, más cinco días extras. De igual manera se negó el hecho de que los astrónomos mayas se hubieran reunido en Copán en el 765 para ajustar el calendario y los errores acumulados en los últimos 52 años.

Es hora de reescribir la historia, que se ha repetido con frecuencia, fue escrita por los invasores.