20 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Por Gilma de los Ríos Tobón Los que tienen que huir porque otros llegan a matar

9 de octubre de 2021
9 de octubre de 2021
Foto Palestina Libre.org.

Diálogos Académicos con el doctor Rafat Ghotme Ghotme (IV)

De la serie : “Por qué la guerra” y otras preguntas y análisis para abordar las acciones violentas

Rafat Ghotme Ghotme, Internacionalista e Historiador. Gilma de los Ríos Tobón, Comunicadora Social, Periodista..

Nadie deja su hogar a menos

que su hogar sea la boca del lobo,

solo corres hacia la frontera

cuando ves al resto de la ciudad corriendo también.

….

Nadie deja su hogar si su hogar no le echa

con fuego bajo los pies

sangre caliente en el vientre,

no es algo que hubieses pensado hacer

hasta que el cuchillo ardiente no amenazó tu cuello

….

Quiero volver a mi hogar

pero mi hogar es la boca del lobo,

mi hogar está plagado de armas,

y nadie se iría de su hogar

a menos que su hogar le echara al mar,

a menos que el hogar le dijera

que se diera prisa,

que dejara atrás su ropa,

que se arrastrara por el desierto,

que atravesara los océanos,

ahogado,

seguro,

hambriento,

mendigando,

olvidando la dignidad,

porque sobrevivir es más importante.

Nadie deja su hogar

hasta que su hogar no es una voz que le dice:

“Vete

huye de mí ahora,

no sé en qué me he convertido,

pero sé que en cualquier lugar

estarás más seguro que aquí”.

Son fragmentos del conmovedor poema “Home” de Warsan Shire, joven y reconocida poeta africana, en el que el hogar es tema central en este drama que viven los refugiados. Ser sacado de su tierra, de su hogar o su casa con violencia. Haber sobrevivido a un genocidio y poder salir vivo,  o tener que huir para escapar de la muerte. Llevar solo en las manos a los niños o mayores, mientras lo que fuera suyo se lleva solo en el corazón, con la firme esperanza de regresar algún día. Cuando se sale así, inesperada y rápidamente, solo se puede llevar el mínimo equipaje, no hay tiempo para despedidas y no se tiene un plan. No se sabe si serán acogidos o a dónde irán y cuán difícil será su camino. Llegar a donde sea con una nacionalidad perdida y sin ninguna garantía de  tener otra, que reconozca sus mínimos derechos. Los palestinos que han padecido forzados éxodos masivos como la Nabka,  tienen a la llave de su casa entre sus símbolos, porque fue lo único que muchos pudieron llevarse, y en ella se simboliza la pertenencia y el anhelo irrenunciable de volver.

Es bueno empezar  por aclarar términos, porque en el lenguaje común se usan  sin diferenciar, los que implican dejar la tierra o casa. La palabra más antigua parece ser exilio, de origen del latín exilium, destierro, asociada con exsilium, saltar o correr fuera. Implica tener que abandonar la tierra o el país donde se habita, por expulsión del gobernante. El exilio era considerado benevolente, pues se daba a cambio de no matar o encarcelar de por vida, pero desarraigaba a un hombre de todo lo suyo. Se dice que el primer exilio fue el de Adán y Eva Pero luego fue muy común, y muchos rebeldes, pensadores y poetas, fueron enviados al exilio a tierras inhóspitas. La palabra más general para definir a los que tienen que abandonar el lugar donde habitan, para buscar establecerse en otra parte, es migrante. La Real Academia define migrar como “trasladarse de un lugar a otro”. Emigrante es la persona que abandona su hogar e inmigrante cuando esa persona ya llegó a su destino.

Estos migrantes son en su mayoría económicos, que buscan salida a condiciones extremas de pobreza y oportunidades que no tienen. En el mundo se ven ahora casi a diario, estas migraciones, a veces de cientos y miles de personas, que salen a buscar un mejor vivir por las difíciles condiciones que tienen en su país. También se ve como en su tránsito, en muchas partes los delincuentes se aprovechan de sus sueños y sufren robos, abusos, vejaciones, mientras se juegan la vida, o son devueltos después de perder lo poco que tenían, a su país de origen donde ya tampoco tienen nada, y pensando en volver a intentarlo, una vez más,  como única salida. Otras migraciones son recibidas en países que aún tienen mucha pobreza o guerras y conflictos internos, y donde no se les puede garantizar seguridad o la asistencia debida. Los migrantes están sujetos a ser admitidos en el país al que buscan llegar,  y a que otros países les hagan posible el tránsito en largas y duras movilizaciones. Y hay otra palabra ““desplazados”, que son migraciones internas forzadas en el propio país y son familias, grupos o pueblos enteros, que tienen que abandonar su tierra y su casa por amenazas directas que surgen de la violencia por conflictos con grupos armados y bandas criminales.

Refugiados, la realidad que abordamos, es el término para los que tienen que irse para salvar su vida, antes durante o después, de las guerras u otros actos violentos contra un pueblo o grupo humano. En el siglo XX, la primera y la segunda guerra mundial, generaron millones de refugiados. La cifra que se da, es que en 1945 había más de 40 millones en Europa, en condiciones de pobreza y desarraigo total. Frente a la gran problemática mundial con los refugiados, que aumentan a la vez que no cesan o surgen nuevas violencias políticas, aparecen organizaciones  como ACNUR y  UNRWA, que han cumplido una tarea humanitaria admirable y persistente  frente a todos los obstáculos y que merecen el apoyo de todos.

ACNUR,  “Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para refugiados”, fue creada en 1950, con el objetivo de ayudar a esos millones de personas refugiados en Europa o fuera de ella como consecuencia de las guerras mundiales. Se pensó que su trabajo sería transitorio, solo por tres años, pero su existencia se prolongó hasta ahora, para bien de todos, porque el problema se ha mantenido y acrecentado en muchos países. Así definen su actuar: “Trabajamos para garantizar que todas las personas tengan derecho a buscar asilo, a encontrar un refugio seguro”. En 2018 la Asamblea General de la ONU aprobó el Pacto Mundial sobre los refugiados, luego de extensas consultas con los países, y fue definido como “un marco para una distribución previsible y equitativa de la carga y la responsabilidad de los refugiados, reconociendo que una solución sostenible a las situaciones de refugiados no se puede lograr sin la cooperación internacional”. En 2020, ACNUR celebró su 70 aniversario. Desde su creación, ha ayudado a más de 50 millones de personas refugiadas en la reconstrucción de sus vidas. Pero ACNUR, como  lo afirma su Alto Comisionado Fillipo Grandi, navega aguas muy difíciles. “La combinación de múltiples conflictos y los desplazamientos masivos que ocasionan, los nuevos desafíos a la institución del “asilo”, la brecha entre las necesidades humanitarias y los recursos disponibles y la xenofobia creciente, son muy peligrosos”.

UNRWA, es la “Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Próximo” con el fin de proporcionar ayuda humanitaria a los refugiados de Palestina, que desde la NABKA se tuvieron que refugiar en países vecinos como Siria, Líbano y Jordania. Fue fundada en 1949 por la Asamblea General de Naciones Unidas. Según lo enuncia UNRWA, “son 5,6 millones de personas que viven en campamentos sitiados en pleno conflicto sirio, o en zonas sometidas a bloqueo militar; ciudades devastadas por los bombardeos, tiendas de campaña desprovistas de las condiciones mínimas para una vida digna, lugares de difícil acceso para la ayuda humanitaria… Esos son los escenarios donde transcurre la vida de la población refugiada de Palestina, desde que un conflicto político les sorprendiera sin previo aviso hace más de 70 años”. Así es como describen esta dura realidad que los requiere.

Pero su situación, como bien lo afirman, es muy compleja. “En el territorio Palestino ocupado, el bloqueo y la ocupación militar suponen una violación continuada de los derechos de los palestinos. En Siria, se enfrentan a una guerra que dura ya casi una década. En Líbano, están excluidos de aspectos clave de la vida social, política y económica. En Jordania, donde viven la mayor parte de los refugiados palestinos, aunque muchos de ellos tienen acceso a servicios gubernamentales y ciudadanía jordana, algunas minorías de refugiados de Palestina están sujetos a restricciones legales que limitan sus derechos.” La población refugiada palestina es la más antigua del mundo y equivale a una cuarta parte del total mundial. Esa población sigue deseando volver a su tierra y hogares, en una espera que parece no tener fin y que sigue aumentando, ya que la ocupación de Palestina no ha dado tregua. UNRWA apoya a estas comunidades, da empleo en sus programas a gran número de refugiados, y ofrece asistencia  en salud, educación y alimentaria. En lo relativo al coronavirus, como lo expresara recientemente el Director de Salud de UNRWA, este “explota las injusticias humanas y no se detiene a las puertas de los campos de refugiados de Palestina”. Si la pandemia es compleja para todos, imaginemos lo que es enfrentarla en situaciones de bloqueo, de ocupación, de hacinamiento, de acciones violentas que viven los refugiados palestinos, y es lo que hace UNRWA en los países del Medio Oriente donde están ubicados. 

Cuando uno se detiene en el drama de los refugiados, además de los muertos, la destrucción y todos los otros desastres que producen las guerras, se pregunta cómo se decide y se emprende como una misión patriótica y entusiasta, esta hecatombe. Se podría entender algo, si  se va a la guerra por una legítima defensa de la vida o el territorio. Pero es que muchas guerras se emprenden por causas que ni los mismos soldados tienen claras, cuando se pelea en intervenciones en un país extraño con culturas que poco se comprenden. Y otras se convierten en el uso brutal de la fuerza para legitimar invasiones u ocupaciones ilegales e injustas. 

Más allá de las razones que creen justificarlas, hay un nexo profundo en cada ser con la conservación de la vida, que empieza con la propia y se extiende a la familia y a la comunidad. El “no matarás” es un imperante moral, un principio ético fundamental, consecuente con  la dignidad que le damos a la condición humana. Para la guerra hay que reprogramar ese nexo. Los ejércitos deben ir a la guerra o a los ataques ordenados, a matar o a morir,  como parte de su razón de ser. Por eso la propaganda se convierte en una gran aliada de las acciones violentas y está presente en todo el proceso que permite hacer viables estas acciones. Primero, al servicio de la imagen del gobernante, luego en los valores o antivalores que se inculcan desde la educación, después creando si es necesario un enemigo que hay que deshumanizar con la propaganda y sobre el que hay que crear odio, miedo y menosprecio, y por último convenciendo a los que van a luchar de su valor y servicio heroico a la patria, y a sus familias para que como se sigue afirmando, le den sus hijos a la patria, sabiendo que los pueden perder. Se sabe además que así sobrevivan tienen luego en su mente y en su cuerpo, traumas que marcan de por vida, porque no fuimos hechos para matar. 

A través de la historia y desde tiempos muy antiguos, y por diversos medios, se vende “imagen” para hacer sentir el poder de un gobernante y para mostrar ese poder a su pueblo y al mundo. La palabra propaganda como tal,  empieza a usarse como un término eclesiástico por  la Iglesia Católica, a partir de la “Congregación para la propagación de la fe”,  en el también conocido como “Colegio de Propaganda”.  A finales del siglo XVIII, se empieza a utilizar en el lenguaje laico.

En las nefastas guerras del siglo XX, la propaganda jugó un papel preponderante y fue manejada con destreza por los líderes con total conciencia de su poder. Lenin decía: «Lo principal es la agitación y la propaganda en todas las capas del pueblo”. «El hombre moderno, afirmaba Musollini, está asombrosamente dispuesto a creer». Hitler, por su parte afirmaba: «La propaganda nos permitió conservar el poder y nos dará la posibilidad de conquistar el mundo”. Y con su natural menosprecio a la mujer expresaba: «En su gran mayoría el pueblo se encuentra en una disposición de ánimo y un espíritu a tal punto femeninos, que sus opiniones y sus actos son determinados mucho más por la impresión producida en sus sentidos, que por la pura reflexión». Experto en el uso de la propaganda la insertó también en el contenido noticioso, como lo vemos ahora en los medios entregados al poder,  o preparando cortos mostrándose en ambientes bucólicos, acariciando niños y perros, mientras arremetía con cruentos embates bélicos. La propaganda política vende y manipula ideas con toda la artillería sicológica y evita llevar al análisis para sembrarlas acríticamente, casi como un condicionamiento pavloviano, como afirman algunos analistas. Importa el efecto de la palabra, pero  la idea no cuenta.

Refugiados: causas e intervención de la Comunidad Internacional

 

Refugiados belgas en París, en 1914


P.
Agradeciéndole de nuevo su generosidad, para aportarnos claridad en estos complejos temas, Profesor Rafat, nos referimos ahora a los refugiados, quienes constituyen una de las más graves consecuencias que dejan las guerras, las ocupaciones, las represiones brutales de algunos gobernantes, los genocidios u otras acciones violentas contra un pueblo. Es importante que nos ayude a profundizar en las causas de este drama humano, y en el manejo que le ha dado la Comunidad Internacional al mismo.

R. Lo primero que debe tomarse en consideración es la causa profunda de las crisis de refugiados. Existen causas intervinientes –ubicadas en el nivel doméstico, como la represión criminal de las dictaduras o supuestas democracias-, y otras que son determinantes –el imperialismo y la propagación violenta de la globalización capitalista neoliberal-. Si se mira las poblaciones refugiadas más numerosas, estas provienen en efecto de países intervenidos militarmente por Occidente y Estados Unidos en particular.

La solución a esta variable es compleja. Depende por un lado de la presión interna de los ciudadanos en el mundo occidental, que pueden y de hecho en diversos casos ejercen una presión continua para que sus respectivos países se abstengan de llevar a cabo esas intervenciones. Por otro lado, depende también de que esas potencias entren en una fase de declive muy profundo que les imposibilite llevar a cabo estas intervenciones y desvíen sus intereses y recursos al plano interno.

P. Se sabe que esos declives aunque parece que de a poco se van dando, son procesos largos y el problema es de máxima urgencia. ¿Qué cree usted que se puede hacer ahora?

R. Quizás una alternativa algo realista sea el rol que pueden desempeñar las organizaciones internacionales, pero sobre todo en la acción directa de los ciudadanos y la sociedad civil en una escala global. Si bien la solución no debe centrarse en atender el “problema” de los refugiados, sino en evitarlo, las organizaciones como la Acnur y otras ONG´s han hecho un trabajo importante para aliviar la existencia de los refugiados y canalizar la ayuda que requieren. Sin embargo, aún aquí existen algunos problemas.

Por ejemplo, el régimen internacional de protección a la población refugiada –y cuyo principal actor es la Acnur- aún contiene vacíos importantes: actualmente la mayor parte de la responsabilidad recae en los países vecinos receptores de población refugiada, cuando debería darle más responsabilidad a los países de otras regiones; esto por supuesto es una norma que blinda al primer mundo, causante de esos problemas y que después de ocasionarlos se hacen los de la vista gorda. En segundo lugar, el actual marco institucional establece que la distribución de la carga es en gran medida discrecional, es decir, los Estados aún no están obligados a aportar recursos para atender a los refugiados, e incluso estos siguen teniendo –o creen tener- cierta discrecionalidad en nombre de la soberanía para decidir a quiénes reciben y a quiénes no.

Refugiados sirios en Líbano y Jordania. (Real Instituto Elcano.org. 18,4, 2017)

P. Profesor, aunque la solidaridad debe ser de todos, es impactante el dato de que el 85% de los refugiados son recibidos por países en vías de desarrollo o con graves problemas de crisis internas como en la zona del Medio Oriente. Los primeros tienen graves problemas internos aún de pobreza y falta de acceso general a derechos fundamentales, como para recibir poblaciones y ofrecer condiciones dignas a quienes,  generalmente, llegan solo con la vida. Los segundos ni siquiera el derecho a la vida lo pueden garantizar, porque su misma gente vive en riesgo.  ¿Cómo se puede afrontar esto si los países que pueden comprometerse más no lo hacen?

R. Los países más ricos y desarrollados –y que de paso son los más intervencionistas o cómplices de ese intervencionismo- son al mismo tiempo sociedades que aún tienen vestigios de las viejas prácticas y discursos racistas/eurocentristas. En muchos casos, los movimientos populistas y anti-inmigración buscan avanzar en sus agendas políticas apelando al discurso de la “identidad”: esto solo es posible comprenderlo si se reconoce que los movimientos en cuestión lo conforman simultáneamente oportunistas políticos y racistas xenófobos que no tienen problema en recurrir a esa estrategia.

De ese modo, la población refugiada se enfrenta a un doble problema: los límites impuestos a los Estados por una estructura social racista y xenófoba –o el temor de las élites dominantes de perder el poder si no escuchan las demandas de los movimientos anti-inimigración-, y los mitos creados en torno al “problema” que generan supuestamente los migrantes. Entre esos supuestos problemas, vale la pena mencionar los siguientes: la pérdida de empleos, el aumento del gasto fiscal, la inseguridad, entre otros como la ya referida pérdida de identidad.

Sin embargo, toda la evidencia apunta a que el efecto es el opuesto: todos o la mayor parte de los economistas y sociólogos que han estudiado el fenómeno de la migración concluyen que la presencia de más extranjeros en la fuerza laboral no perjudica a la población nativa, básicamente porque estos y los migrantes tienen en general diferentes habilidades y compiten por diferentes tipos de trabajos; de hecho, a los trabajadores locales les va mejor porque la competencia laboral lleva a la especialización en trabajos mejor pagados en los que los migrantes no pueden competir por no tener esas habilidades o no manejar el idioma local. Los migrantes, como han comprobado diversos estudios, tienen además un importante espíritu empresarial o comercial por su condición misma de migrantes (sobrevivencia, individualidad, esfuerzo personal).

De modo que los migrantes en general, y los refugiados en particular, no deben ser vistos como una carga, sino como personas que aportan a la sociedad receptora. Más aún, al recibirlos e integrarlos, estas sociedades no solo están promoviendo un derecho básico, sino beneficiándose a sí mismas. Al darles asilo, y posteriormente el derecho al trabajo, la salud y educación, los refugiados pueden comenzar una vida productiva en esos países de acogida. Si este proceso se lleva a cabo rápido, se convierten con mayor razón en miembros productivos de la sociedad.

Para llegar a este punto, sin embargo, debemos volver a la condición inicial: los cambios de actitud, de mentalidad y el abandono progresivo de los prejuicios racistas y xenófobos deben estructurarse en gobiernos y sociedades con valores democráticos reales. Y ello, en gran medida, depende de la educación plural y un constante esfuerzo y vigilancia por parte de las fuerzas democráticas.

Una fotografía que por sus contrastes y composición es arte, pero ue muestra una dolorosa realidad. Acnur, Roger Amoid. ttps://www.acnur.org/asilo-y-migracion.html

 

P. Usted dice que el tema es cómo evitar que se dé esta realidad de los refugiados. Quisiera por favor que nos profundice más esta afirmación. ¿Cómo cree que se puede lograr evitarlos?

R. La solución radica en que las grandes potencias abandonen sus viejas prácticas intervencionistas o que estas dejen de apoyar a regímenes autoritarios que reprimen a su población, y la mejor manera de lograrlo es generando presión, a través de una ciudadanía activa, a esos gobiernos.

P. ¿Cómo imagina usted que se pueda lograr – citando sus palabras del anterior diálogo- “una democracia que recoja las aspiraciones ciudadanas que demandan una vida digna e interacciones pacíficas con otras naciones” y esa ciudadanía activa y consciente que la historia requiere?

R. En gran medida, esto depende de la implementación de una educación plural y el constante esfuerzo por parte de las fuerzas democráticas, los actores de la sociedad civil global y la presión de la ciudadanía activa a los gobiernos.

P. El mundo entero ha visto el drama de las miles de personas que trataron de abandonar Afganistán ante los sucesos recientes del anuncio de la salida de EEUU, después de tanto tiempo de permanencia, y hasta de su presidente, y la retoma Talibán del poder. Aunque algunos países ofrecen asilo temporal o permanente, ¿cómo se debe manejar a la luz del Derecho Internacional Humanitario este drama en momentos de tanta incertidumbre y cómo se puede de alguna manera proteger a la población que permanece, especialmente a las mujeres que están en grave riesgo?

R. Tras la toma de Kabul de parte de las fuerzas talibán, decenas de miles de personas han intentado huir del país, básicamente porque muchos de ellos, que sirvieron al gobierno afgano y su patrocinador internacional (Estados Unidos), temen represalias por este último motivo. Las Naciones Unidas ya advirtieron de una catástrofe humanitaria; los movimientos de derechos de las mujeres, asimismo, manifiestan no estar seguras de su futuro y denuncian retrocesos frente a los logros conseguidos en los últimos 20 años.

Si nos basamos en la normatividad internacional, como se dijo en una respuesta anterior, no deberíamos augurar una salida humanitaria y digna. Algunos países, como Estados Unidos, están canalizando alguna ayuda y están dispuestos a ubicar a algunos cuantos miles de refugiados, pero esto no es suficiente. De nuevo, la solución estará en manos de la sociedad civil global: en primer lugar, a través de voluntarios que ayuden a los refugiados reasentados a aliviar sus condiciones mínimas de supervivencia; ello incluye actores como la Cruz Roja y la Media Luna Roja, que podrían ayudar a los refugiados desde la recogida en el aeropuerto, y después con la alimentación, adaptación y tutorías. En segundo lugar, haciendo donaciones a organizaciones como Women for Afghan Women, quizás la organización de mujeres más grande de Afganistán. En tercer lugar, la ciudadanía activa de cada país (como en Estados Unidos), puede presionar a su gobierno para que tomen medidas más eficaces de seguridad o refugio que abarquen a un número mayor de refugiados.

La propaganda aliada de la guerra

 

“Tu país te necesita”, invitación inglesa a enlistarse en la guerra, 1914

 

Al volver a las cartas de Einstein y Freud, tituladas con la pregunta ¿Por qué la guerra?, Einstein empieza a plantear a Freud otros temas que competen a la psiquis humana y a la psicología de las masas. Y al preguntarse por qué las masas siguen a esos líderes a la guerra, conociendo todo el sufrimiento que conlleva o los aprueban al cometer actos violentos contra otros, surge el tema de la propaganda. Conocemos como los grandes dictadores de la historia la han utilizado. Y en este tema de la propaganda aparecen otros espacios que no son los medios, sino también las escuelas y la Iglesia. Como lo afirma Einstein, la propaganda es gran aliada de las guerras. ¿Cómo ve usted esta relación?

R. Es completamente válido relacionar la propaganda con los mecanismos psicológicos que tiene todo ser humano (la llamada naturaleza humana), lo cual prueba que estos mecanismos siguen siendo legítimos para analizar las guerras o conflictos en general. La naturaleza humana no solo está conformada por la “razón”, sino por otros mecanismos que vuelven al ser humano lo que en efecto es: un ser social, un ser con sentimientos y capacidad de socialización de acuerdo a ciertas costumbres y una moral que adquiere a través de la familia y la sociedad –que a su vez es producto de procesos de interacción previos que los humanos crean para sobrevivir y prosperar colectivamente.

La razón misma, de hecho, tiene límites, y no es suficiente para establecer cuál es la mejor alternativa para convivir armónicamente en sociedad; unos, por ejemplo, creen que su “moral” o “religión” es la mejor alternativa, dándoles un carácter universal extremadamente violento; otros, sin embargo, son capaces de reconocer que tanto la moral como la razón solo pueden ser particulares y acordadas colectivamente en un marco nacional.

La Hasbara o el intento de legitimar la ocupación

 

Muslimvillage.com,2013/02/02/34928/israeli-hasbara-the-lethal-art-of-war-propaganda

 

P. En los conflictos actuales, vemos por ejemplo el poder del sionismo, que usted ya explicaba, en la manipulación mental con todo un engranaje de propaganda por medio de la denominada Hasbara, o “esclarecimiento” para el Estado de Israel, en el que pretende justificar y perpetuar sus acciones ilegales y violentas contra los palestinos. ¿Qué nos quiere decir al respecto?

R. La Hasbara o propaganda pro-israelí apunta precisamente a manipular las mentes y normalizar el régimen de apartheid que ha establecido Israel sobre Palestina. En otras palabras, la Hasbara es un intento de dar forma –de legitimar o naturalizar- la ocupación, la limpieza étnica, el genocidio y otras formas brutales de expansión sionista a costa de la población palestina. Estos actos por supuesto generan rechazo e indignación en amplios sectores de la sociedad civil globalmente, de modo que la Hasbara desempeña un rol central en el encubrimiento de esas atrocidades. Ello no significa que la propaganda pro-israelí siempre tenga éxito, sino simplemente que la presión internacional los obliga a reinventarse permanentemente: lanzan campañas de chantaje donde utilizan el trillado discurso del anti-semitismo –es decir, de miedo irracional y odio hacia los judíos, que en todo caso no se debe permitir-, para desviar la atención en torno a la crítica legítima dirigida al Estado de Israel.

Esto último es anti-sionismo -el foco real y legítimo de la lucha contra el régimen violento de apartheid establecido por Israel-, y no anti-semitismo. Otra estrategia usada por los propagandistas pro-israelíes es la falsa dicotomía entre Israel –una supuesta democracia- y Hamas –tildado como un simple grupo terrorista. Como se dijo en una respuesta anterior, esta categorización es falsa o por lo menos minimiza y descontextualiza la realidad de los palestinos, que se están resistiendo a la ocupación usando medios violentos para hacer frente a una violencia mayor, indiscriminada, ilegal e ilegítima por parte de Israel. A veces, la propaganda pro-israelí también recurre a una táctica consistente en excluir al resto de la humanidad interesada o abrumada por la situación de los palestinos; para ello, la Hasbara manifiesta que la causa palestina es solo una causa árabe (o musulmana) y de nadie más; ello por supuesto es errado, ya que la causa palestina, así como cualquier otra que reivindica la dignidad y la justicia, es una causa humana.

 

P. Vemos como se ha utilizado también la propaganda en iglesias cristianas en países de América, que ni siquiera conocen muy bien la historia del Medio Oriente, trayendo a colación el Antiguo Testamento, por cierto tan colmado de violencia, pero que en esa mezcla de religión e historia, legitima su actuar por voluntad divina…

R. Sí, de acuerdo. Para el caso de la ocupación palestina, son las iglesias cristianas evangélicas –específicamente los evangélicos fundamentalistas- y otras denominaciones cristianas las que defienden al Estado de Israel y su supuesto derecho a establecerse en Palestina. A estos fundamentalistas se les conoce comúnmente como sionistas-cristianos, y la razón que los impulsa es en esencia religiosa: la creencia según la cual el retorno del pueblo judío a Tierra Santa en conjunto con el establecimiento del Estado de Israel en 1948 van en el camino del cumplimiento de la profecía bíblica: debido a que la Iglesia católica falló en la redención o segunda venida de Cristo, esta tarea debe recaer en los judíos –que por cierto aún esperan la llegada del Mesías por primera vez-.

Y según los sionistas-cristianos, este requisito para la segunda venida de Cristo la deberían liderar los judíos, ya que a través de ellos, y su conversión final, se completaría el ciclo para que llegue la bendición divina. En Estados Unidos, por ejemplo, este grupo representa unas 80 millones de personas, lo cual se traduce en un fuerte caudal electoral para todo aquel que sepa manipular este movimiento.

Próxima entrega: Pulsiones de vida y muerte, y consideraciones finales.