4 de diciembre de 2021
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Los cinco centavitos p’al peso

24 de octubre de 2021
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
24 de octubre de 2021

Eventualmente me he referido en algunas de mis columnas a mi deseo −deseo mío, y de muchos amigos manizaleños con los que mantengo contacto− de ver que se complete por fin la conexión sin solución de continuidad entre el tramo de «Autopistas del Café» que va desde Manizales hasta Chinchiná, y la red nacional de autopistas de doble calzada. Conexión necesaria para evitar que, en el futuro, la nuestra sea la única ciudad importante del país sin comunicación directa, en doble calzada, con dicha red.

Desde hace muchos años nos ilusionamos con que tendríamos una buena carretera, toda en doble calzada, que uniría a nuestra ciudad con Pereira, y también, sin obstáculos, con Armenia o con Cali (y de paso, con el corredor Bogotá−Buenaventura). Hay que reconocer que eso tan específico nunca nos lo ofrecieron. Pero, seguramente pensando con el deseo, esa era la imagen que nos generaba ese nombre de «Autopistas del Café». Sin embargo, la verdad era que el diseño original contemplaba dos tramos en calzada sencilla: uno, de Chinchiná en adelante hasta El Jazmín; y el otro, la variante La Romelia−El Pollo, como alternativa al paso por las congestionadas áreas urbanas de Dosquebradas y Pereira.

Al segundo de los tramos nombrados, el más congestionado y el que a simple vista parecía el más difícil de resolver, precisamente por su cercanía con las áreas urbanas mencionadas, parece que se le ha encontrado una solución. Esa variante, con muchas curvas y largos tramos de fuerte pendiente, ha sido siempre muy congestionada por el intenso flujo de camiones desde y hacia Buenaventura; además, se cierra con cierta frecuencia porque cruza terrenos no muy firmes en los que a menudo se presentan cierres causados por derrumbes. Esto se traduce en un serio problema de tráfico por las calles de Pereira, lo cual presionó para que se encontrara respuesta al problema. De tiempo atrás se venía contemplando la idea de establecer una nueva modalidad administrativa para el manejo del peaje Cerritos II. En enero de 2020, apenas iniciando su período como gobernador de Risaralda, Víctor Manuel Tamayo dio a conocer a la Agencia Nacional de Infraestructura, y también directamente al presidente Duque, su propuesta de dejar en manos del estado el manejo de ese peaje, en lugar de entregarlo a un privado que obviamente buscaría obtener ganancias por su operación, mientras con el manejo directo «los recursos nos rendirían más frente a tantas necesidades en materia vial». Con este sistema, el gobernador esperaba financiar la doble calzadas La Romelia−El Pollo, además de otra obra muy importante para los pereiranos: la segunda calzada entre Cerritos y La Virginia.

Pasó el tiempo. El gobierno nacional compró la idea y los cálculos previos mostraron que la administración directa del peaje y la construcción de las vías por agencias del estado podrían tener resultados incluso más importantes que los previstos por el gobernador. El pasado 8 de octubre, el presidente Duque estuvo en Pereira para asistir a la firma de un convenio entre el INVÍAS y los departamentos del Valle y Risaralda, que dio vía libre a la financiación, con recursos del peaje ahora bajo control estatal, de obras por valor de un billón doscientos mil millones de pesos, incluida la tantas veces mencionada doble calzada La Romelia−El Pollo, muy importante para Pereira, como se dijo, pero también para Manizales, cuyo tránsito hacia el Valle se ve seriamente afectado en la actualidad por el trancón permanente que hay en ese sector.

El 23 de octubre se anunció en el noticiero de RCN Radio que se había firmado un contrato de entrega de 35 estaciones de peaje de las carreteras colombianas a una empresa privada. Seguramente el de Cerritos II no estará incluido en ese paquete, porque su producido está comprometido solemnemente en el convenio firmado en Pereira el 8.

En cuanto al tramo entre Chinchiná y El Jazmín, con un tráfico menos problemático por tener menos curvas, menos pendientes y menos camiones, su solución −aunque solo parcial, hay que decirlo− se ha estado buscando desde antes: por allá en marzo de 2018, en una noticia titulada Recursos de peajes de autopista se invertirán en cinco grandes obras en la vía Jazmín−Armenia, se anunciaba en este diario que los gobernadores de Caldas, Quindío y Risaralda, la Agencia Nacional de Infraestructura −ANI− y Autopistas del Café, se habían reunido en Manizales, en el Palacio de la Gobernación, y habían acordado invertir los recursos en poder del Eje Cafetero por recaudo de peajes (no el de Cerritos II sino los ubicados en Autopistas del Café), para adelantar varias obras en dicha vía, entre ellas el par vial de Campoalegre (El Jazmín−Tarapacá II−variante La Paz).

Esta ha sido una buena noticia, por supuesto, pero, como dicen, no hay dicha completa. Es una solución parcial, repito, porque nos faltarán los cinco centavitos para el peso: va a quedar sin ampliar un primer tramo de 5 kilómetros entre el puente Doménico Parma en Chinchiná y el peaje de Tarapacá II. Así lo advirtió el columnista de EJE 21, Álvaro Rodríguez Hernández, en su columna Autopistas del Café reanuda 2 proyectos, publicada el 16 de abril de 2020, y así se deduce al observar las obras que ya se están llevando a cabo. Es indispensable buscar nuevos recursos para ese corto tramo entre Chinchiná y Tarapacá II, para que la conexión quede completa.

Quedaría pendiente, además una vía corta, pero muy importantes: la rectificación y pavimentación de la carretera Viterbo−Apía. Es la forma de que Caldas también participe, como lo hace Risaralda, en el desarrollo del Chocó. Cuando se termine la carretera Apía−Quibdó, Manizales también tendrá, como lo va a tener Pereira, un acceso directo a ese departamento que, tarde o temprano, va a tener una importancia muy grande en la economía nacional.