18 de mayo de 2022
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La educación

28 de octubre de 2021
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
28 de octubre de 2021

Siempre pensamos que la educación es el camino para salir adelante, para enfrentar la vida con las mejores armas y repetir en otros lo que en nosotros hicieron en su tiempo, permitiendo a los de ahora esa formación que nos ha capacitado para estar en donde estamos.

Se que suena paradójico, pero lo que hoy por hoy estamos presenciando en la juventud es algo que no se compadece mucho con lo que se hace por ellos, o creemos haber hecho. O, simplemente, las cosas han cambiado tanto, que no logramos entender lo que significa el esfuerzo que se realiza sobre esas mentes jóvenes.

Nos basta observar lo que se viene sucediendo en las ciudades.  Por donde se mire sólo vemos paredes rayadas, no con obras de arte o cosa que se le parezca. No! Con rayones que indican solamente que un sujeto carente de cultura pasó por allí, dejando en esas rayas su testimonio de presencia en el lugar. De esta manera, los jóvenes usan su dinero para comprar la pintura con la que enmugran su casa, porque la ciudad es la casa de ellos y la de todos nosotros también, sino que consideran que esa inversión en pintura es productiva y así pueden volver el lugar, este, en el que habitan, en lo que les gusta, una pocilga, sitio en el que seguramente fueron criados y en el que se revuelcan.

Es que esas rayas son propias de gentes sin la más mínima educación. Sí! Eso podría suponerse. Pero raro es que, en los lugares en los que más rayas se ven, es en cercanías a colegios y a universidades. Sí! Universidades. Sí! En sectores en los que se mueven los privilegiados de la sociedad, los que pueden o pudieron educarse, si es que educarse es adquirir principios y valores y noción de lo que nos es propio, de lo que hay que cuidar. Pero no! Parece que en esa juventud esas cosas no tienen  cabida y el respeto y el cuidar las cosas no  está en sus cerebros, cerebros que se ocupan, por ejemplo, en poner letreros que claman por “libertad”. ¿Libertad para hacer que? ¿Libertad para ensuciar lo propio, o lo que nos es común? ¿Libertad para hacer lo que les de la gana? ¿Libertad para pasar por sobre los demás sin que nadie reclame por lo que, como estela de destrucción, de desorden, de desaseo, queda atrás? ¿Acaso de esa concepción de libertad podrá salir un mejor país, un país sin odios, sin revanchas por lo que otro hace o nos hace? ¿Libertad como expresión de cosa diferente a la que hoy se tiene y no queremos mejorar, pero que esperamos que un alguien venga y recomponga de buenas a primeras como por arte de magia, o esperamos que ese don nadie termine coartando esa libertad mal buscada mediante procedimientos absolutistas que nos quiten la desdeñada verdadera libertad?

Hoy, por fortuna, y en los últimos años lo hemos venido viendo, el presupuesto para educación ha crecido hasta ser el de mayor disponibilidad de recursos. Recursos que no siempre son bien utilizados, como lo vemos en los resultados que la educación primaria y media vienen presentando y en las pruebas Pisa, debido a la mala orientación de un sindicato de obreros de la educación que dilapida el esfuerzo que hace la nación para obtener gentes con buenas bases y orientaciones. Es una lástima.  Fecode debe recapacitar.

Y bien vale la pena darle una mirada a los recursos que se aplican en universidades y en sus docentes. Todo, en procura de que, a más recursos, podamos obtener mejores ciudadanos. Pueda ser, clamamos los pagaimpuestos que esperanzados queremos que haya un cambio, cambio que debe empezar a notarse en las paredes y edificios de las ciudades y luego en progreso general y en oportunidades para todos.

Manizales, octubre 26 del Segundo Año de la Peste.