5 de diciembre de 2021
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El criterio de Jorge S. Robledo (XXI)

27 de octubre de 2021
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
27 de octubre de 2021
(Serie de cartas dirigidas al experimentado periodista,  Orlando Cadavid,  co-fundador de Colprensa y Eje 21, director de cadenas radiales y maestro de muchos reporteros, sobre historia de la prensa por los 100 años de La Patria)

Orlando:

Lo he mencionado varias veces. Había que hacerlo, porque fue de los que mantuvo más vínculos con Medellín, porque su estampa  y la de sus hermanos, aclaran el por qué el nuevo Caldas  alcanzó desde sus primeras décadas, además del peso económico y social, el intelectual que lo consagró como Departamento Modelo en la Colombia del nuevo siglo. Porque  fue Jorge S. Robledo el poeta más conocido por todos los manizaleños, lo que vale decir,  el más popular y memorizado, y por sentirlo como suyo,  el más destacado de su tiempo en Manizales y Caldas. No solo por ser el más laureado, sino también, por la intensa actividad periodística que realizó en ese primer cuarto del siglo veinte, la que no solo abarcó todos los frentes editoriales, sino el del humor político en verso, que  lo mismo que producía escozor,  avivaba el interés, suscitaba la discusión, y no escasas rabias en los intocables.

Jorge S.Robledo, dibujado por José Manuel Cardona.

También debió influir, por no llamarla rebeldía, la independencia  de su temperamento, si tenemos en cuenta  el respeto y la reputación intelectual de sus importantes hermanos mayores, Eusebio y Emilio Robledo Uribe. El  mayor,  abogado criminalista, ocupó distintas secretarías en el Departamento de Antioquia, estuvo en el congreso, académico, orador, autor de dos textos de literatura, también fue poeta, inclusive premiado en juegos florales de Antioquia y Salamina. Más conocido entre nosotros, Emilio Robledo, el distinguido sabio, comenzó en la Revista Nueva y ya hablaremos de su labor en el Archivo Historial. Médico especializado en París,  científico, botánico, historiador, lingüista, gobernador de Caldas, rector de la Universidad de Antioquia, senador, presidente de las academias, rechazó el ministerio de educación. Escribió poemas menores, pero son sobre todo sus investigaciones, su Geografía Médica y nosológica de Caldas, sus Lecciones de Botánica, sus Papeletas Lexicográficas,  su biografía del Mariscal Jorge Robledo, su traducción y notas del  libro de J.J. Parsons sobre la colonización, entre muchos escritos, los más divulgados.

La familia se trasladó de Salamina  a Manizales en 1892, y el menor se puso bajo el magisterio de don Jesús Londoño Martínez.  Viajó a terminar su bachillerato a Medellín.  A los 18 años,   en Manizales,   Jorge S. Robledo compite en los  primeros Juegos Florales de 1904, y obtiene el primer puesto Aquilino Villegas por una argucia de enamorado, para lo que adaptó un cuento de D’Annunzio, pero reconoció con nobleza al que en verdad triunfó, el autor de Los Funerales del Sol, e hizo prender la violeta de oro en la solapa del joven.

Estudiaba entonces Jorge S. en Medellín, en la Escuela Normal de la Universidad de Antioquia. La que pronto lo nombrará profesor y más tarde vicerrector. Nombrado mantenedor  de unos juegos celebrados en Tunja, hace la convocatoria en un poema como  discurso inaugural. A los 19  participó en la capital antioqueña en otro concurso similar, y fue premiado de nuevo por su Himno Vernal, lo que no era fácil en ese medio, aunque la primera presea la obtuvo el librero y fundador de revistas literarias, Antonio J. Cano, el “negro Cano”, más de diez años mayor.

La oposición  al gobierno del general Rafael Reyes, conocido como el Quinquenio, se extendía por el país, a  pesar de la censura de la dictadura. Desde 1905 se comenzó a conspirar contra él, y el 10 de febrero de 1906, ocurrió el famoso atentado contra su vida. Integrado por  las mejores cabezas de los dos partidos, surgió uno nuevo. El republicano, con la orientación de Carlos Martínez Silva y la dirección del antioqueño Carlos E. Restrepo. La asonada del 13 de marzo de 1909, en la que participaron  líderes universitarios  de los dos partidos,  como Enrique Olaya Herrera y Laureano Gómez, grandes oradores y futuros presidentes de Colombia, fue definitiva y precipitó el retiro de Reyes en junio de ese año.

La presión ejercida por la llamada Unión Republicana en estos hechos, la llevó a reunir el congreso, escoger el designado para terminar el período presidencial y a convocar una Asamblea Nacional para reformar la Constitución.  Jorge S. Robledo, que ya hacía parte activa de aquella tendencia,  fundó a poco de la caída dictatorial, el 23 de octubre de 1909,  el semanario El Criterio,  y desde Manizales, a la que había regresado,  contribuyó a esos propósitos políticos. Este periódico, literario y de  variedades, que duró hasta 1916, además de beligerante, reunió a los mejores escritores del momento y su propietario comenzó a mostrar en él sus recursos de polemista.

Colombia entera se aprestaba a celebrar el Centenario de la Independencia en 1910. Con los otros jóvenes poetas, bohemios, y artistas, sus amigos, funda el Círculo Bergerac, se reúnen en el café al que Jorge S. bautizó El Genio Alegre, y las noches manizaleñas se vuelven dominio inspirado del grupo. Surge entonces un movimiento intelectual muy unido, en el que buena parte de sus integrantes hace periodismo para darle firmeza al nuevo Departamento del Sur, que no ha definido del todo ni su nombre, ni los municipios que lo han de integrar. El Criterio, impreso en los talleres de la editorial Renacimiento de don Justiniano Macía, es el principal medio que trabaja en ello, junto con otros, y sin los viejos sectarismos de los partidos.

 

Esa fiebre patriótica que despertó el primer Centenario, llevó a los dirigentes de la ciudad a realizar la más trascendente celebración, y entre otros festejos convocó a concursos literarios en nuevos juegos florales, con selecto jurado de los directores de la Revista Nueva. Los amigos del Círculo instan a Jorge S. a participar, y es cuando presenta sus sonetos a La Bandera Colombiana, que ganaron la violeta  por la calidad poética en la exaltación a los valores patrios, sonetos que fueron memorizados por los niños en todas las escuelas.

Desde sus primeros lauros, sus versos aparecían en publicaciones de Caldas y Antioquia. Y en las de sus amigos, comenzó a escribir notas políticas con cierta distancia de los partidos tradicionales. Una frase de su amigo Jesús Arenas en Albores, es sintomática de lo que vivían ciertos espíritus: “Los anticuados moldes de los bandos Conservador y Liberal, que no hicieron  más que lanzar  al pueblo al torbellino de las revoluciones, deben ser rotos…”. Es de junio de 1907. Si la familia de Jorge S. Robledo y sus eminentes  hermanos eran conservadores, su espíritu independiente y liberal se manifestó siempre. El periodismo le atrajo con fuerza, y como buen discípulo de su primer maestro -a quien le dedicó impecable y agradecido soneto-, en su persistente actividad periodística, desarrolló con resolución y energía esa tarea, colaborando especialmente en las publicaciones de sus amigos,  de forma destacada en las literarias y fundando el suyo político, como órgano del partido republicano, cuyo título, El Criterio, definió la guía de sus ideas y actuaciones públicas.

Siguió escribiendo tanto en su semanario como en otros. Por eso su nombre aparece en casi todos los de sus amigos, en forma destacada en los  de Oscar Arana, Arlequín (1911), Pierrot (1911), y  La Fragua (1919), en Colombina, de Ignacio Gómez Calderón y Roberto Londoño Villegas (1912) en Lampos de Carlos Patiño (1912), en Palabras también de Londoño Villegas (1913), en El Cable, del liberal antioqueño Enrique Castro (1913) en Alma Nueva (1915) de Gonzalo Restrepo, Luis E. Puerta y Correa Uribe,  claro que en Renacimiento de don Justiniano Macía (1914), en Consigna Liberal (1915) de Francisco L. Buitrago, en El Eco  de Pedro Luis Rivas de 1915,  en el Diario,  de Rivas, en 1920, en La Prensa de Luis E. Puerta (1922), que al año siguiente se fusionó con El Universal de su amigo Restrepo.

Pero su mayor influencia como periodista, la hizo Jorge S. Robledo cuando joven, en El Criterio ya citado, por su carácter político republicano, por haber sido dirigido después por Pedro Mejía Duque y José Macía, por los distinguidos escritores que vinculó, por su duración de más de siete años, pero por sobre todo, por haber aparecido en sus páginas “el célebre escritor desconocido, Odín, quien sostuvo una importante polémica político-religiosa con el conocido sacerdote Luis Carlos Muñoz, habiendo sido aplaudido hasta por las autoridades eclesiásticas”. Nunca se supo ni se ha sabido el nombre verdadero del que utilizó ese seudónimo.

Cimentó su fama de poeta cuando el 16 de agosto de  1913  fundó y dirigió Jorge S. Robledo la revista literaria Motivos, en la que colaboraron los prestigiosos del país, le dio eco a su grupo del Círculo Bergerac, y se convirtió en uno de los hechos  más fundamentales en el historia de la cultura de Caldas. De nuevo como periodista político y polémico, cuando en sus propios talleres, comenzó a imprimir y dirigir el Heraldo Liberal, que fue entonces el órgano del directorio departamental, el 29 de abril de 1917, que dirigieron después Enrique Cordobés y Gabriel Salazar Q. y en el que  los principales liberales de Caldas escribieron, desde Juan Bautista López, o don Mario Arana, hasta su orientador de literatura y  liberalismo, don Victoriano Vélez.

Pero es el ironista político, el dominador del verso, y el periodista de humor,  los que une Jorge S. bajo el seudónimo de Fisgón, en El Diario de Pedro Luis Rivas, para fustigar con rimas satíricas y  burlonas, al padre Fabo, al discutido sacerdote Márquez, a las juntas de censura, a los de  La Patria recién nacida, en fin, en  esas Metepatologías, que fue el mote que les dio, inauguró ese estilo, del que volveré a hablar cuando  dediquemos la atención, al periodismo humorístico en Manizales y Caldas.

Me perdona apreciado Orlando, lo mismo sus admiradores como mis lectores,  que le haya escrito tres cartas en una, sobre un poeta y periodista tan  reconocido en los primeras tres décadas del siglo XX y tan olvidado, aún vivo,  en las tres siguientes, y ni se diga después, que dejó manuscrito un bello libro ilustrado de versos, Huerto, el que conservó celosamente a la vez que se obstinó en impedir su publicación.  Al poeta le consagré un ensayo  en Papel Salmón 473 de La Patria, el 4 de noviembre de 2001.  Era justo que nos detuviéramos en el periodista, que hizo parte con los otros dos grandes, del extraño fenómeno que creo no se dilucidó nunca y del que le daré cuenta en la próxima carta.