27 de octubre de 2021
Directores
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¡Si lo hicieron otros, porque no yo!

25 de septiembre de 2021
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
25 de septiembre de 2021

Hace pocos días la Súper Sociedades tomó control de la Sociedad Monómeros Colombo – Venezolana S.A.

Es un evento que podría no ser noticia, tal vez un hecho de rutina.  Una entidad que cumple con lo suyo, asegurar que la milenaria figura de la sociedad de negocios no se desvié de la ley y de sus estatutos, y así, proteger los intereses de socios minoritarios, o acreedores sociales estén a salvo.

Lo que pudo ser noticia y no fue, es que la Superintendencia actuaba con independencia del Gobierno,  por la  peregrina sensación que deja el que, con este control, se le está exigiendo de manera indirecta cuentas a éste como  artífice de entregar el manejo de Monómeros a la oposición chavista, en cabeza de un gobierno etéreo e imaginario, el de Guaidó.

En una sociedad libre el Estado debe andar por los márgenes de la marcha de la iniciativa económica privada, y solo entrometerse cuando advierta irregularidades en su funcionamiento, cuando pongan en peligro su entorno económico. La Administración debe refrenar esa vocación muy suya de considerar que ella es la que tiene la mejor fórmula para mejorar las cosas. No hablamos de una gran política que promueva un capitalismo social, de lo que si se debe ocupar, sino de la carpintería de la gestión de los negocios.

Nuestra Superintendencia de Sociedades está por encima de esas delicadeces, y tiene su propio recetario. Es ella la que tiene el secreto para el manejo de los negocios. O eso es lo que se deduce que un comunicado en el que decide tomar una medida severa, como es la de someter a control a Monómeros, porque esto es lo que dice ella, porque: se han identificado situaciones susceptibles de mejora, en sus procesos económicos, jurídicos y administrativos

El comunicado de la Súper no habla de números, de pérdidas, de descapitalización, de mala gestión. La sociedad bajo control responde y pone de presente como está pasado por un buen momento económico, con crecimiento en el 2020, esto es en pandemia, en un 200% con respecto al año anterior, buenas utilidades, 32.000 millones de pesos, quince mil empleos. Cierto es, afronta las dificultades derivados de las medidas de embargo de E.UU. a Venezuela desde hace años. No es asunto nuevo, ni que pueda remediarse con la toma de control. Lo que si es nuevo y decisivo es la toma de control por parte de la Súper lo que desato la crisis, pues proveedores de Monómeros ante el riesgo, prefieren no suministrar insumos. Si no había razón para acogerse a salvamento para aliviar la caja, ahora es la salida obligada.

Queda entonces la pregunta: ¿lo que mueve al Gobierno es una razón económica, o es una movida en el tablero político?

Pero antes de dar con a la respuesta, surge otra pregunta de fondo ¿Puede hacerse una revoltura de la economía de los negocios con las jugadas políticas? ¿Puede una entidad técnica, que en ocasiones cumple la función de juez, decidir con criterios eminentemente políticos?

Todo el edificio institucional de una sociedad descansa en tres sistemas -Luhman- que tienen sus propias órbitas independientes, aun estén estrechamente interconectados.  El mundo del poder, del derecho y de la economía. Y el secreto para que haya armonía es que cada submundo se maneje según sus propias lógicas y criterios. No se pueden resolver los asuntos jurídicos con el olfato del político. No se puede ejercer el poder tasando la rentabilidad del dinero. No puede resolver los asuntos de la economía bajo la lupa de las rencillas políticas.

Ensayemos una hipótesis creíble. La decisión e la Superintendencia se inspira en alinearse con una clara y reiterada política del Gobierno de debilitar, incluso de expulsar, a Maduro del Palacio de Miraflores. Y la toma cuando en México hay una delegación del gobierno negociando con la oposición, entre otros puntos, la regularización de las propiedades de la nación venezolana en el exterior, interferidas por gobiernos extranjeros, que impiden que sus producidos ingresen a los presupuestos de la nación, como el caso de Citgo en EE.UU. y Monómeros en Colombia.

Este si es noticia:  la Superintendencia de Sociedades se sale de su órbita técnica y quiere jugar un papel en la política internacional. Es del gusto de Barreto, ahora Superintendente encargado, que quiso granjearse la amistad de los Windsor. Pero la medida, por el fin que se invoca, debe concitar alarma en el sector empresarial.

Hacer de las instituciones un arma política apareja efectos perversos y funestos. La utilización de la Contraloría General de la República como medio para ser cobros de deudas políticas, aplastar enemigos políticos, es de vieja data. De años más recientes, más tenebrosa aún, es una Fiscalía General, con poder sobre la libertad y la honra, puede triturar a quien sea obstáculo para una carrera política ocultamente promovida, o destruir negocios si ello se traduce en prueba de su contundencia contra el delito.

Desembarcar en el mundo de los negocios con la artillería política, es ahondar en esa enorme deficiencia que aparece continuamente registrada en los índices que miden los entornos económicos que propician el mundo de los negocios en todos los países.  Aguzaríamos nuestras debilidades medidas como inseguridad jurídica, desconfianza en las instituciones.

Y, es que, las decisiones de una institución no solamente resuelven un caso particular, sino que con esa solución van marcando un camino para decisiones posteriores. Puede ser que las medidas como golpean al Dictador Maduro pueden ser bienvenidas, pero subestiman que ese mismo proceder sea utilizado como precedente. Vean este escenario. Sube al poder Petro. En este caso es mejor prepararse para un escenario en el que él hará uso de su poder intensamente, y dentro de ello la facultad para señalar empresas para ser intervenidas. Especulemos, y lo haga para saldar cuentas con el grupo Char, o el de Gilinski. Y bajo la misma motivación que ahora se invoca, darles una mano para que mejoren, y así más fácil responde a las réplicas ¡Si lo hicieron otros, porque no yo!