21 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Nos están vigilando con el sistema de reconocimiento facial

12 de septiembre de 2021

Sistema de reconocimiento facial. Imagen BBVA.

Esta pandemia ha dado a los gobiernos la oportunidad de tomar una serie de medidas de control que limitan las libertades individuales. Nos acercamos cada vez más a un mundo vigilado por el gran hermano, siguiendo el ejemplo del gobierno de la República Popular China. Con motivo de celebrarse el primer partido de fútbol con público en Bogotá, en una de las tribunas del estadio han hecho el ensayo de utilizar un sistema de reconocimiento facial a los 1400 aficionado que ingresaron, y hasta descubrieron que 30 de esas personas tenían una identificación que no correspondía a los datos que reposan en la base de datos de la Registraduría Nacional del estado Civil. Parece que el sistema es bien efectivo. Al menos, las declaraciones del Registrador estaban llenas de optimismo sobre la posibilidad de saber exactamente quiénes habían entrado a esa tribuna. Esto permitiría identificar fácilmente a quien participara en disturbios o riñas durante el partido, y no se puede negar que esto es positivo; pero, en la medida en que más escenarios y sitios de concentración de la gente se vayan dotando de estos sistemas, nos iremos acercando a un modelo de sociedad en la que cada persona, cada minuto de su vida, estará sometido a la vigilancia, al seguimiento milimétrico, a la pérdida de la privacidad. Por más demócrata que sea un gobierno, por más garante que se sienta de los derechos humanos, siempre se está corriendo el riesgo de que pretenda mantener ese ojo vigilante sobre la oposición. Lo peor es que contra eso no hay defensa. En un gobierno de extrema izquierda, o de extrema derecha, la débil democracia de que disfrutamos estará en peligro de deteriorarse. Peligro que se disminuye, pero no desaparece del todo, con un gobierno de centro. ¿Cómo se garantiza que no ceda a la tentación de usar esas poderosas herramientas de control, si siente que empieza a perder apoyo en la opinión pública? Sería apenas natural que deseara utilizar toda la tecnología que esté a su alcance para mantenerse en el poder.

UN ESCÁNDALO QUE LE HA HECHO MUCHO DAÑO A LA IMAGEN DEL GOBIERNO

Finalmente se cayó la ministra Karen Abudinen. El escándalo del contrato para instalar centros digitales en escuelas rurales en regiones apartadas del país y que fue adjudicado en parte a la unión temporal Centros Poblados que recibió un anticipo de 70 mil millones de pesos cuyo destino final aparentemente se desconoce, y que había presentado documentación falsa en el proceso de adjudicación, le ha hecho mucho daño a la imagen del gobierno. Finalmente, ante la presión de la oposición, el presidente Duque le tuvo que pedir la renuncia a la ministra. La moción de censura que se cursó en el congreso nacional obtuvo una mayoría de votos, pero no los suficientes para que quedara aprobada. Sin embargo, ya el daño estaba hecho y la renuncia había sido presentada por la señora Abudinen y aceptada por el presidente.

SON POCAS LAS ESPERANZAS DE QUE SE LOGRE RECUPERAR ESE DINERO

Por supuesto, a nadie se le puede negar la presunción de inocencia mientras no se le venza en juicio. Habrá que esperar el resultado de las investigaciones. Mientras estas no terminen, no se sabrá si la actuación de la ministra fue resultado de su incapacidad y torpeza, o si obró dolosamente. En todo caso, son pocas las esperanzas de que se logre recuperar ese dinero. Lo cierto es que las comunidades campesinas que se iban a beneficiar con el proyecto seguirán desconectadas, quién sabe por cuánto tiempo. El perjuicio para estas comunidades es inmenso. En esta época de pandemia y de educación virtual, la conectividad es esencial para evitar el atraso en el proceso educativo de miles y miles de niños.

EL ATENTADO CONTRA LAS TORRES GEMELAS

Se cumplieron 20 años de los terribles atentados terroristas contra las torres gemelas de Nueva York y contra las instalaciones del Pentágono. En medio de intensas medidas de seguridad, tuvo lugar en la Zona Cero, al sur de Manhattan, en el sitio que ocupaban esos inmensos edificios orgullo de la arquitectura estadunidense, una ceremonia de conmemoración con presencia del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, de otras autoridades y de los deudos de las víctimas de la acción terrorista.

CONTROLES INCÓMODOS PERO NECESARIOS

Esos atentados cambiaron el mundo. En los Estadios Unidos y, finalmente, en todos los países, se establecieron controles conducentes a evitar que un hecho como ese se volviera a presentar. A partir de entonces, por ejemplo, el simple hecho de subirse a un avión se convirtió en un desagradable proceso de mostrar identificaciones, someterse a cacheos, quitarse la chaqueta, el cinturón y los zapatos. A lo que han venido a sumarse ahora, las medidas de control que pretenden disminuir los contagios del coronavirus.

GRAN DERROTA PARA LA NACIÓN NORTEAMERICANA

A raíz de las acciones terroristas de ese 11 de septiembre, los Estadios Unidos invadieron a Afganistán para dar de baja a los criminales que se habían refugiado es esa nación. Cumplido ese objetivo, decidieron quedarse en el país invadido, donde permanecieron estos 20 años, hasta el pasado 31 de agosto, fecha en la que, en cumplimiento de acuerdos celebrados por el gobierno del presidente Trump con los talibanes, se culminó una precipitada evacuación que se convirtió en una gran derrota para la nación norteamericana. La esperanza de que las tropas del gobierno afgano lograran mantener el control del país durante algún tiempo se vieron frustradas inmediatamente, Ni siquiera quisieron luchar. El país quedó en manos de los terroristas y no se sabe aún cuál es el futuro de esa nación signada por lo trágico.

DIFÍCIL SABER QUÉ ES PEOR

La situación en Asia central no podría ser más confusa. Los talibanes solo son apoyados por extremistas islámicos en algunos países de la región. Las potencias europeas, que acompañaban a los Estado Unidos en sus acciones de ocupación, también tuvieron que marcharse rápidamente. Las exrepúblicas soviéticas vecinas, que hoy son países independientes, tienen frente a sí una grave disyuntiva: deben decidir si aceptan al nuevo gobierno afgano comandado por notorios terroristas, o si se le oponen. Difícil saber qué es peor. La paz en esa región del mundo está en grave riesgo. De Rusia y China, vecinas de Afganistán, depende en gran medida el futuro. El mundo está pendiente de lo que pueda pasar allá. Habrá seguramente una nueva crisis migratoria, porque los afganos que colaboraron con las fuerzas de invasión norteamericanas y de la OTAN van a ser perseguidos por todos los rincones. Las mujeres y las niñas, cuyos derechos que habían sido más o menos defendidos por los invasores, están a punto de perderlos. En fin, el mundo no se cansa de criticar a Biden por la forma absurda y desorganizada como dejaron el campo a los talibanes. El desarrollo futuro de los acontecimientos es una verdadera incógnita.