21 de septiembre de 2021
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Los desmanes del burócrata con poder

11 de septiembre de 2021
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
11 de septiembre de 2021

La aparición de funcionarios de la Agencia Sanitaria del Brasil en el Arena do Corinthians, cuando ya había empezado la función, la de la eliminatoria al mundial de Catar, ofrece una oportunidad sin parangón para ilustrar los riesgos bajo los que vive toda sociedad que se somete a una burocracia, a la que se dota de mecanismos de poder, en aras de que ella imponga orden a todos los ciudadanos.

La burocracia de allá y de aquí les gusta hacer alarde de poder. Qué escenario más propicio

el que les ofrecía unas cámaras y teleaudiencia universal encendidas, pendiente del clásico Brasil – Argentina, esperando ver jugadores corriendo detrás de la pelota, y no lo que sucedió, huyendo de las autoridades de inmigración que iban a arrestarlos en la cancha, una vez empezado el partido.

La afición del poder a los medios de comunicación es una consejera terriblemente peligrosa. Puede llevar a las autoridades a los extremos delictuales. La Policía Federal mexicana, en el 2005, cuidadosamente preparó la farsa de un secuestro para la prensa. El operativo de rescate debía empezar justo en el horario de transmisión de los telenoticieros de la franja triple A. Televisas y TV Azteca fueron llamados previamente, para que el país entero viera lagrimas de supuestas víctimas, y la captura de Florence y de Israel, unos inocentes ciudadanos, escogidos caprichosamente para que sirvieran de ejemplo de eficacia de las autoridades, aun tuvieran que pagar una condena a prisión de sesenta años. Esta ficción de las autoridades fue ampliamente desenmascarada en una obra de no ficción: La Novela Criminal de Jorge Volpi.

Aquí, en Colombia, chapuceros, se grabó y transmitió como proeza de inteligencia y de eficacia policial, la detención de un muchacho que participaba en las manifestaciones sociales recientes, con bicicleta y remolque para un altoparlante. Todo estaba preparado para que fuera rodeado espectacularmente por escuadrón policial motorizado que ya sabía que allí dentro:  una bolsa con papas bomba, la que había sido plantada cuadras atrás por un falso manifestante que pedía ayuda, del que nada sabía el elegido como terrorista para el consumo mediático  y de seguro, mucho menos que la policía.

A las autoridades sanitarias se les ha concedido poder en tiempo de pandemia para restringir la circulación e las personas y evitar contagios.  La manera como exigieron su cumplimiento las autoridades de salud de Sao Paulo, es una ilustración poderosa de los resortes que mueven las decisiones.

Todas ellas pretextan el hacer cumplir la ley, a la que se han de someter todos, sin excepción. Y de nada vale, que la gente no se lo crea. Mientras menos fiables sean las autoridades, más pruebas requieren de ocasionales pruebas de su verticalidad. Los argentinos la ocasión la pintan calva, hicieron trampa en un formulario de ingreso al país. ¡Vamos por ellos¡

Si con esa falta se ponía en riesgo la salud pública, poco importa. Las autoridades sanitarias son las de un Gobierno que ha minimizado la pandemia, que no cree en vacunas, o tapabocas, ni distanciamiento social, ni en la norma violada, pues esta surgió como represalia diplomática contra la Gran Bretaña por exigirle cuarentena a los viajeros provenientes del Brasil.

¿Si no estaban comprometidos con la salud, que perseguían?  Ejercer de manera estridente la autoridad. Eso fue lo que se vio: un resonante golpe de poder.

¿Podían esperar un tantico la expulsión? Vale la pregunta a todos los funcionarios que en el planeta hicieron uso del poder de restringir libertades de manera inmediata ¿Podían esperar un tantico el confinamiento?

Para los del Brasil, no porque dos horas después el partido ya había terminado, y con las cámaras apagadas, ya qué gracia. Para los de nuestro terruño, no porque el momento pintaba único para sentirse como un Lleras Restrepo mandando a dormir a la gente con dos horas de anticipación.

Vistas las cosas desde hoy, ¿se justificaba la aplicación inmediata y rotunda de las medidas de expulsión de las calles y confinamiento en las casas, tal como se hizo? Los juicios a posteriori no son ejercicio de agudeza, toman indebida ventaja sobre quienes decidieron sobre arenas movedizas y desconocidas. Por eso no se pueden utilizar para   derivar juicios de responsabilidad, pero sí, para atribuir méritos y reconocimientos a quienes, pese a la desorientación, tomaron el camino correcto.

Veámoslo desde esta perspectiva. La capacidad de resistencia de la población a estar encerrada es un costoso recurso escaso. De hecho, se agotó para cuando, por fuerza, las autoridades tuvieron que levantar las medidas de confinamiento: la gente se había tomado las calles, y toda medida para recluirla de nuevo era impracticable.  Esto pone en evidencia el prematuro activismo que padecieron nuestros funcionarios, y la dilapidación del recurso escaso. Con treinta mil contagios diarios lo que más se requería era una nueva cuarentena. Y no para los dos primeros meses y medio, antes de que el nivel de contagios en el país sumara los primeros treinta mil, el 3 de junio del 2020. No solo se gastó anticipadamente, sino cuando era una elección equivocada, pues era más factible encerrar sólo a los contagiados. ¿Cuántos pueblos vivieron el absurdo de trancar las puertas para evitar un virus no había llegado a la región?

Como las brasileñas, las autoridades locales no se podían esperar un tantico para que el encierro de los habitantes no les cayera sin aviso. En Bogotá la gente que se encerró para un puente de San José, de repente, recibieron la orden de no salir más y quedar atrapados por semanas, allí donde y con quien los cogió la noche. ¿No habría sido posible dales una tregua, demorar la medida tres días, para que se prepararan para un enclaustramiento de más largo aliento, y pudieran llevar a sus casas implementos y materiales y continuar con sus actividades, o proveerse de los peroles que carecían, o que los visitantes de ocasión regresaran a sus propias residencias?

Si la premura marca el compás de inicio de la pieza del poder, el leiv motiv corre por cuenta de la desmesura. Es una inclinación natural de quien ostenta el poder ejercerlo de manera que resuene, que estremezca ¡Que se vaya el mundo abajo, con su FIFA y su Conmebol¡. Que lo sientan los que tengan finca de recreo. Por unos meses salir al campo a mejor cumplir el aislamiento era un acto de traición a las autoridades. Se dispuso a que la policía asegurara que la población quedara atrapada en las ciudades y los que regresaban bronceados tenían que jurar que no habían tomado el sol.