20 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Lecciones de periodismo tras la muerte de la princesa Diana de Gales

1 de septiembre de 2021
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
1 de septiembre de 2021

Deseo compartir con ustedes, los lectores de esta columna en Eje 21, una anécdota periodística ocurrida hace 24 años. Y comparto además, las enseñanzas que dejó.

En América todavía era Viernes (30 de Agosto de 1997) y, como de costumbre, me encontraba aquella noche, desde mi casa, buscando material a través de emisoras de onda corta en distintos lugares del mundo, para incluir en el noticiero RCN-Klaridad del cual era director en Miami. En Europa era la madrugada del 31 de Agosto. Escuchaba la tradicional BBC de Londres cuando interrumpieron la programación para dar un informe extra, diciendo que la princesa Diana de Gales se encontraba herida tras sufrir un accidente automovilístico en la capital francesa.

De inmediato comencé a grabar la noticia y no habían transcurrido más que unos minutos cuando la voz entrecortada del locutor que estaba siempre aquella hora en la BBC, confirmó para el mundo que la princesa había fallecido. También su compañero sentimental, Dodi Al-Fayed, y el conductor del vehículo, Henri Paul. El único ocupante del vehículo que sobrevivió, aunque resultó gravemente herido, fue Trevor Rees-Jones, jefe de seguridad del hotel Ritz en París, quien iba como guardaespaldas.

Grabadora en mano me comuniqué de inmediato con estudios centrales de la cadena radial RCN en Bogotá, de la cual era su corresponsal en Miami. Tras recibir la autorización telefónica de nuestro jefe Juan Gossaín, quien escuchó la grabación de confirmación de la BBC, fui puesto al aire. La instrucción de un experto como Juan fue que siempre diera el crédito a la BBC. Aunque es una fuente de total credibilidad, era la única en ese momento. En aquel entonces no existían los medios electrónicos de hoy para ampliar la información. Se me pidió sostener la transmisión mientras llegaban refuerzos a la cabina central en Bogotá. No era sencillo, pero se logró con ayuda limitada de un colega en Bogotá. Cadenas de otros países vecinos a Colombia enlazaron con RCN. Y sin pensarlo, estaba transmitiendo la noticia para varias cadenas de radio en Latinoamérica.

No recuerdo bien si uno de los colegas Francisco Tulande o Juan Manuel Ruiz, o tal vez ambos, fueron los primeros en llegar mientras lo hacían el jefe Gossaín y otra parte del equipo, quienes se hicieron cargo de continuar con el desarrollo de la información. Mientras tanto Juan me pidió mantenerme comunicado por si surgía nueva información desde Londres.

Aquella noche aprendí nuevas cosas sobre la que el colega Norberto Patarroyo llama, y coincido con él, la mejor profesión del mundo.  Entre otras cosas, aprendí que emociones de ninguna naturaleza pueden estar por encima de la objetividad del periodista. Nuestra misión es informar y hacerlo con la verdad, con mesura, con pulcritud. También aprendí que, mantener una transmisión de gran o menor escala, tanto en radio como en televisión, no puede dar lugar a la improvisación y es necesario apoyarse y corroborar lo que dicen las fuentes. Que, bajo ninguna circunstancia, el periodista es protagonista; aparte de la satisfacción personal por el buen trabajo realizado, no existe otra circunstancia que permita el protagonismo; nadie se preocupará por el nombre de quien dio primero la noticia, eso no es lo importante. Igualmente, que la confianza que brinda un jefe a un subalterno en cualquier medio de comunicación, tuvo que haber sido ganada, no es algo fortuito. Y podría continuar con lo aprendido, pero dejémoslo hasta ahí.

La misma BBC había transmitido dos años antes del accidente, una polémica entrevista lograda, al parecer con engaños, por uno de sus periodistas, Martin Bashir, con Diana Spencer, en la que ella reveló que estaba separada del príncipe Carlos. Desde ahí comenzó la rígida persecución de los paparazzis a los cuales la misma BBC señaló que contribuyeron al accidente, aunque se demostró luego que el conductor del vehículo estaba bajos los efectos del licor.

Es, indudablemente, la muerte que más ha conmovido al mundo durante el último siglo. Se calcula que 2.500 millones de personas vieron el funeral por televisión. Todavía hoy, 24 años después, se publican nuevas teorías sobre las causas de lo ocurrido en el interior del túnel del Alma en París aquella noche. La princesa tenía 36 años, es decir que en julio de este año habría cumplido 60 años. Su conmovedora y temprana partida, conmovió al mundo, y contribuyó al aprendizaje de nuevas lecciones de periodismo para mi, un eterno enamorado de mi profesión.