21 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El legado de Virgilio Barco vuelve a Colombia al conmemorar su natalicio

14 de septiembre de 2021
14 de septiembre de 2021

Jaime Ortega Carrascal

Bogotá, 14 sep (EFE).- La figura del expresidente Virgilio Barco Vargas, un estadista visionario que enfrentó el narcoterrorismo, firmó la paz con la guerrilla del M-19 y fue defensor del medioambiente y los derechos de los pueblos indígenas, vuelve a gravitar esta semana sobre la política colombiana al cumplirse un centenario de su natalicio.

Nacido en Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, el 17 de septiembre de 1921, Barco ejerció la Presidencia de Colombia entre 1986 y 1990, un periodo de violencia desbordada por el terrorismo de los carteles de las drogas que intentaron doblegar al Estado y la sociedad en su guerra contra la extradición a Estados Unidos.

Barco no solo mantuvo a flote la democracia colombiana en esos oscuros años sino que hizo avanzar al país en muchos aspectos, gracias a su formación intelectual y a la visión liberal y moderna del mundo que adquirió en sus años de estudiante en Boston (EE.UU.), donde en 1943 se graduó de ingeniero civil en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT).

«Yo lo definiría como un demócrata, ante todo, y un hombre moderno con un gran sentido social, con una formación filosófica liberal, de ideas liberales, con lo que eso significaba en Colombia, y un gran respeto por las ideas ajenas», dijo a Efe el historiador Álvaro Tirado Mejía, que hizo parte de su equipo de Gobierno.

FIRMEZA ANTE EL NARCOTERRORISMO

Barco, que murió el 20 de mayo de 1997, a los 75 años de edad, fue «un hombre de principios. Le tocó el narcoterrorismo y lo enfrentó con muchísimo valor, con una entereza absoluta», recuerda Julio Londoño Paredes, que fue canciller durante todo su mandato y hoy es decano de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticos la Universidad del Rosario.

Al presidente formado en el ambiente liberal de Boston no le tembló la mano para firmar las primeras extradiciones de narcotraficantes a EE.UU., lo que arreció la guerra de los carteles contra el Estado, una campaña de terror que puso en jaque a las instituciones.

«Le tocó una época muy difícil, de las más convulsionadas de Colombia porque había varias violencias al mismo tiempo contra el Estado, la de varios grupos guerrilleros, la de los narcotraficantes que tuvo la particularidad del narcoterrorismo en las ciudades y también agentes del Estado desviados de sus funciones», explica Tirado Mejía.

En esos años fueron asesinados cuatro candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán (1989), Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, ambos en 1990.

«Frente a las más duras amenazas, Barco dejó el ejemplo de no ceder, un claro ejemplo moral», señala el historiador británico y colombianista Malcolm Deas, autor de la biografía «Barco. Vida y sucesos de un presidente crucial, y del violento mundo que enfrentó», publicada en 2019.

PAZ Y DERECHOS HUMANOS

A pesar del delicado momento histórico que le tocó, Virgilio Barco se dedicó también a buscar soluciones a algunos de los problemas más acuciantes del país, como la paz con los grupos guerrilleros.

Como parte de esa política, el 9 de marzo de 1990 firmó la paz con el M-19, guerrilla que durante 16 años había propinado audaces golpes al Gobierno, incluyendo la sangrienta toma del Palacio de Justicia en Bogotá, el 6 y 7 de noviembre de 1985.

Tirado Mejía recuerda que a pesar del periodo turbulento en que gobernó, Barco «era muy respetuoso de los derechos humanos» y se esmeró por hacer avanzar al país en ese campo.

«Barco creó la Consejería de Derechos Humanos para significar que son parte sustancial de la democracia, que no puede haber democracia sin derechos humanos», añade el historiador, quien fue el primero en ocupar ese cargo.

El mandatario impulsó también la ecología y leyes «para proteger la Amazonía y para dotar de resguardos indígenas varios millones de hectáreas de tierra», expresa Tirado Mejía.

Según rememoró el propio Barco en el discurso que dio como orador invitado en la ceremonia de graduación de 1990 en el MIT, su Gobierno entregó «más de 40 millones de hectáreas de selva; un área más grande que Inglaterra, a resguardos indígenas en la región Amazónica».

POLÍTICA EXTERIOR

En política exterior dio una proyección a Colombia, país que por su aislamiento era llamado «el Tíbet de América Latina», y profesionalizó la Cancillería y los puestos diplomáticos.

«Barco sacó al país de una condición de provincia y lo llevó a ser un país con una enorme influencia en el continente y con una proyección en el mundo», recuerda Londoño Paredes.

En ese sentido destaca que con su diplomacia presidencial cambió la visión internacional sobre el narcotráfico para hacer ver que Colombia no era responsable del problema de las drogas sino una víctima.

«Colombia era entonces señalada como único responsable de todos los daños de la droga en el mundo. Barco cambió esa mentalidad y le hizo saber al mundo que nosotros éramos unas víctimas de eso, algo que reconocieron Estados Unidos, la Unión Europea y la comunidad internacional en general», explica su excanciller.

El legado de ese estadista moderno, que además fue embajador en Estados Unidos y en el Reino Unido, alcalde de Bogotá y ministro en varias ocasiones, será recordado este lunes en un homenaje que le hará el Gobierno en el Teatro Colón. EFE