21 de mayo de 2022
Directores
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¿Dónde está el infierno?…

21 de septiembre de 2021

Por Esteban Jaramillo Osorio. 

El Once a la deriva, devorado por los errores, al borde de la intolerancia extrema de los aficionados, como reflejo de la incapacidad para gestionar la crisis, para jugar y para ganar.

*La inteligencia ha sido relevada por las torpezas, el conocimiento por la ineptitud y las relaciones personales con respeto, por una dictadura disfrazada*.

La errónea inversión en jugadores, así lo demuestra.

Lo barato sale caro. Preferible un jugador de 30 millones, con rendimiento garantizado, y no tres de doce, en la decadencia. A ese extremo ha llegado la miopía.

Se ve como solución prioritaria la venta de las acciones. Pero nadie está obligado a comprar y mucho menos a vender.

De paso, no aparece el dinero para hacerlo.

Así se garantice la sostenibilidad del club por la vía del gerenciamiento, no se ve posible, en las circunstancias actuales, explotar un bien sin comprarlo, bajo el pretexto de arrendamiento.

En el Once corren rápido el balón, siempre dividido, y los tiempos, por la escasez técnica, el retroceso de los valores jóvenes y la negativa influencia de futbolistas que quieren salvarse a si mismos, sin importarles el club o sus compañeros.

Solución alternativa es que Corredor, el entrenador, saque el máximo rendimiento de los futbolistas, con decisiones drásticas, sin pensar en los milagros. Cuando aparecen los resultados atenúan los riesgos.

No todos en el interior del club son confiables. El gerente deportivo, por ejemplo, ambiciona el cargo de entrenador y no lo disimula. Otros, enemigos interiores, pasan los días ocultando sus apetitos personales, con caretas. A veces vale más un chismoso que un empleado diligente.

Que diferencia grande hay entre hablar claro, ante el conocimiento público, o ensayar discursos con silencios y misterios, ante sumisos y aduladores. Esteban J.