25 de mayo de 2022
Directores
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Se rompe la cuerda…

5 de agosto de 2021

Por Esteban Jaramillo Osorio.

El esfuerzo  de la dirigencia del Once Caldas, para conformar un plantel atractivo y competitivo, se malogra, hasta ahora, por la incapacidad de gestión desde el banco del entrenador.

Hay jugadores, no hay equipo.

Lara no alinea bien e improvisa, sus  relevos no son alentadores, el rendimiento de sus elegidos dista mucho de lo pretendido y sus incorporaciones, con pocas excepciones, no marcan diferencia.

Excluyendo a algunos, la nómina está cargada de veteranos susceptibles a las lesiones por el desbordado e inadecuado trabajo  físico. El Once parece un comando para ir a la guerra. Correr, meter y morder, están con preferencia en el libreto. Muchos kilómetros, pocas ideas.

De paso, varios de los futbolistas contratados llegan tras larga inactividad, lo que los lleva a pasear constantemente por la enfermería.

 En zona de gol, el Once poco funciona.

Aproximarse a la portería contraria no equivale a atacar bien. Hay, en ello, un equívoco interpretativo. Tener la pelota no es dominar, porque se determina en esto, la zona y la influencia.

Messiniti se complica a la hora de resolver, aunque goza de opciones. Lo  inactiva la ansiedad. Juan D. Pérez es punzante, pero invididual y Cuero es fulgurante por momentos, pero desaparece en el combate. De Marco Pérez, hasta ahora, nada que decir, aunque sus antecedentes indican que es goleador por rachas, no constante, que incomoda defensas para generar espacios.

Alejo García actúa con frecuencia, pero es intrascendente. No se afirma. Ménder deambula sin confianza y continuidad y Carreazo da vueltas con la pelota, indefinido en su demarcación. Que ampuloso, gritón y desaforado es Guzman. Regaña descompuesto todo el partido con escasa influencia en el juego. El caso de Buschiazzo es preocupante. Lento, demasiado lento y ahora lesionado. En defensa, que mal se marca.

Pasan los días, con la expectativa de que este asunto  mejore. De lo contrario, deberá amarrarse los pantalones el presidente ante el técnico. Este último, con el paraguas abierto, no debe justificar sus errores, o los de sus compañeros, en los demás.

Lo que se ve, no es lo esperado. Esteban J.