20 de mayo de 2022
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Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo

23 de agosto de 2021
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
23 de agosto de 2021

El 18 de agosto de 1989 fue asesinado el dirigente político Luis Carlos Galán porque se había convertido en un símbolo, en la esperanza para cambiar al país. Era el segundo ganador de las siguientes elecciones presidenciales y, para detenerlo, se fraguó una alianza macabra entre narcotraficantes, paramilitares, algunos políticos y funcionarios del Estado. En esa época Colombia se estaba convirtiendo en un narcoestado y eliminaban a las personas que intentaran abortar el proceso; así se explica la relación entre la mafia y los políticos pues aquí estaba el verdadero poder.

Galán fundó el Nuevo Liberalismo, en 1979, como una disidencia de su partido, para cambiar las tradiciones politiqueras y con el objetivo de luchar contra la corrupción y contra los carteles del narcotráfico; recordemos que el presidente Julio César Turbay decía que había que “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. En ese momento Colombia era un país en crisis; los mafiosos, en su soberbia, habían desatado el pánico narcoterrorista que desafió al Estado y se convirtieron en los principales generadores de violencia. En este camino de sangre asesinaron, en Bogotá, al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla (el 30 de abril de 1984) y se inició una nueva etapa de violencia. Mientras tanto el director de El Espectador, Guillermo Cano, libraba una intensa batalla contra los carteles de la droga, desde su columna “Libreta de Apuntes” y, en consecuencia, fue asesinado por sicarios el 17 de diciembre de 1986, cuando salía del periódico. Esta era la cultura que Galán quería cambiar, pero sabía que para llegar a la presidencia de Colombia necesitaba de todo el Partido Liberal; logró el apoyo de los grandes jefes, empezando por Julio César Turbay, y de este modo quedó encabezando fila, desplazando a Ernesto Samper, a Hernando Durán Dussán y a Alberto Santofimio.

En la carrera hacia la presidencia le ayudó la imagen y la forma de hacer política. Dominaba todos los temas, estaba seguro de sus ideas y tenía un discurso coherente, con excelente tono de voz; tuvo muy buen asesor de imagen, vestía como los jóvenes, agradaba a las mujeres, cautivaba con su “pinta”, con el bigote y con el pelo desordenado. A lo anterior se le suma el famoso afiche del publicista Carlos Duque, que a una gran velocidad fue apareciendo en ventanas, paredes y muros, hasta que se tomó todo el país. Para esta época la juventud estaba cansada del país secuestrado por las mafias y por la corrupción y se fue identificando con el programa de cambio que proponía Galán. Fue un fenómeno político y en agosto de 1989 registraba el 70% en las encuestas y una imagen positiva del 80%. En este punto sus poderosos enemigos se asustaron.

El enemigo de Los Extraditables

La gente decía que el candidato estaba listo para presidente, pero si la mafia no lo mataba antes porque sus enemigos eran Pablo Emilio Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Dicho y hecho, los sicarios siguieron el libreto al pie de la letra. El 4 de agosto de 1989 Galán se encontraba en Medellín para ofrecer una conferencia en la Universidad de Antioquia, cuando el coronel Valdemar Franklin Quintero, comandante de la Policía en Antioquia, descubrió un lanzamisiles en la ruta que tomaría el candidato; el mismo coronel lo escoltó hasta el aeropuerto para sacarlo de la guarida del lobo. Este oficial había sido condenado por Pablo Escobar y fue asesinado con mucha crueldad, el 18 de agosto a las 6 y 15 de la mañana, en Medellín, cuando se encontraba sin escoltas. Y el día anterior fue ultimado en Bogotá el magistrado Carlos Ernesto Valencia, porque había anunciado la condena de Pablo Escobar y Rodríguez Gacha por los crímenes contra Jaime Pardo Leal y Guillermo Cano.

Estos hechos prendieron las alarmas cuando se anunció que Galán acudiría a la manifestación en la plaza de Soacha; numerosos amigos trataron de convencerlo para que no asistiera, pero ya se había comprometido con los jefes políticos del municipio. Tres días antes el general Miguel Maza Márquez, director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), le había cambiado el jefe del esquema de seguridad y lo reemplazó por Jacobo Torregrosa, lo que despertó dudas y sospechas; pero el director del DAS aseguró que todo estaba controlado.

El ambiente en la manifestación era muy raro y sospechoso. Había unas 20 mil personas, circulaba el licor con toda libertad y los voladores y la pólvora ambientaban la algarabía. La seguridad era pobrísima lo que facilitó la acción de los sicarios. José Elver Rueda Silva, uno de los asesinos, el famoso hombre de la pancarta al revés, vestido de blanco con sombrero también blanco de cinta negra y otros 12 jóvenes por el mismo estilo y comportamiento, estaban dispersos entre la multitud. Cuando el candidato subió a la tarima, a las 8 y 45 de la noche y levantó los brazos para saludar, lo alcanzaron las ráfagas disparadas por la metralleta de Jaime Rueda Rocha, un sicario de los paramilitares del Magdalena Medio. Los hombres de las pancartas habían tapado la visibilidad.

Lo que sigue parece una película porque todo estaba bien programado por la mafia y por los agentes del Estado que colaboraron. Los sicarios soltaron armas y pancartas y huyeron hacia Melgar, mientras tanto, el director de la DIJIN, coronel Óscar Peláez Carmona, anunció (agosto 22) la captura de cinco personas que fueron presentadas como los asesinos del candidato. El director del DAS informó sobre el papel que jugó cada uno en el crimen, pero se trataba de chivos expiatorios, un montaje de falsos positivos para desorientar a la justicia. Los condenados permanecieron 42 meses en la cárcel hasta que un juez los dejó en libertad porque eran inocentes.

La impunidad

El complot para desviar el crimen empezó con la captura de los inocentes. Un mes después fuerzas de la policía y oficiales del ejército capturaron a los sicarios, a los gatilleros, pero los fueron dejando libres; con el tiempo los asesinaron. Hasta ahora han condenados a dos pesos pesados: Alberto Santofimio Botero porque según Popeye fue quien convenció a Pablo Escobar de asesinar a Galán, y Maza Márquez por el cambio de escoltas para debilitar la seguridad del líder político y por la desviación de la investigación. También fueron condenados otros oficiales como el coronel retirado Manuel Antonio González, por fallas en el esquema de seguridad y el general retirado Óscar Peláez Carmona, exdirector de la DIJIN. En este magnicidio se movieron poderosas fuerzas porque la mafia no hubiera podido asesinarlo sin la complicidad de agentes del Estado, que se han venido moviendo para enredar la investigación y cubrir el asesinato con el manto de la impunidad. Ante las dificultades la Fiscalía calificó este caso de crimen de lesa humanidad, argumentando que se trató de “[…] un plan sistemático […] para eliminar a ciertas personas que se oponían a los narcotraficantes”. De este modo el proceso no prescribe.

El legado

Como consecuencia se convocó la Marcha del Silencio, la Séptima Papeleta, la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución. Su lucha no era solo contra el narcotráfico y el crimen organizado que lograron acorralar al Estado, sino, además, contra la corrupción y el clientelismo. Su programa político apuntaba a un país moderno con una sociedad más justa; creía en la negociación política para alcanzar la paz. Por eso 32 años después sus ideas siguen vigentes, aunque los verdaderos dueños del país tratan de extender el manto de silencio sobre su memoria.

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La Corte Constitucional le devolvió la personería jurídica al Nuevo Liberalismo pero ¿serán capaces sus hijos y los viejos dirigentes de resucitar el movimiento político?