24 de mayo de 2022
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Los ensayos de William Ospina

5 de agosto de 2021
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
5 de agosto de 2021

Para hablar sobre los ensayos del escritor tolimense William Ospina podría utilizar las palabras de Johann Wolfgang Goethe cuando dijo que leer a Kant “era entrar a una habitación muy bien iluminada”. Eso es, para mí, disfrutar esa prosa maravillosa del novelista nacido en la población de Padua el 2 de marzo de 1954. Ospina maneja un estilo literario de cadencia musical en la oración. Es un ensayista profundo, que en cada página revela su visión del mundo, su conocimiento de la historia y su inmensa cultura. Si como novelista es fastuoso en el manejo del idioma, como ensayista alcanza una prosa luminosa. La trilogía Ursúa, el país de la canela y La serpiente sin ojos es un paseo por la historia de un país que encontró en el escritor tolimense un fiel interprete de su pasado indígena.

Lo anterior para decir que se encuentra en librerías un nuevo libro del escritor que obtuvo en 2008 el Premio Rómulo Gallegos por su novela El país de la canela. Se titula Ensayos. Para escribir sobre este libro hay que empezar recordando las palabras de Walt Whitman cuando publicó Hojas de hierba: “El que toca este libro toca a un hombre”. Así es. Quien abre las páginas de Ensayos está conociendo a un hombre comprometido con la verdad, está tocando el alma de un creador de belleza que ausculta el mundo con mente lúcida, está entrando en el pensamiento de un escritor que enciende una lampara para entender a la sociedad contemporánea. La densidad de estos textos abre ventanas para comprender la obra de grandes escritores. Leerlos es darnos un paseo por los caminos de la sabiduría.

El ensayista es, siempre, un escritor con la formación intelectual para hacer la exégesis de una obra literaria, ubicándola en su tiempo y encontrando sus valores intrínsecos. Desde luego, el ensayo permite acercarse a diversos temas. Puede interpretar los aconteceres políticos y, además, la realidad social. Pero también puede acercarse a las fuentes filosóficas para hablar sobre la existencia de Dios o sobre el humanismo. En este sentido, es importante decir que William Ospina es un ensayista que maneja este género con una solvencia intelectual admirable. En este libro el escritor despliega todo su bagaje literario para abordar temas tan disimiles como el surgimiento del romanticismo en la literatura, la expresión poética de Hölderlin o la búsqueda de la paz en Colombia.

¿Qué temas toca William Ospina en las 385 páginas de este libro que se lee con un interés creciente? Sorpréndanse. Analiza lo que representó el romanticismo, cómo surgió y quiénes fueron sus mayores exponentes, para concluir que fue una etapa hermosa en el arte universal; la califica como “época de exaltación, de imaginación y de ritmos”. Habla luego sobre Hölderlin, el poeta mayor de Alemania. De él dice: “Sintió que la poesía tenía no que darnos tal vez una respuesta, sino que abrirnos un camino”. Cuando habla de Walt Whitman su lenguaje coge resonancia lirica. Sobre el Canto a mí mismo, uno de sus más celebrados poemas, dice que es un sensualista que prefiere “el neutro sabor del agua pura y el olor apenas matizado de hierba del aire que se desata en brisa y viento”.

Si bien es cierto que en los ensayos que William Ospina escribe sobre autores universales sabe condensar las angustias de su existencia con el pensamiento expuesto en sus obras, es más cierto todavía que al abordar los problemas de la sociedad su prosa toma vuelo social porque exalta los valores humanos y, al mismo tiempo, expresa su desazón por las circunstancias difíciles que vive el mundo. Así como cuenta los sufrimientos de Arthur Rimbaud en Abisinia, señala que el leviatán de nuestro tiempo es el terrorismo, la drogadicción, la guerra como negocio y la degradación del ambiente. “La única manera de cambiar el presente será modificando profundamente el orden mental en que estamos inscritos”, dice cuando analiza por qué Colombia está sumida en la desesperanza.

La palabra de William Ospina tiene el poder de tocar el alma del lector. Nos hace ver la realidad social de nuestro país, nos muestra los problemas que aquejan a una sociedad adormecida ante tanta injusticia y nos abre los ojos ante la desesperanza que viven las comunidades excluidas. Veamos esta pregunta que se hace sobre el futuro de Colombia: “¿Seremos capaces los colombianos de cambiar la viveza por la inteligencia, la astucia por la lealtad, la competitividad enfermiza por la generosidad, el egoísmo mezquino por la cordialidad y la acumulación de bienes por el verdadero goce de vivir?” Esta pregunta tiene una respuesta: debemos, entre todos, construir una Colombia mejor. En varios de estos ensayos William Ospina explica por qué el nuestro es un país violento.