20 de mayo de 2022
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¿Es posible convertir un negacionista?

21 de agosto de 2021
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
21 de agosto de 2021

¡La pandemia es una conjura china¡ ¡el trastorno del clima es manifestación de un ciclo natural de la tierra¡ ¡en Colombia no hubo conflicto armado¡ ¡los falsos positivos sistemáticos son inventos de los enemigos de la institucionalidad¡  ¡la historia de América se puede contar suprimiendo lo que nos recuerde a Colón!

Todas las afirmaciones proceden de un mismo tipo de personaje, los negacionistas. Son todos ellos de muy sólidas convicciones, y con nula  disposición a modificarlas. Viven en su zona de confort mental del que no están dispuestos a moverse. No hay peor ciego que el que no quiere ver, reza el adagio. Es propio de la condición humana que cada uno se construya sus refugios para ampararse de los peligros, remotos o improbables, que siente como reales, y busque seguridades en esquemas simples y con personas afines.

En una sociedad tolerante, librepensadora, los negacionistas tiene también su espacio. Las dificultades surgen cuando se gestiona su cohesión, alimentando imaginarios, promoviendo acciones orientadas a detener procesos que auguran un futuro más promisorio: la contención de la degradación climática, o de la extensión de la pandemia, o del oprobio de la impunidad.

Los contornos del negacionismo se conforman en dos niveles, uno primero, el individual,  el del libre ejercicio de la autonomía, en el que  cada cual se opta por  el conjunto de creencias,  acordes con su carácter, su forma de vida, sus capacidades de comprensión, sus necesidades de seguridad. Y uno segundo, en el que se ejerce el mando, aquel desde el que se gestionan intereses, que luego serán  frutos bajo la forma de prósperos negocios, de causas políticas en alza, de liberaciones judiciales. Y en el que se manipula la información con la que se nutre la masa de creyentes.

En una sociedad de redes sociales, en la que abunda la información, el poder se traslada a quien está en capacidad de ponerla a circular selectivamente entre los de un mismo perfil, dispuestos a oír mensajes suaves a sus oídos, a hacer grupo con los que oyen lo mismo, reenvían en cascada, y así auto afirman pareceres y construyen activamente su identidad. Se creen multitud y se forman para el  asedio de los que cantan otras verdades.

Los creyentes vibran por auténticas convicciones, sin percatarse que se les manipula con fraudulentos intereses ocultos. Los gestores de esas comunidades a ciencia y paciencia de que lo suyo es cuento, que no tiene respaldo, que ocultan información, que acuden a la seudo-ciencia, lanzan al ciber-espacio verdades alternativas.

Los movimientos anti-vacunas, resultan de una combinación de lugares comunes extraídos de textos bíblicos, como aquel que así prohíbe: No deben comer la sangre de ninguna clase de carne, de pruebas insignificantes, casos verídicos pero aislados, como una muerte por trombos a los días de ser inoculado, y con toque político, como los discursos de Trump y Bolsonaro, tapizados con sermones de pastores evangélicos, con los que encubren su proclividad a la peor clase de darwinismo social: que el virus barra los más débiles.

Los movimientos que niegan el cambio climático, se resisten al principio de seguridad cautelar, y hacen de la duda su prueba. Algunas de las empresas petroleras han sido identificadas como promotoras de organizaciones sin ánimo de lucro que venden la idea de que no existen pruebas sobre que las actividades humanas sean las responsables del cambio climático. Que la Tierra se autorregula, como lo proponía Lovelock, La diferencia entre la última versión del Panel Internacional de Expertos del Cambio Climático, y el de siete años atrás, consistió en cerrar el resquicio por la que estos se colaban. Sentenció: no hay duda de que el cambio climático es obra del proceder irracional del hombre, que desde tiempo atrás debió de detener el consumo excesivo de carburantes fósiles. Europa se había relajado con la exigencia de la modificación del parque automotor a eléctrico, con una moratoria hasta el 2040. Luego de este informe tendrán que revisar esas recientes cuentas para darle la estocada a los automóviles a gasolina, en fecha más próxima.

Los negacionistas históricos van por la exoneración de sus culpas, rechazan la existencia de los hechos de los que se les pueda derivar responsabilidad o consecuencias adversas. Para la comunidad de creyentes, por inclinación romos y acríticos, la versión de los hechos se construye saltándose a la torera reglas básicas, no se basan en pruebas fiables, ni en la ilación de argumentos, basta la afirmación monda y lironda de quien se siente con poder para crear los mundos paralelos. La ausencia de razones se suple con la repetición hasta el cansancio, ad nauseam, de la negación rotunda. El caso más descarado es el del imaginario fraude de las elecciones americanas con el que se negaba el triunfo de Biden.

Y se puede ir más allá, anticipar la estrategia de defensa de la negación, al desafiar la legitimidad de las instituciones encargadas de contar la verdad. Aquí la Ley creó y reglamentó la Comisión de la Verdad y la Justicia Especial de Paz, con la misión de que nos diga que es lo que debemos tomar como cierto.  Y Uribe, con la naturalidad de quien se cree por encima de las instituciones, escogió entre ellas cuáles eran de su aversión. Por encima de la Corte Constitucional declara que no son ilegítimas las instituciones nacidas del Acuerdo de Paz.  Y unos ciudadanos, estupefactos: ¡no se lo creen¡ no les cabe en la cabeza que alguien piense que las instituciones democráticas son un menú a la carta, expresión de De la Calle. Y otros, impávidos, la comunidad de creyentes, que sin darse cuenta, consiente en que avancemos al precipicio, pongamos  un pie en la anarquía, con tal de desbaratar un imaginario complot.

Tal vez es empeño iluso el de quien quiera convertir a un negacionista. Su sistema de pensamiento es un caparazón resbaloso a las pruebas en contrario. Son como las tortugas que, cuando se sienten atrapadas, se encierran en sí. Las pruebas de sus errores, las transforman en otra razón adicional para mantener sus convicciones La contundencia de la prueba es demostración del peligro de la conspiración.

Las herramientas para refinar son las del control a los gestores de la comunidad creyentes, las de hoy, las que operan dan miedo. La sanción para los responsables de las bodegas de la información chatarra ha corrido por cuenta de los monopolios de la información, de Facebook, WhatsApp, Instagram. Ellos están en capacidad de desafiar el poder, decirle hasta el presidente de EE.UU.  que es lo que puede poner a circular por las redes, y de no hacerle caso, suspenderlo o cancelarle la cuenta. Lo han hecho con Trump, por afirmar fraude en las elecciones, con Uribe, por animar la violencia, con Petro por no sé qué cosas contra las medidas pandémicas. Para que este remedio no sea peor a la enfermedad, hay que moldear y meter en cintura los gigantes de la información.