21 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

A lo bestia

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
29 de agosto de 2021
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
29 de agosto de 2021

Cada día somos más incivilizados. Las calles parecen cuadriláteros, campos de batalla y zonas de deshago de incomparables histerias. No hay excusa válida para tanta agresión cotidiana a raíz de la pandemia o el estrés que produce la inmovilidad vehicular. A toda luz consiste en simples pretextos para eludir las causas profundas del desorden habitual. Nada, diferente al salvajismo, justifica el grado de agresión y de violencia al que hemos llegado en los caminos urbanos y rurales.

El asunto se salió de madre. Ese es el problema de fondo. De poco sirven las presumidas campañas educativas, los intentos fugaces de crear consciencia ciudadana sobre la importancia de respetar las normas de tránsito, y ¡menos da una piedra! las puestas en escena a partir de la técnica publicitaria  BTL (Below The Line – bajo la línea), las cuales producen  escasos impactos en el cambio de comportamiento por parte de peatones y conductores. En definitiva, la recordación visual es minúscula e igual de etérea que la figura formada por las nubes en tarde de tormenta.

Al frente de la mayoría de las Secretarías de Movilidad están individuos incapaces de planificar, proyectar, gestionar y resolver el problema de las distintas formas de desplazamiento humano. Algunos burócratas son expertos en copiar modelos importados de naciones de primer orden, hasta el punto que los obsesiona  instalar aparatos descompuestos de monitoreo de velocidad, apostar señalética a manera de jeroglífico, pasar por la faja el sistema de  meritocracia y adaptar a la fuerza ‘ciclorutas’ suicidas con el propósito de mostrar un supuesto balance de opciones de transporte amigables, dizque, con el medio ambiente. Chiflados de pe a pa e incoherentes debido a la desintegración de esfuerzos y medidas temporales de baja repercusión social.

Caímos en manos de incompetentes que solo piensan en sobresalir durante el paso fugaz como servidores oficiales. La torpeza en la gestión repercute directamente con el incremento de la emisión de gases de efecto invernadero.

El cuento de cuentos de formular una Estrategia Nacional de Movilidad Activa con el objetivo de promover la caminata y el uso masivo de la bicicleta carece de coherencia como política pública nacional, regional y local, debido a la división de voluntades, la improvisación, la demagogia y la corrupción.

El criterio central se mueve igual de improvisado a la alharaca de un culebrero: “échele pintura, móntela por allí que luego nos inventamos algo, estreche la arteria principal, abra la ciclovía en plena hora pico, ellos verán si entienden la glorieta “virtual”, póngala en pendiente para eso somos la tierra de los escarabajos, ¡qué importa que no la usen!, los diez metros urbanizados los añadimos al cálculo de kilómetros construidos…”; entre otras perlas que ilustran el desgreño administrativo y la ausencia de transparencia a la hora de adelantar disparejas obras de beneficio general.

En este y en otros temas cardinales, Medellín, va al garete. No existe la voluntad política ni el interés para aplicar el principio de obediencia debida a las normas legales relacionadas con el espacio público y la movilidad. Acá, cada quien hace lo que le da la gana. A una cuadra de la Alcaldía los andenes están invadidos de talleres callejeros, los vehículos parquean en zonas prohibidas, los taxistas se adueñan de cualquier lugar para imponer acopios ilegales; las motos circulan sin control por la franja exclusiva de Metroplus, y los mensajeros utilizan el carril destinado  a la circulación de bicicletas y las aceras a manera de avenida exprés.  Somos un valle de incultos sin gobierno visible al que le duela la ciudad.

En los sectores populares la horda de salvajes transita sin casco y radiantes conducen en contravía; los delincuentes cobran vacuna por  estacionar en las calles y no dejan espacio para la circulación de otros vehículos; el exceso de velocidad es la norma y los semáforos representan insignificantes elementos decorativos; en resumidas cuentas, la institucionalidad brilla por su ausencia y descuido. En más de una ocasión, los agentes de tránsito y los policías, fingen que no han visto nada. Fácil establecer las razones de dicho proceder: complicidad, miedo, desaliento, falta de sentido de pertenencia o les importa un bledo.

Unos desadaptados que habitan los estratos altos utilizan sus camionetas a manera de arma letal. Desconocen los pares y las señales, desafían e insultan a los otros conductores que no abren espacio para que ellos puedan subirse a las zonas verdes y actúan, como energúmenos, si alguien acata el cruce peatonal. Muchos de estos pobladores creen que, por el hecho de polarizar los vidrios del vehículo, los demás sienten miedo del camuflado estilo mafioso y por esto, darán libre movimiento al oscurecido conductor. ¿Cuáles son los controles de la Secretaría de Movilidad a la luminosidad permitida del 70% para el parabrisas; posterior, 55 por ciento; lateral delantero, 70 por ciento y lateral posterior 55 por ciento? Al respecto, nula gestión de las autoridades.

En las calzadas hay demasiados sinvergüenzas y mínima responsabilidad compartida. Varios ejemplos de gente asocial: aquel que desconoce y viola la norma de tránsito sobrepasando por la derecha; cruzándose intempestivamente de un extremo al otro; recogiendo a los pasajeros en la mitad de la vía pública; atravesando la arteria por fuera de la cebra para transeúntes, manejando con la mascota entre las piernas o tapando la placa para evadir la cámara de fotomulta; en suma, sin ruborizarse dicen ser las víctimas del caos vehicular. A pesar de todo, los ignorantes creen que la aplicación de la ley es para los otros y  los demás salen a deberles. “Tras de gordo hinchado y con paperas”.

Esta idiosincrasia nos hunde más en el subdesarrollo. Debemos trabajar tanto cuanto sea necesario para vencer el egoísmo que no conoce de sentido de común ni está dispuesto a trabajar por el bienestar universal. ¡Basta ya! De movilizarnos a lo bestia.