7 de agosto de 2022
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Y de la historia¿qué? (VIII)

2 de julio de 2021
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
2 de julio de 2021
(Serie de cartas dirigidas al periodista, escritor y profesor Carlos Mario Vallejo sobre los 100 años de La Patria)

El hecho de haberte escogido como primer receptor de estos dictados de la memoria, está fundado en el intento de establecer un diálogo con tu generación, la de los 100 años de La Patria. Buena parte de los que colaboran en el diario o han pasado por este, ha egresado de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de Manizales, cuyo momento de surgir me alegró tanto, por esa nueva selección de periodistas que la ciudad ponía al compás de los de todo el país.

Entiendo que también tuviste  el primer trabajo de tu profesión en La Patria. Y porque eres el único que me ha  hecho confidente de las inquietudes, que le ha interesado saber sobre antecesores en ese oficio definido tan bellamente por Camus y que nos la trajo por primera vez Eduardo Santos, lo que supiste por alguien, o te has dado cuenta que conozco. Creo haberte confesado que fue una pena el no poder contarle a tus condiscípulos y colegas la historia del periodismo, la de Colombia y especialmente, la  del Gran Caldas.

Me ha motivado el incitarlos a conocer su propia historia, a indagarla, a preguntarse, porque solo conociéndola, hacemos parte consciente  de la historia con mayúscula,  y podemos entender más nuestro mundo, comprender mejor a nuestra ciudad y asumir el papel  que en ella jugamos. Uno debe saber el origen y el desarrollo de la profesión que estudió o ejerce. La conocían y de qué manera,  los que vivieron sumidos  en su actividad,  que le dieron  dignidad y altura al lenguaje. Hay quienes todavía nos dan pruebas, entre los que  quedaron llamándose periodistas empíricos,  y que a Dios gracias, continúan con estilo propio su tarea.

Hace bastantes años,  creo que no habías nacido o estabas pequeño, y menos existía la Facultad en que estudiaste, propuse una gran exposición, con una conferencia, que equivalió a un duro esfuerzo. Se llamó Periodismo e Historia. Con la colaboración de las bibliotecas Nacional y Luis Ángel Arango y las directivas de aquí, bajo algunas condiciones se lograron traer  muchos periódicos encuadernados en formatos de 16 y 35 mm, enviándonos, de los que solicité y algunos más de los que conservaban en sus depósitos,  muestras suficientes de varias publicaciones que te he mencionado y de las que voy a mencionar.  Además de la charla, realicé una que otra de las llamadas “visitas guiadas” durante varios días, según la cantidad de público, el que recuerdo era por lo general mucho mayor, por lo que creo no deben quedar, o muy pocos,  para atestiguarla.

En estos cien años de La Patria, valdría la pena hacer algo similar, con muestras de distintas épocas o de decisivos hechos históricos, con algunas publicaciones que la antecedieron y que surgieron después, de las que te he dado cuenta. Porque no es la historia de La Patria, por la que me  inquiriste si la iba a escribir a raíz de la  fecha conmemorativa. Te he narrado y seguiré,  otra cosa que la comprende y la excede. Ya esa historia la  hice antes, para el 70 aniversario o algo así, y la dejé en manos del entonces gerente del diario Hernán Mejía Trujillo, quien fue compañero de colegio. Nunca supe la suerte que corrió.

Algo parecido sucedió con unas cartas ensayos, enviadas a la dirección, a mediados de los 90, a instancias de un amigo, en las que se hacía una juiciosa apreciación de La Patria de esa última década, las que Orlando Sierra dijo haber leído primero, por equivocación,  y que le suscitaron elogios desmedidos,  manifestados por teléfono, pues llamó al número anotado bajo la firma, con el expreso deseo de conocer y hablar con su autor. Tampoco se conoció qué pasó con ellas.

Fue el anuncio de la digitalización de este diario, el que me hizo revolver estas evocaciones con los datos que se vienen y se asocian sin previo concierto. Indiscutible y necesaria labor en el mundo contemporáneo. Por la comodidad y facilidad de su acceso y por  múltiples ventajas. Aunque sale la información, no sé leer muy bien por estos medios, y  se me pierde mucho de la sensación, del tufillo de historia, de manos, de ojos y de sentimientos de personas, de antepasados, de mentados viejos cuando no habíamos nacido. Echo de menos el pasar las hojas de las colecciones físicas empastadas, las fechas y los datos previos aproximados, o por  épocas, o el hallazgo de sorpresa de algún acontecimiento o personaje de los que me han rondado por cualquier circunstancia. El gusto quizá morboso de tocarlas, aceptar sus manchas, dobleces, decoloraciones y rasgaduras, llorar sus mutilaciones. Eso explica la acumulación de ácaros vueltos pólipos nasales, que al fin no sometí a cirugía. Lo hice desde colegial, con periódicos, revistas y libros, cuando iba a la Biblioteca Municipal y también miraba con antojo los que don Tomás Marulanda López guardaba en su garaje, superponiéndolos hasta llegar al techo. A Bogotá fue a dar su hemeroteca. Hice lo mismo en la capital, en Medellín, Pereira y donde pude.

Aproveché ese material, como todo investigador,  para algunos de mis libros. Y con lo no editado o casi no conocido y menos divulgado, y la colaboración  de una que otra familia que casi no conocía del valor de sus ancestros, con el debido aliciente a su orgullo, pude   llevar a cabo varios trabajos.

Entre ellos el de Generaciones Literarias, en el que las exposiciones iconográficas, y la de antiguas ediciones  ya inconseguibles, inéditos,  cartas, etc. sirvieron de apoyo, prueba e ilustración de las obras de los más sobresalientes de nuestros antecesores en el antiguo Caldas, desde la fundación de Aguadas, Salamina, Manizales, Pereira, Armenia, etc., para los que pudieron escucharlas y verlas en la Biblioteca Municipal hace más de treinta años. El utilizado y criticado método de las generaciones, lo manejé para determinar y denominar las cinco primeras, tanto a la de la nacida antes de 1850 como a la de antes de 1910, por no haberse permitido la continuación con las tres o cuatro siguientes, a las que les asigné no apenas una identificación, sino varias, de acuerdo no únicamente con el hecho que signó su aparición en nuestro medio, sino además el de su correspondencia con la nacional.

Los 100 años que ha permanecido el diario manizalita, tiene que ver con todas, con la de los que la escogieron, y asentaron sus reales en la ciudad, que ya  en 1874 tenía su primer periódico al que de inmediato le siguieron otros, y la de los abuelos y los padres de la de los fundadores de La Patria, que  hicieron parte casi todos de la Generación Centenarista, o Republicana, o la de las revistas de los grupos famosos que también se vincularon al diario, y a la que siguió, la que le dio prestigio nacional, la Generación Grecolatina, o la del Meridiano Cultural, o la de los Nacionalismos o de La Patria, y con sus hijos, y nosotros y los nuestros. Estuvo y está enlazada con las publicaciones que la antecedieron, con las que nacieron o existieron con ella, por años, hasta seguir a veces casi sola, y diariamente, por más del doble de su existencia.

He leído las crónicas deportivas, en especial de básquet, que has publicado. Ya tienes un estilo personal que irás  definiendo si te lo propones. Eres un buen analista y excelente crítico. De esto me percaté una vez, al leer un ejemplar del periódico de tu universidad, El Raro, el que redactabas con unos compañeros. Leí allí  una estupenda crítica, ágil, puntual, aguda e irónica, de pocos renglones, desprevenida por completo, sobre un libro premiado entre nosotros y acabado de editar, que el comentarista encontró deplorable, y con una exacta y desconcertante pregunta: Si este es el primer premio, cómo serán el segundo y los otros. Que lo fue a vender a una librería de segunda y ni mil pesos le daban por él. No soy fiel en la cita, claro es. Cuando te encontré repartiendo ejemplares detrás del Palacio Nacional y te pregunté de inmediato sobre  quién era  el autor y me contestaste con naturalidad que tú mismo, tuve suficiente. No conocías al que escribió el libro, solo su fama local y  ni que fue columnista de La Patria. Encima te diste cuenta del modus operandi  de los concursos locales y de otros lares, y más de los oficiales.

He querido resaltar nombres de  la prensa que se ha hecho en Manizales, por el centenario de la más importante. Actividades de su talento las desempeñaron en Manizales y para Manizales, por eso  quedaron estampados ahí para la historia y esta no puede sepultarlos del todo. Tus contemporáneos también deben conocerla. Me dirigiré a otros destinatarios, a los que han aportado y encomiado estas cartas y a los relacionados de algún modo con lo que he de tratar. Volveré contigo para lo de los  seudónimos, por los que me has preguntado junto con tu amigo. Me acicateaste y aquí vamos.