20 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

II entrega Una indagatoria que hizo historia

25 de julio de 2021
25 de julio de 2021
Crédito: Revista Corrientes

¿En su familia ha habido locos? No. El menos cuerdo soy yo. ¿Cretinos? Tampoco. La estupidez no es nuestro fuerte. ¿Cuáles son las condiciones de su vida individual, familiar y social? Yo soy lo que la sociedad burguesa llama una persona respetable. Mi existencia es sobria, laboriosa y austera.  Vivo con mis padres, como un buen hijo de familia. No pertenezco al Club Rotario ni a la Sociedad de Mejoras Públicas, ni a comités cívicos, ni a juntas de beneficencias. No he ido a cámaras, asambleas o consejos.  Tengo aficiones por la literatura, la música, los huevos con jamón, la Coca- no por el sentido del ritmo, sino como un ejercicio gimnástico para adelgazar. Mi vanidad es ser un buen Cola y el boxeo. Últimamente me he entregado al baile, chofer aficionado. Me creo un técnico en novelas policíacas. El abuso de la pipa y de la lectura orienta mi vida hacia la de un filósofo contemplativo.  Lo que más temo en el mundo -después del Santo temor a Dios- es convertirme en un burgués satisfecho.

¿Qué taras o antecedentes hereditarios tiene? Confieso que tengo algunos antecedentes familiares que me inquietan y que pueden contribuir a explicar mi peligrosidad extrema. Algunos de ellos los he leído en una novela de Pío Baroja, denominada La Leyenda de Juan Álzate. Es la obra de un poeta aldeano que narra las viejas historias de su comarca.  Los Álzate, al decir de Baroja, eran los parientes mayores del país vasco, tan viejos como el monte Larrún. Álzate en vascuence quiere decir abundancia de alisos. El aliso es un árbol mágico de la mitología centroeuropea. Por eso algunos han creído que el primer Álzate era un mito solar. Los fundadores del linaje vivían en una vieja torre, a orillas de Lamiocingo-Erreca, un arroyuelo de las Lamias, que marcha a  desembocar en la Bidasoa. Dicen las crónicas que uno de esos remotos abuelos mató a un dragón que se escondía en una de las cuevas del monte Labiaga. ¡Yo me Temo que eso se herede! Según el señor Gabriel Arango Mejía, en sus genealogías antioqueñas, en la época de la conquista o la colonia, vino a esta tierra el primer hombre de mi casta.

Era un capitán llamado Juan Ventura de Álzate. Su hijo mayor tuvo el mismo rango de las milicias reales. Después la familia se hunde en la oscuridad del agro, en el cantón de Marinilla, compuesta por campesinos de cepa y cristianos viejos. Reaparece el virus bélico con doña Simona Duque de Álzate, la madre macabea de Antioquia, que diera todos sus hijos al Libertador. Yo conozco el retrato al óleo de la intrépida anciana, vestida de un raído pañolón azul, en el salón del Concejo de Marinilla. Mi bisabuelo Andrés Álzate fue ayudante de Córdoba. Mi abuelo paterno que ocupó en las faenas agrícolas, como un modesto propietario rural.

Mi padre se dedica nuevamente a la vida castrense, hace inútilmente un gesto heroico cuando la separación de Panamá y alcanza el grado de general de división, el más alto del ejército permaneciendo en servicio activo hasta 1932 por la línea materna, mi abuelo, Ángel María Avendaño, fue general de brigada y un desmesurado varón de gesta. Mis tíos han sido oficiales del ejército o la policía.  Sobre mí gravita, pues, un ancestro guerrero. Tengo demasiados capitanes detrás. Yo me siento literalmente abrumado por la pesadumbre de tantos lauros marciales. Aunque yo soy la primera generación literaria de la familia, en mi estilo vital existe una influencia atávica que me lleva a entender que la vida es milicia. En este tránsito familiar de las armas hacia las letras me han quedado demasiados rastros de guerrillero. Lo que hago es combatir, aunque sea con palabras. El señor investigador, que es abogado, va a entenderme la profundidad de una expresión algo sobria: yo siento el mundo como contraparte.

¿Ha tenido usted choques contra el medio social? Ninguno.  Carezco en absoluto de resentimiento. El destino me dio algunos atributos nativos. El resto, lo he conquistado a zarpazos.  Puedo estar satisfecho de mi suerte. Pero soy un no conformista. Eso es todo. Cuando niño peleaba a muñecazos para buscar lo que quería o satisfacer mi vanidad lesionado. Hoy lo hago con ideas, endurecidas, crispadas, que estallan con un ruido seco de proyectiles.

Nota: La continuación de esta indagatoria al doctor Álzate Avendaño seguirá en las próximas entregas  del Contraplano previstas para los domingos 01 de agosto y 08 de agosto.