18 de agosto de 2022
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Tiempos recios en Guatemala, Chad y Haití

13 de julio de 2021
Foto tomada de Prensa Libre

Por Jaime Jurado

En Tiempos Recios, obra de Mario Vargas Llosa, ocupa un lugar importante el asesinato del presidente de Guatemala, Carlos Castillo Armas, en 1957. El hombre fue muerto por su propio jefe de seguridad en complicidad con Jhony Abbes García, sabueso principal del dictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo. Los asesinos se aseguraron de que esa noche solamente quedara de guardia un soldado, al que también dieron muerte y no solamente física sino también moral porque lo acusaron de ser el homicida que luego se habría suicidado. Además, le inventan una carta en la que confiesa sus motivaciones y una fantasmal correspondencia con un diplomático soviético. Sería el crimen perfecto, de no ser porque se descubre que el soldado no sabía leer ni escribir.

Mario Vargas LLosa, autor de Tiempos Recios.

Aunque parece ficción, el atentado, ejecutado en la residencia privada de la víctima, cuando regresaba en horas de la noche acompañado de su esposa, es una realidad histórica, lo mismo que la trama que involucra a la CIA, agencia estadounidense que había jugado un papel decisivo en el derrocamiento del presidente legítimo, Jacobo Arbenz, por haberse atrevido a adelantar un programa modernizador que implicaba limitar los privilegios exorbitantes de la United Fruit Company, que no implicaba ni siquiera su salida del país, sino obligarla a pagar impuestos y a permitir la organización de sindicatos de trabajadores.

Por una de esas raras coincidencias de la vida, mientras leía los pormenores de ese magnicidio, ejecutado personalmente al amparo de la oscuridad de la noche por los propios encargados de la seguridad, se da la noticia de la muerte violenta en el corriente julio de 2021, de Jovenel Moise, presidente de Haití, al parecer a manos de mercenarios colombianos. También acá sorprende el papel de los propios encargados de la protección del mandatario y el hecho de que los matarifes ingresaran tranquilamente a la casa donde el hombre dormía apaciblemente con su cónyuge, la que afortunadamente ya está fuera de peligro. Es claro que los ejecutores no obraban por su propia cuenta y que alguien muy poderoso los contrató porque resulta muy difícil creer que les hayan abierto la puerta con el simple grito de que eran de la DEA. Es verdad que el solo nombre de la agencia antidrogas(por cierto en ocasiones implicada en asuntos de drogas) abre puertas en América pero no al grado de convertirse en el “ábrete sesamo” para asaltar el domicilio de un jefe de estado.

Naturalmente hay mucha tela por cortar en este hecho y de antemano el papel de nuestros compatriotas involucrados no tiene un cariz muy positivo. Pero tampoco pueden convertirse en chivos expiatorios de una conspiración de marca mayor, que parece dirigida a elevar a grados aún mayores, si se puede, el caos que desde hace tiempo azota a la República de Haití, lo mismo que a justificar una mayor intervención extranjera pues desde hace tiempo el país está intervenido por poderes externos. Que originalmente se hablara de que irían a ser parte de un equipo que se encargaría de la seguridad del presidente y que la policía matara precisamente a los tres que coordinaban el grupo sugiere que pueden haber sido objeto de lo que se llama popularmente un “gancho ciego”. No es nada casual que ya el gobierno de Estados Unidos haya expresado la voluntad de enviar tropas. Que la débil y no tan confiable policía de investigaciones descubriera en pocas horas a los presuntos responsables es bastante sospechoso y hace pensar en que se está desarrollando un guion preparado con bastante antelación.

Por supuesto, nada de lo dicho minimiza la gravedad del fenómeno que desde hace varios años viene presentándose con personal colombiano implicado en ese horrible crimen internacional que es el mercenarismo. Son pocas las voces que han alertado sobre esta situación que viene adquiriendo una dimensión muy preocupante, pero hasta ahora han sido solamente prédicas en el desierto. Ya se advirtió de la presencia de exmilitares contratados para actuar en Irak, en los Emiratos Árabes Unidos y en la agresión a Yemen, que son reclutados a ciencia y paciencia de las autoridades colombianas y que muchas veces son contactados a través de miembros activos de las fuerzas armadas. Si las anteriores mociones de censura contra el Ministro de Defensa no han tenido éxito, acá hay otro motivo para el control político por parte del Congreso. Todavía siguen sin explicarse las actuaciones u omisiones del gobierno nacional que permitieron la salida del país con destino a Venezuela de los mercenarios que protagonizaron la extraña Operación Gedeón en mayo del año pasado. También para que explique lo sucedido con dos embarcaciones de la Armada colombiana que se fueron solas por el río Orinoco hasta aguas venezolanas y siguen abandonadas a su suerte flotante en el país vecino, sin que nadie en el alto gobierno ni en los órganos de control haga nada para recuperarlas.

Colombia, país con nombre de ave que es la alegoría de la paz, no puede seguir exportando muerte y violencia.

Finalmente, cabe recordar que el del haitiano no es el único asesinato de un jefe de estado este año. En una noticia que apenas sí tuvo un despliegue modesto y a la que no ha vuelto a hacerse seguimiento, se informó en abril que el presidente de Chad fue muerto por elementos insurgentes, pero no en un atentado sino supuestamente en el ataque a una guarnición del norte del país, precisamente el día en que celebraba su reelección por amplia mayoría. Idriss Deby Itno, era el decano de los dictadores de África pues estaba en el poder desde 1990 y era considerado uno de los más firmes aliados de las potencias occidentales, especialmente de Francia que colonizó Chad desde fines del siglo XIX hasta 1960.

Muy oscuro este episodio pues resulta muy difícil aceptar que el jefe de estado se meta a la boca del lobo o directamente en un área de combate. Desde la distancia y el silencio de los medios resulta complicado esclarecer lo que realmente pasó, pero en todo caso, tanto su nación como el mundo merecen saber la verdad sobre ese magnicidio. Eso de la participación directa del rey o del jefe de estado en la guerra era en épocas antiguas. En la modernidad no volvió a verse y solamente hubo algo que pudo asemejársele pero que se frustró. Se trata de la propuesta que hizo el presidente ugandés en su momento, el famoso Idí Amín, a su homólogo de Tanzania, Julius Nyerere, de que en vez de que se mataran los soldados de ambos países en un conflicto por fronteras, fueran los dos mandatarios quienes dirimieran el asunto a puños en un tinglado en la propia línea fronteriza.

Admito que sigo sin saber por qué el tanzano rechazó la propuesta. La intuición me dice que tal vez a la fina sensibilidad poética de Nyerere no le sonaba el anuncio cargado de adjetivos, aumentativos y diminutivos que se haría en la gran pelea, por parte de un locutor caracterizado por su folclorismo y tendencia a la sobreactuación, que con voz asombrosamente parecida a la de un periodista deportivo colombiano que llegaría a ser senador diría:  “en esta esquina, con ganas de comerse al rival, La fortaleza de Kampala, el exboxeador Idi,  35 añitos de edad, 160 aplastantes kilazos de peso, impresionantes 1,97 de estatura; en la otra, con brillantes gafas doradas y ojos soñadores, El vate de Dar Es Saalam, Julius el intelectual, 72 añazos,55 kilitos de pura fibra y esmirriados 1,60 metros de talla small”, pero las verdaderas razones de esa negativa seguirán siendo uno de los grandes enigmas de todos los tiempos.