21 de septiembre de 2021
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Silueta de un periodista (XII)

26 de julio de 2021
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
26 de julio de 2021
(Serie de cartas dirigidas al director de El Andino  y caricaturista, Fabio Arias Gómez “Ari”, sobre historia de la prensa por los 100 años de La Patria) 

Fabio.

El interés por la historia, el estudiarla, leerla o saberla, no es común en el periodismo de universidad de ahora, ni mucho más en el de los empíricos que ejercen todavía, con una cuantas excepciones, cada vez menos porque están partiendo,  pero por su misma edad, recuerdan la del pasado, la que vivieron y la que vivieron sus maestros. Para aquellos, la historia, sobre todo la política, comenzó en el siglo XXI. Dos años después. De la de antes, tienen una noción vaga, e inclusive de la de los primeros del que vivimos, escuchada a los que se las entregan de una vez deformada.

No voy a teorizarle aquí, que no es el tema, sobre la historia de los pueblos.  Todos comenzaron con el mito, que se cree, se ama y se diviniza. Solo se critica lo que se conoce, y la historia, solo se conoce si antes se  la ha amado. Basta eso para explicarme muchas reacciones o la ausencia de ellas. Estoy escribiendo sobre  una local, admirable y ejemplar, difícil y de necesaria e inmejorable expresión, con frecuencia brillante, de hace cien años o más, como he de llegar a  la que nos tocó jóvenes y a la reciente. Solo intento que los que hoy la están haciendo, conozcan algo de los que la hicieron, en el mismo sitio, cuando mucho más pequeño, sin los mismos mecanismos, y con  dificultades no imaginables.

Quiénes y en cuáles medios periodísticos, escritos todos, y muy bien escritos, en plena hegemonía conservadora y dominio clerical, antes de los años 20,   o cuando surgió La Patria, contemporáneos con ella y  los que continuaron o aparecieron más tarde, es lo que le he contado a usted y contaré a otros destinatarios, y en lo que he tratado de  interesarlo e interesar a los lectores. Y si son indagadores de la historia, que sea un motivo.

Luis Eduardo Puerta

Le mencioné arriba a Ignacio Puerta y a Jaime Arana, liberales, insistentes, que tuvieron problemas con sus publicaciones, y que fueron de los que considero periodistas-periodistas, que los ha habido en nuestra historia en más de un siglo. Y esos nombres, están vinculados por lazos de sangre y de vocación, a los más grandes periodistas que tuvo Manizales, en el primer cuarto de siglo de su prensa. Son esas personalidades  y esos periódicos, los que esperan su rescate por parte de los investigadores, con más veras existiendo en una universidad, una facultad de comunicación social.

De ese apellido vocacional, quiero destacar a Luis Eduardo Puerta, que venía de escribir en otros medios. Pero aquí me asalta una anécdota, que de otro modo no habría recordado. Un día de los años setenta,  caminaba con el poeta Fernando Mejía cuando lo saludó un señor bajito, arrubiado, menudito, algo enjuto y muy mayor, pero erguido, vestido con sencillez y elegancia, con un bombín clásico sobre su cabeza, muy de los años cincuenta o sesenta, como era más frecuente verlos en Bogotá. Charlaron un momento. Y nos presentó por cortesía. Una vez se despidieron, el poeta me habló de su importancia  como un combatiente de la pluma  en el pasado. No sé cuantos meses después, me encontré con él por el Palacio Municipal del Alfonso López,  me reconoció muy atento e invitó a tomar un café cerca. Hablamos un ratico, y a pesar de mencionarme  algo de su actividad de otros tiempos, no tenía el ánimo o el proyecto, para haber sido más inquisitivo, como el posterior de la historia oral de Manizales.

So pena de extenderme en el personaje, no quiero privarme ni privarlo, de una curiosa página que con humor y gran observación, sintetiza su personalidad y su labor. Apareció primero en El Diario de Pereira, “periódico que ha batido el récord del aguante en el Departamento de Caldas, y formó  parte, para “lanzarlos al mercado”, de las que en forma de “siluetas bien ajustadas a la verdad”, escribió sobre los H.H diputados a la Asamblea legislativa de Caldas, en 1935, su director, Emilio Correa Uribe, según el prologuista Fray Kandela, del libro en que las agrupó bajo el título “Desde la Barra”, con la autoría de Mr. Jhon.

“Nosotros conocemos a Luis Eduardo Puerta -alias Lep – desde que este nació, es decir, desde que se reunió la Convención de Rionegro, porque el actual Secretario de la Duma –aun cuando no parece así al primer rebullón – es uno de los hombres más viejos de que tengan idea los fundadores de Manizales…

Con su hermano Ignacio y con Tellito Villegas, fundó el primer periódico que hubo en la capital de Caldas, y con su mismo hermano, con Julio Rendón y con el doctor Montoya Arbeláez, fundó los primeros que se editaron en Pereira. Cuando vaya a escribirse la historia del periodismo en Colombia, el nombre de Luis Eduardo Puerta debe citarse al lado del de don Manuel del Socorro Rodríguez.

Pero hay que abonarle al simpático Lep, que por debajo y por encima –como los polvos de la Madre Celestina- su liberalismo ha sido de los buenos. Si alguna vez se “descarriló” acompañando a Aquilino y a Virsa en unos ensayos exóticos de republicanismo, influenciados por don Carlos Estorbo y por Nieto Caballero y Góngora, ello hay que considerarlo como error humano. Pero de esa posición, Puerta se rectificó hacia las viejas toldas rojas…

Lo vimos después acompañando a Gonzalo Restrepo en la dirección de “El Universal”, y ya antes había trasegado por los caminos del periodismo de oposición desde las columnas batalladoras y aguerridas de “La Prensa”, uno de los mejores diarios de cuantos se han editado en Manizales.  Sirvió, pues, eficazmente al liberalismo desde las barricadas de los papeles públicos, y cuando hubo el cambio de régimen, Puerta cobró lo que en justicia se le debía.”

Modelo de crónica de esos días,  da pena borrarles algo. Ojalá nos encontráramos, retratos semejantes, que los tiene que haber, porque “ellos eran así” (Adel López Gómez),  generosos y amablemente burlones, unos con otros. Si queda espacio, agregaré el final que alude con gracia, a la áspera historia política que vivió.