1 de agosto de 2021
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Por Jorge Hernán Valencia La gravedad y los terremotos de julio

18 de julio de 2021
18 de julio de 2021
Fig. 3. Flujos sísmicos gravitacionales.

 

Por JORGE HERNÁN VALENCIA-ALVAREZ *

Uno de los meses más afectados por la acción de los terremotos, ha sido julio. Alcanza el 12.34% del total histórico de energía liberada durante éste tipo de eventos. ¿Más, a qué podría responder una tal convergencia sísmica para el agitado mes de julio?… Una primera y desprevenida mirada podría indicar que se trata de una simple casualidad, ya que “si nadie puede pronosticar un terremoto”, mucho menos podrá atribuir su ocurrencia causal, a un mes en particular. Existen sin embargo claras evidencias sobre distintos procesos que pueden llegar a activar los terremotos, en determinadas épocas del año.

Descenso de San Marcos de una de las torretas laterales de la Catedral Basílica de Manizales, luego de su colapso en el terremoto del 30 de julio de 1962. Crédito. Tesón de una estirpe. Horacio Gómez O.

Uno de ellos es la relación existente entre las mareas gravitatorias de la Luna, y algunos terremotos orbitales. Vinculo que no ha podido contar con un patrón que permita indicar el día, la hora y la región en donde habrá de impactar el seísmo. De hecho, este tipo de pronostico responde más a las correlaciones existentes entre los ciclos tectónicos y los lunares, antes que a signos precursores puros y duros que indiquen la proximidad del evento.

Otro factor asociado, es la influencia gravitacional que ejerce el Sol sobre todos los cuerpos terrestres. Actividad que encuentra su pico más alto, en los primeros días de enero, con el perihelio, al ser su mayor aproximación a la Tierra. Entre tanto su valle se halla en julio, con el afelio, o máxima distancia astronómica entre el Sol y la Tierra. La importancia del afelio radica en que es a partir de los primeros días de julio, cuando la Tierra empieza a incrementar su velocidad orbital de traslación elíptica alrededor del Sol, en vista de la mayor atracción ejercida por la gran masa solar. Lo cual acrecienta las presiones gravitatorias sobre todas las estructuras materiales del planeta.

Proceso que incluye por supuesto, a la actividad tectónica, tal y como lo muestra el flujo sísmico solar de la Fig. 3, en su línea roja, cuyos máximos valores históricos se dan en la proximidad del perihelio (punto rojo izquierdo), mientras que sus mínimos ocurren a mitad de año, tras el afelio (punto rojo central). Sólo los picos sísmicos de febrero y julio, trasgreden la nítida correlación existente entre la actividad tectónica, y la gravedad solar, tema sobre el que volveremos.

Es pues así que tras seis largos meses de continua desaceleración orbital terrestre, y con el Sol reduciendo su influjo gravitatorio, el afelio de julio marca el punto de quiebre hacia un nuevo incremento en la incidencia solar, potenciando la fractura y/o el colapso de las estructuras que una mayor debilidad ocasional presenten. Que es el quid del asunto gravitatorio solar, como que es a partir del afelio cuando entran a combinarse otros procesos gravitatorios que pueden provocar la ruptura súbita de las rocas + la desestabilización de las estructuras más vulnerables. Tal es el caso de la Luna llena y del perigeo lunar (menor distancia Tierra-Luna) que pudieron haber provocado el desplome del edificio Champlain en Miami, el pasado 24 de junio, justo en la proximidad del meridiano cíclico de estos dos hitos lunares. Conjunción gravitatoria que habría inducido el final colapso de una estructura, de suyo ya debilitada, y con una menor masa inercial, como tuvimos ocasión de plantearlo en las redes sociales tras el desastre. **

El punto es que a partir de julio y de su afelio, comienzan a intensificarse las presiones gravitacionales entre el Sol y la Tierra, lo cual podrá verse amplificado por otros procesos gravitatorios que son cruciales al momento de determinar el lugar geográfico en donde sobrevendrá el seísmo… Es conocido que la interacción (o “fuerza”) gravitacional, cambia su intensidad, en función de las variaciones geográficas, estacionales y meteorológicas que pueda presentar la biosfera terrestre. De allí que muchas veces tiemble, cuando va a entrar el verano, al estar muy cargada la corteza terrestre con los grandes -e inestables- volúmenes de agua precipitados durante el recientemente culminado, régimen invernal.

Los variados factores geológicos y gravitacionales que inciden sobre la activación de un terremoto, alcanzan su pico más alto en México, para el mes de septiembre.

Algo que ha sido erróneamente interpretado como: un temblor para el cambio de clima. Proceso que muy por el contrario explica el por qué es que los sismos activan su presencia, una vez acentuadas las cargas que gravitan sobre la litosfera, producto del incorporado peso del agua. Factor que puede acabar por desestabilizar una placa tectónica que se encuentre al límite de sus esfuerzos de tensión. Fluctuaciones que habrán de alterar el campo gravitatorio local, acorde a las particulares condiciones que presente cada región geográfica.

Un claro ejemplo de ello son los dos picos sísmicos que registra la tabulación de la Sismicidad Histórica de Colombia (Fig. 3). Grafico que muestra a los meses de febrero, con 11 eventos, y julio con 10, como los de mayor actividad sísmica de alta magnitud. Ambos alcanzando tales umbrales, justo un mes después de haber finalizado la segunda y la primera temporada de lluvias, en diciembre y en mayo, respectivamente. Momento en el cual la corteza alcanza su peso máximo total, con el consecuente debilitamiento de las placas, rocas y fallas que estén acumulado esfuerzos por años, desatando sismos, ante el nuevo aporte gravitatorio acuífero.

En el caso de febrero, y no obstante estar por fuera del ciclo de aceleración orbital terrestre, soportando por tanto, una relativa menor incidencia gravitatoria solar (apenas pasa un mes desde el perihelio), registra sin embargo el más elevado número de sismos históricos por mes, levemente por encima de julio. Hecho que respondería a dos procesos que inciden sobre febrero. El primero, haber soportado durante todo el segundo semestre las grandes presiones gravitatorias inducidas por la mayor atracción solar. A ello se suma el considerable peso litosférico que empieza a ganar febrero, tras el inicio de la primera temporada anual de lluvias, la que va hasta mayo.

Finalmente julio, como segundo mes en número de sismos con magnitud potencialmente catastrófica, recibe todo el peso acumulado de éste primer periodo invernal, a lo que se suma el reincremento de la aceleración orbital terrestre pos-afelio. Momento en el cual el planeta recobra, por así decirlo, su “memoria” gravitacional solar: in crescendo, mostrando el gran impacto a que se pueden ver sometidas las estructuras tectónicas terrestres, con el sólo reincremento de las presiones gravitacionales solares, después de extensos seis meses de distención progresiva de sus presiones… De hecho julio registra, 1.9 grados menos de energía sísmica liberada, respecto a los 67.5 que ostenta el máximo histórico de febrero, aún presentando un evento menos.

De allí que no se pueda descartar la ocurrencia de un terremoto, para este nuevo ciclo de aceleración orbital planetaria, al entrar a confluir las observadas presiones gravitacionales solares, con los ciclos lunares, en interacción episódica con las variaciones meteorológicas y estacionales locales. Hecho que nos recuerda que van pasando cinco años del tope que marca el retorno del peligroso terremoto cíclico de subducción, que tan críticamente afecta al Eje Cafetero y al SW de Colombia, con una recurrencia estadística de 21 años.

El último evento se presentó el 8 de febrero de 1995, dejando un trágico balance de víctimas en Pereira, siendo la ciudad más afectada. Un primer reto lo tendremos para el entorno de éste 21 de julio, cuando llegará un primer perigeo lunar sobre las 05:24:22, hora local (UTC-5). Entre tanto la Luna llena será el 23, sobre las 23:37:27 hora de Colombia. Así que seguiremos atentos a estos tránsitos lunares e invernales, como que a raíz del último terremoto cíclico de subducción observado, nos fue posible detectar la presencia de claros signos radioprecursores-hectométricos, anticipando entre 45 y 60 minutos el suceso.

Generoso margen de tiempo que posibilitó el diseño de un fáctico modelo de pronostico sísmico, plenamente vigente y consistente en su resolución pre-predictiva de la no ocurrencia del sismo, en tanto no haga presencia la actividad precursora que preludio el episodio de 1995. Extenso lapso de tiempo durante el cual el ORVVE ha venido haciendo un riguroso monitoreo radiogeofísico del proceso, aún en medio de unos muy limitados recursos propios, habida cuenta del inveterado abandono en que se mantiene a las ciencias básicas en nuestro medio.

Es pues así como la acción de los distintos flujos gravitatorios implicados en los terremotos de julio, marca el potencial retorno de la actividad sísmica de alta magnitud, lo cual nos invita a apoyar todo esfuerzo que busque dar luces para el final pronóstico de los terremotos.

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* Chief-Scientist, Res-Development: Evidence Observatory Evid-Obs/ Observatorio Radiovulcanológico y Radiosismológico del Volcán Nevado del Ruiz ORVVE. Investigador en los campos principales de Epistemología-Física-Relativista y Radiogeofísica. Representante Legal de la Evidence Observatory Foundation EOF: una entidad sin ánimo de lucro que propende por apoyar la más natural, lumínica y transdisciplinar: investigación científica extraprotocolar. Contacto: [email protected]; [email protected] • Twitter: @ORVVE_Pronostic • Facebook: Luz Espectral • Donaciones y esponsorías fundación EOF: Ahorros Bancolombia # 05908347791.

 

** Véase:

https://twitter.com/ORVVE_pronostic/status/1408877764854362114?s=08 https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=2135201979955488&id=100003971215640&sfnsn=scwspwa