21 de septiembre de 2021
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Inquilinato, un modelo invisible para los arquitectos

30 de julio de 2021
30 de julio de 2021
“Recorrer la ciudad nos sirvió para comprobar que es posible plantear otros modelos de vivienda acordes a nuestra realidad”, afirma el docente Cortés. Foto: Facultad de Artes UNAL Sede Bogotá.

La recuperación de formas de proyectar y conformar la vivienda diferentes a las planteadas por el movimiento moderno, siguen formando parte de la oferta inmobiliaria en Colombia, que por muchos años ha pasado de manera silenciosa, pero efectiva, brindando un servicio social a la población.

En la noción del inquilinato se piensa y se proyecta la vivienda de forma diferente a la establecida por el movimiento moderno de la primera mitad del siglo XX.

Así lo detalla el profesor Marco Cortés Díaz, arquitecto y magíster en Urbanismo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), autor del libro La casa en el edificio: Reconocimiento topológico del inquilinato.

El libro, presentado en el marco de la 2ª. Feria Virtual del Libro Universitario, forma parte de la colección Sin Condición y llama la atención sobre la recuperación de formas de proyectar y conformar la vivienda diferentes a las planteadas por el movimiento moderno, que siguen formando parte de la oferta inmobiliaria en Colombia.

El arquitecto Cortés señala que “el continente de América Latina está lleno de personas migrantes, Colón fue uno de los primeros en llegar a estas tierras. La migración ha sido un elemento tradicional de Latinoamérica, desde Argentina, Colombia, Venezuela y Río de Janeiro, entre otros”.

“Argentina se construyó a base de migrantes, por lo que allí tienen una edificación para recibirlos; fueron muy organizados en el tema de inquilinatos. Algunos migrantes son de escasos recursos económicos y llegan a las áreas centrales de la ciudad y reciben ayuda” subraya.

Colombia, país de inquilinatos

Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2017 Colombia registró un 39 % de hogares en arriendo, el porcentaje más alto de la región.

“Una estadística de 2018 muestra que en Bogotá viven en promedio 1,5 familias por cada casa, es decir, viviendas multifamiliares o colectivas que se adecuan para arrendar habitaciones o espacios específicos a diferentes familias”.

El docente Roger Ruiz Melo, arquitecto y magíster en Arquitectura de la UNAL, autor de las ilustraciones del libro, advierte que “el interés del texto y de la producción de dibujos es cuestionar al lector, llenarlo de preguntas, que se conviertan en futuras investigaciones o proyectos o una ampliación de lo que se plantea”.

Agrega que “los dibujos han sido pensados para que acompañen el texto en página entera y diviertan el ojo de los lectores, no pretenden ser algo por sí mismos, sino iluminar el texto e ir más allá de las palabras que plantea el profesor Marco en el texto”.

El aporte tiene que ver con un discurso que no está escrito pero que va acompañando al texto y trae a colación ciertos símbolos, mediante los cuales el lector puede explorar ciertos detalles que se han puesto intencionalmente, como cosas cotidianas, lo que se entiende por la vida en la ciudad.

Casas para alquilar

El docente Cortés y un grupo de estudiantes visitaron los barrios Samper Mendoza, Bachué y Santa Fe, para hacer un reconocimiento a las modificaciones realizadas en casas convencionales. Encontraron, por ejemplo, viviendas que inicialmente tenían una puerta de ingreso y ahora tienen dos, además de avisos de arriendo de habitaciones.

La arquitecta Catalina Mahé, quien participó en la presentación del libro, señaló que “las modificaciones o transformaciones de las viviendas convencionales de Bogotá eran una solución a problemas económicos de las familias, que rentaban habitaciones o pisos de la casa”.

El arquitecto Cortés concluye que “se han aprendido diferentes maneras de entender el territorio, de relacionarse con la ciudad existente y de proponer una idea distinta de ciudad. Era necesario sacar el tema del inquilinato, porque en las estadísticas se nombra con cierto grado de vergüenza y en la política pública simplemente no existe”.

Agencia de Noticias UN – Unimedios