26 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

En redes & Enredos

22 de julio de 2021
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
22 de julio de 2021

Hoy regresamos, después de un largo receso en medio de la pandemia y el confinamiento voluntario, a la columna de opinión que hace varios meses salía acá por generosa acogida de la dirección de EJE 21, prestigioso y cada vez más influyente Primer diario digital del Eje Cafetero. Vamos, pues, al grano.

Más que un golpe a Santander

Nuestra primera reacción en redes sociales, tan pronto supimos que la estatua del general Francisco de Paula Santander había sido tumbada en la capital caldense durante las marchas de protesta del pasado martes, fue de estupor, con la indignación debida.

Luego escribimos, sin pensarlo dos veces: “Por Manizales cruzaba antes el meridiano intelectual de Colombia. Y hoy, que es una ciudad universitaria, pasa esto”.

“Ustedes dirán….”, fue el tácito llamado al final de la nota, sobre cuyo contenido crítico no hubo la solidaridad esperada, sabrá Dios por qué. La indiferencia o el temor se impone de nuevo, pensamos.

Reclamo santanderista

De inmediato, transmití la nota a mis amigos Olimpo Morales Benítez y José Asunción Suárez Niño (este último es descendiente directo del prócer caído), en su condición de máximos directivos de la Academia Santanderista de Colombia, adjuntando el enlace de la noticia publicada en tal sentido por La Patria.

Olimpo, presidente de dicha institución, respondió de inmediato con un golpe mayor: el video que registraba el preciso momento en que varios jóvenes “marchantes” se disponían a tumbar la estatua, acción a la que se enfrentaba, con valor, un señor de la tercera edad, dispuesto a evitar que eso pasara.

Al final, nada pudo hacer el distinguido caballero, amante al parecer de la historia patria y defensor, aunque asumiendo el riesgo de ser golpeado, de los héroes que nos trajeron, desde el 20 de julio de 1810 que precisamente estábamos celebrando, la independencia nacional.

Los muchachos, entretanto, hacían gala de su rechazo a ultranza de nuestra historia, de la cual desconocían, a las claras, quién era el personaje cuya cabeza terminó rodando por el suelo.

Tras dar las gracias al hijo del Gran Otto por compartir el video, subí a Facebook el comentario adjunto.

De la cultura a la barbarie

Así tumbaron la estatua de Santander en Manizales, donde varios jóvenes se negaron a oír una cátedra de historia mientras proclamaban que Bolívar mandó a matar a todos sus mariscales.

«¡No queremos escuchar historia!», gritó alguien del grupo. «Ya estudiamos historia en la universidad», aclaraba.

El pobre anciano nada pudo hacer finalmente, en medio de empujones, para evitar que la imagen de su héroe -El hombre de las leyes- se desplomara, rodando su cabeza por la calle, en la avenida Santander de una ciudad caracterizada, de tiempo atrás, por su cultura y civismo.

Es como si volviéramos a los tiempos de la barbarie, borrando la historia a golpes, con nuestras propias manos.

Colofón

Para colmo de males, alguien que no conozco respondió con rabia a mi nota, así: “Falso eso no fue en Manizales dejen de inventar m13rd4”.

Esto huele mal, sin duda.

Nariño, otra víctima

Pero, sigamos. Como se recordará, en mayo pasado sucedió lo mismo con una estatua de Antonio Nariño, otro prócer de la independencia -en Pasto, capital del departamento que lleva su nombre (o, mejor su apellido)-, célebre por la traducción de los Derechos del Hombre, en nombre de los cuales se hizo la Revolución Francesa que fue el origen, a su vez, de la democracia moderna, la misma que por fortuna aún nos rige.

Por ello, no pude menos que aludir en otra nota a la celebración del 20 de julio y, por ende, a Nariño, basado en la biografía que de él escribió el historiador Antonio Cacua Prada, miembro numerario de la Academia Colombiana de la Lengua, institución que este año celebra su sesquicentenario de vida. El siguiente es su texto.

El 20 de julio de 1810, ¿dónde estaba don Antonio Nariño, Precursor de la Independencia Nacional? ¿Por qué no aparece entre los firmantes del Acta de Independencia? En su libro Nariño soy yo, el historiador Antonio Cacua Prada nos da las respuestas:

«El viernes 20 de julio de 1810, día de mercado, se produjo en Santafé de Bogotá el Grito de Independencia. Por encontrarse en Cartagena de Indias, donde estaba preso, don Antonio Nariño y Álvarez encabezó la lista de los grandes ausentes.

El Precursor, junto con don Pedro Fermín de Vargas, fueron los primeros en promover los ideales de independencia, de libertad y de Patria, en la Nueva Granada.

«En la capital virreinal no se acordaron de Nariño, el ideólogo y batallador, quien por intermedio de su Tertulia Patriótica sembró la semilla y promovió la creación de la República.

Antes bien, lo ignoraron y quisieron alejarlo de su tierra natal, escenario natural de todas sus actividades».

Sobran los comentarios.

(*) Escritor y periodista, ex director del diario “La República” y miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua