20 de septiembre de 2021
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En Deuda con la Patria

25 de julio de 2021
Por Celmira Toro Martínez
Por Celmira Toro Martínez
25 de julio de 2021

Tenemos una deuda de honor con nuestra Patria que entre todos debemos devolverle y rescatarla así, del deshonor que le imponen, quienes tienen el poder en sus manos y la mancillan sin decoro alguno.

Debemos devolverle la belleza del mar, hoy perdido en despojos que dejan sin reparo los que olvidan, que este inmenso azul que nos circunda, guarda riquezas invaluables, tesoros infinitos, que sin piedad alguna profanamos, extinguimos.

Devolver a sus dueños verdaderos las tierras arrebatadas en medio de violencias, de masacres, de desplazamientos forzados y atropellos y volver a tener entre los surcos al campesino fiel, al sembrador sin fin de sus cosechas, centinela incansable que mantiene las semillas labriegas que tenemos.

Devolver a la tierra sus tesoros y dejarlos ahí, como una herencia.

Cuidar sin descansar este subsuelo que guarda de nosotros los cimientos.

Extinguir para siempre el negocio minero que convierte, colinas y montañas en desiertos.

Devolverle, por fin, la soberanía entregada a extranjeros. Rescatar sus recursos naturales: el agua contaminada y vendida, la selva devastada, sus riquezas ancestrales, el patrimonio cultural y su paisaje y el honor de su historia pisoteado en campos, en ciudades, en parcelas.

Tenemos que volver al amor patrio, a defender sin tregua ni medida nuestra raza y arrebatar sin miedo, de las manos infames, lo poco que nos queda de honradez, de dignidad, de paz y de sendero; para trazar así, nuevos caminos que nos lleven a todos, sin distingo, a alcanzar una vida mejor, un lugar más humano, más nuestro, más vivible.

Olvidar que una vez nos dejamos llevar por colores e ideas partidistas, por promesas y sin pensarlo, entregamos confiados su grandeza, su honor, sus bienes; el alma de la Patria que hoy, a gritos de sangre y de dolor, nos reclama y  exige.

Es preciso que juntos lo logremos. Que pongamos por encima de todo nuestro deber ciudadano y sin violencias, sin odios ni rencores podamos recoger lo que nos queda de este lugar sagrado que llevamos por dentro, como la luz inmensa que alumbrará por siempre la vida de los hijos, la vida que anhelamos y queremos.

Tenemos que admitir, que en todo el universo, no hay, después de éste, un lugar más hermoso, más cercano, más nuestro, rinconcito de amor y de recuerdos; el amor más supremo que llevamos improntado en el alma y en los huesos.

Colombia  nos necesita, nos urge, nos reclama