12 de agosto de 2022
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El desasosiego del ingrato

23 de julio de 2021
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
23 de julio de 2021

Qué  sentimientos  extraños y contradictorios  despierta el papel protagónico de nuestros connacionales en el magnicidio de Jovenel Moïse, el Presidente de Haití.

La estupefacción. Se recibe con asombro noticias de nuestros paisanos que en lugares recónditos del planeta se desempeñan en los más variados y hasta insólitos oficios. Y ahora que están haciendo historia -pasaje trágico y vergonzoso- en Haití.

Estamos exportando talento humano: cerebros granados de cuyo aporte a la ciencia nuestra prensa hace esporádicos ecos; oídos y voces excepcionales captados por la industria musical para ponerlos a sonar en todo el continente; atletas de maravilla selectivamente llamados por clubes americanos, europeos, hasta chinos. Y ahora, diestros en armas, estrategias, comunicaciones, fuerzas especiales, combate urbano.

Desde una perspectiva económica se resalta  el  crecimiento  exponencial de la exportación de servicios de seguridad. En solo Dubái se cuentan mas de dos mil militares retirados trabajando como fuerzas de seguridad. Un  nuevo Batallón Colombia, el  nro. 4. Y la sustitución de importaciones. Adiós a los tiempos de Yair Klein, que requeríamos de mercenarios para entrenar paramilitares en territorio patrio. Ahora exportamos estos servicios a Afganistán, Dubái, Yemen, México, Haití.

Es sin duda un acontecimiento inusitado para el ciudadano común, que cuando más, se entera de lo que sucede dentro de nuestras fronteras. Pero lo sorprendente es que la noticia haya dejado patidifusa  a nuestra inteligencia, militar, policial, estatal. No se les pide que se hayan anticipado y  descubierto  el plan, -sería mucho pedir-, pero si que no les hubiera causado la menor suspicacia un largo proceso de enganche, de varios meses, en el que participaron centenares de militares y policías retirados,  cercanos todos a las instituciones que le están encomendado hacer de detectives sociales. No se les   ocurrió  preguntarse por lo había detrás del llamado por redes sociales. Que autoridades extranjeras, como el Jefe de Palacio Presidencial de  Moïse,  vengan en plan de trabajo  al país, sin despertar en ellos algún interés. Que no haya funcionado como alerta la reciente organización de comandos golpistas, como la que se fraguó en nuestro territorio contra Venezuela, con un personaje que aquí vuelve a aparecer, el venezolano Antonio Intriago. Que  las empresas de vigilancia puedan reclutar gente para servicios en el exterior sin el monitoreo de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada. Tiene más malicia un gato de porcelana. O andan distraídos oyendo otras conversaciones.

Sentimiento de decepción. La doble cara de la moneda. Bien por la exportación de servicios, pero no de aquellos con los que se distinguen a los países parias. De variados matices,  injusto meterlos en el mismo saco, que tienen de común la búsqueda de ingresos, de trabajo, los que no encuentran en el país. Servicios que se reclaman por ser mano de obra barata. Prostitutas de origen colombiano, se dispersan por el mundo. Tienen ellas la dignidad de un trabajo legal – no en todas partes-. Servicios de los que requieren quienes se mezclan con los de bajos fondos, eludiendo la policía, que se mueven en una dudosa y ambigüedad  licitud como los que prestan gota a gota, pero cobran con amenazas; o de los que en sus cuentas costos y beneficios incluyen la eventual encierro en una cárcel por la criminalidad de sus actos, como lo son nuestras  mulas del narcotráfico; o de asesinos por ajustes de cuentas. Y ahora, sicarito V.I.P.

La formación militar para la defensa de la patria, la que se hincha de orgullo cuando se iza la bandera, pierde su halo patriótico cuando se presta en la condición de mercenarios, cuando el manejo de las armas se pone al servicio de cualquier divisa, la que pague.

Hay una degradación de esos servicios cuando para acceder a esos trabajos se necesita pasar al exterior de la mano de una empresa, que no solo van a sacar su tajada, tal vez excesiva, que los van a explotar y que  posiblemente caminan al filo del tráfico de personas. Como no pensar de ora manera si  la captación se hace con engaños. Hay que creer que muchos de los detenidos en Haití, no sabían cual era el verdadero objeto de su trabajo,  seguramente pensaban inocentemente que prestaban servicios legales al Estado caribeño.

Y la degradación es total para cuando lo que se recluta son destrezas para ponerlas al servicio del crimen. Colombianos hábiles en el secuestro de personas, ese era el objetivo inicial de la vuelta con el Presidente Moïse. O en el asesinato, que fue la orden final. Duele, cualquiera que sea la formación profesional, que los conocimientos y el adiestramiento se impartan sin una recia formación ética. Seriamente una institución se ha de sentir culpable o traicionada si la  sofisticada preparación se orienta a la comisión de elaborados crímenes, si ha suministrado conocimientos sin los cuales no se hubiera podido urdir perfectas defraudaciones financieras, o estructuras habitaciones al límite de resistencia, o comandos de asalto planificados.   Pero ¡cómo asombrarnos si se trata de militares que ejercieron en la siniestra época  de los falsos positivos, seis mil cuatrocientos dos ejecuciones a cambio de recompensas menores!

Sentimiento del desasosiego del ingrato. SI un país se identifica en su historia, la generación actual toma como suyos los compromisos solemnes de sus antepasados, se siente atada al deber moral de cumplir los que adquirieron quienes actuaban en nombre de nuestra República, obligada a hónralos y salvaguardar  la buena reputación – poca es la que tenemos en el mundo diplomático, en América se nos conoce como el Caín de América. El Estatuto de Inmigrante para acoger a los venezolanos se enraíza en la gratitud por la acogida de emigrantes colombianos, por décadas. Duele el trato desleal para con Cuba, de apoyar su inclusión en la lista de EE.UU de países terroristas, por involucrase con el ELN, cuando esto fue hecho a nuestro pedido, y como país garante de los Acuerdos de Paz. Y ahora, con la simplicidad que se cuenta la historia, es un comando de asesinos, autores del magnicidio del de Haití, con el que respondemos a la providencial ayuda del Presidente Petion a Bolívar, una goleta, con armas y municiones, e imprenta, para la expedición a San Luis de los Cayos, y así darle aire a  la lucha de independencia americana anegada en la sangre de la reconquista de Pablo Morillo.–