20 de septiembre de 2021
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Castristas, ¿a punto de coronar?

27 de julio de 2021
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
27 de julio de 2021

 

Vandalismo en Manizales

La actual zozobra que padecemos en Colombia, a causa de paros, vandalismo, guerrilla urbana y rural, bloqueos y reiteradas manifestaciones callejeras, nos lleva a recordar cómo el comunismo se vale de toda clase de trucos, mentiras, violencias y coyunturas para adueñarse del país, como lo ha conseguido en Cuba (1959) Venezuela (1998) y Nicaragua (2006), para eternizarse en estos países, poco a poco no factibles.

En Colombia sus intentos vienen desde antes de 1948, con su plena manifestación el 9 de abril de ese año. El objetivo era aprovechar la IX Conferencia Panamericana de Bogotá, en donde actuaron unidos quien fuera presidente provisional de Venezuela hasta el 16 de febrero de ese año, el 48, Rómulo Betancourt (declarado comunista) y Fidel Castro, (entonces estudiante). Betancourt presidiendo la delegación de su país a la Conferencia llega a Bogotá por vía terrestre, desde Caracas, “deteniéndose en las más importantes poblaciones de tránsito, donde sólo dialogó con sospechosos elementos revolucionarios”, dice José Alvear Sanín en su obra “La vida ejemplar de Mariano Ospina Pérez”.

Agrega que a la vez, se dan cita en Bogotá durante los días de la conferencia “reconocidos izquierdistas y terroristas” de entonces, entre los cuales estaban un chileno, un venezolano y tres cubanos: Enrique Ovares, Alfredo Guevara y Fidel Castro. Este último vino junto a Betancourt y portando pasaporte venezolano. Estos y otros elementos constituían “la base del movimiento insurreccional para frustrar las labores de la Conferencia”. Supuestamente les respaldaba la nutrida embajada soviética en Bogotá, al punto que el presidente Ospina Pérez cortó relaciones con esa nación a los pocos días de ocurrido el incendiario 9 de abril.

Han pasado 73 años y con otros nombres, con más recursos, aunque con total desprestigio y objeto de prevención entre nuestra gente, persiste su deseo de esclavizar a Colombia. El ocañero Maduro, ahora venezolano, por ratos se manifiesta directamente, aunque tiene sus fichas de mutua cooperación, como son los grupos subversivos que ampara (y le protegen) en tierra venezolana, eln, farc, dineros poco santos, inteligencia cubana y armamentos chinos y rusos. El ruso Putin, que no es comunista, él y su partido Rusia Unida no meten mentiras con cuentos de ideologías, sólo quieren dólares y ampliar su poderío en Latinoamérica. Estos ya han sido pillados sobre sus intenciones en Colombia.

El nonagenario Raúl Castro, quien también por ratos se manifiesta directamente, como lo ha hecho al proteger a miembros del eln, normalmente actúa vía la dictadura Maduro. Recordemos que en 1981 el gobierno Turbay rompió relaciones con los Castro, al comprobar que estos entrenaron en sus dominios a elementos del M-19 y los retornaron a Colombia generosamente armados. Raúl solo sigue los malos pasos de su difunto hermano mayor.

Desde entonces y como hoy, los jóvenes y estudiantes son parte de la estrategia comunista, pues en coincidencia con la Panamericana, se lleva a cabo en Bogotá una reunión internacional con integrantes de asociaciones afiliadas a la Federación Mundial de Juventudes Democráticas y a la Unión internacional de Estudiantes.

Finalmente, la IX Conferencia finalmente aprobó una resolución en donde reconoce a «la actividad política del comunismo internacional como incompatible con el concepto de la libertad americana». Afirmación no solo cierta, pero que ni se imaginaba la diversidad de “formas de lucha” que hoy tienen a Colombia en la mira de un comunismo fracasado y repudiado, cuyos promotores se ofrecen como salvadores de los más pobres, pero que en realidad buscan para ellos y sus camaradas las delicias del poder y el enriquecimiento personal, arrasando con producción, empleo, libertades y derechos fundamentales. Evidencias en Cuba, Nicaragua, y Venezuela. ¿Queremos más?

Entonces la firmeza del presidente Ospina Pérez, la lealtad del Ejército, la embriaguez y saqueos producidos por la turba, impidieron el derrocamiento del Gobierno legítimo. ¿Sería ese el plan de Rómulo Betancourt, Castro y demás camaradas?

¿Ahora vendría Colombia? La actual situación de pobreza y de protesta ciudadana que azota a Cuba, no es freno para su ánimo expansionista. Por el contrario, le obliga a conseguir riqueza ajena, como durante muchos años vivió de los generosos favores soviéticos y luego de la amplia cuota chavista, especialmente en petróleo. En Colombia hay fuerzas y hechos que le favorecen.

El lunático borrador de reforma tributaria que pretendía imponer el descabezado ex ministro Carrasquilla fue la oportunidad clave para que los castristas y chavistas pusieran a prueba todas sus “formas de lucha” y les funcionó. Además de la destrucción de la infraestructura del Transmilenio, el saqueo y devastación en comercios y bancos, del accionar de sindicatos amigos, consiguieron implantar dos nuevas armas revolucionarias. Me refiero a los bloqueos en ciudades y en carreteras (que funcionaron de maravilla) y a la “primera línea”, jovencitos adoctrinados y engañados, de mostrar, junto a vagos, ladrones y consumidores de estimulantes, apadrinados por el senador de “Sin tetas no hay paraíso”.

Una coyuntura favorecida por el débil Gobierno Nacional, la contradictoria alcaldesa bogotana y apoyos en alcaldías varias, como las de Cali y Medellín. Ampliamente divulgada en desprestigiadas redes sociales y desde muchos medios de comunicación, en radio y TV, con algunos periodistas enemigos declarados del Gobierno y otros que aún adoran al che y a los Castro. Todo en homenaje al “legítimo derecho a la protesta” Su obsesión es ver al doctor Petro en la Casa de Nariño y a su tocayo Bolívar ministro de Cultura o de Educación. Tan culto y educado que es…

A la par siguen sus luchas desde el campo y la urbe, desde la frontera venezolana, desde sus curules generosamente regaladas por el nobel Santos, desde su JEP a la medida.

Nunca antes la meta castrista de apoderarse plena y permanentemente de Colombia parece tan cercana, 73 años de causar daños y llantos al país estarían a punto de coronar. Prácticamente lo tienen todo a su favor. No pararán y de aquí a marzo (legislativas) y mayo (presidencial) seguirán en sus prácticas, viejas y nuevas. Sin embargo como que el país comienza a tomar conciencia de la quiebra total que sufriría con la llegada del modelo dictatorial castrista, dadas las viejas y las nuevas evidencias vividas durante estos días: cárcel para quienes se enfrenten al déspota Ortega en Nicaragua, diversidad de atropellos para los que gritan libertad en Cuba, confinamiento e injusticia para quienes contradigan a Maduro y compañía. El reciente “bloqueo” en el Senado al autor de “sin tetas sí hay paraíso” sería una muestra de que los partidos democráticos pueden trabajar aliados y evitar que el comunismo castrista se remache en el poder. Ojalá.