20 de mayo de 2022
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Urbanidad-Civismo vs. vandalismo

8 de junio de 2021
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
8 de junio de 2021

Otra cosa sería de nuestro país si en nuestros hogares, colegios y juntas comunales no hubiéramos descuidado la enseñanza y práctica de los principios en los temas de urbanidad y civismo.

Decía el venezolano Manuel Carreño en su “Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos”, refiriéndose a este tema fundamental que es “el conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras, y para manifestar a los demás la benevolencia, atención y respeto que les son debidos”.

De otro lado, Wikipedia señala que “El civismo (del latín civis, ciudadano y civitascivitatis, ciudad) o urbanidad se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad. El civismo nace de la relación del hombre con su localidad, nación y estado. Un ejemplo de civismo es cómo se comporta la gente y cómo convive en sociedad. Se basa en el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; buena educaciónurbanidad y cortesía”. En esto qué déficit tan grande cubre a Colombia, sobre todo en respeto a “objetos públicos”.

La Urbanidad de Carreño vio la luz en 1853 y tuvo práctica en buena parte de familias, colegios, universidades y comunidades en general hasta los años setenta del pasado siglo, más o menos. A pesar (¿o por su causa?) del resquebrajamiento de las familias, del auge del consumerismo, de la patología que lleva a algunos a acumular y acumular riquezas, de la inobservancia de las normas como modelo de vida, este Manual contiene principios que nutren al civismo, y luego de 168 años de organizados por su autor siguen en plena vigencia.

Carreño fue pedagogo, músico y diplomático, quien logró valiosas enseñanzas de su tío Simón Rodríguez, maestro del Libertador Simón Bolívar. Considera este texto que “la urbanidad es una emanación de los deberes morales, y como tal, sus prescripciones tienden todas a la conservación del orden y de la buena armonía que deben reinar entre los hombres, y a estrechar los lazos que los unen”.

Advertía Carreño algo que estamos viviendo: “no podría conservarse ninguna sociedad en que estas reglas fuesen absolutamente desconocidas”.

En esta etapa de Colombia, nutrida por los indeseables vándalos-terroristas, y los enemigos públicos que practican el saboteo bloqueando calles y vías públicas, encontramos expresiones de desequilibrio mental y odios, alimentados desde la infancia en hogares desgraciados. Dicho por Carreño: “Y como nuestros hábitos en sociedad no serán otros que los que contraigamos en el seno de la vida doméstica, que es el teatro de todos nuestros ensayos, imposible será que consigamos llegar a ser metódicos y exactos, si no cuidamos de poner orden a todas nuestras operaciones en nuestra propia casa”.

Coincidente con Confucio, al afirmar este: “Tenemos que estar en paz con nosotros mismos, o no podremos guiar a otros en la búsqueda de la paz”. Antes de educar a los demás, debemos auto educarnos. ¿Qué tal las maestrías de fecode?

Verdades que debemos aplicar tanto a quienes están incendiando y paralizando al país, como también a quienes nos gobiernan y aspiran a gobernarnos mediante nuevo modelo de sociedad. Para que lo tengamos muy en cuenta nosotros, los colombianos que hemos hecho menos daños, los que padecemos por causa de extremistas y, sobre todo, los jóvenes y estudiantes que se presentan ahora como alternativa de poder: “Cuando no somos metódicos, la casa que habitamos no está nunca perfectamente aseada; porque los trastos desarreglados no pueden desempolvarse fácilmente, y el mismo esparcimiento en que se encuentran impide la limpieza y el despejo de las habitaciones. Esta es Colombia. Principio que se destaca por su ausencia en esta época: “La escrupulosa exactitud a que nos acostumbra el método en nuestra casa, nos hará cuidar de lo ajeno como de lo nuestro”.

A manera de remate, otra lección del ignorado Carreño, que debe obligarnos a rescatar la práctica y enseñanza de urbanidad y civismo, especialmente para las mujeres cabeza de hogar: “como las costumbres de la madre de familia se transmiten directa-mente a los hijos, por ser en su regazo que pasan aquellos años en que se graban más fácil y profundamente las impresiones, sus malos ejemplos dejarán en ellos resabios inextinguibles, y sus hijas, sobre todo, que a su vez llegarán también a ser madres de familia, llevarán en sus hábitos de desorden el germen del empobrecimiento y de la desgracia”.

Actualmente el Estado y en promedio los establecimientos educativos, los profesores (especialmente algunos sectores de estos, especializados en el paro y el ocio), padres y madres tienen a urbanidad y civismo como tema de cuarta categoría. Ya está visto el grave error y sus peores consecuencias. Entre todos recuperemos las bases que para la sociedad significan estas materias, que como vemos deben ser de primer orden en la formación de los nuevos colombianos. Por aquí debe comenzar la Colombia corregida que quieren construir los jóvenes en formación. De los actuales vándalos, ni pensar en cómo sería su gobierno…