1 de agosto de 2021
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Mundo curioso (3)

Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
18 de junio de 2021
Por Gustavo Páez Escobar
Por Gustavo Páez Escobar
Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
18 de junio de 2021

En la tercera entrega de casos curiosos que ocurren en el mundo, destaco, en el campo femenino, dos sucesos memorables que recoge El Tiempo en su sección Hace 100, 50 y 25 años, de la que soy asiduo lector.

(12/05/1917). Hace un siglo existía en el estado norteamericano de Nueva Jersey un club femenino que ofrecía la “cátedra de sonrisas”, dedicada a enseñar la más dulce y efectiva manera de sonreír, como camino para triunfar en las batallas de la vida. Cabe pensar que el número de mujeres asistentes era numeroso, atraídas por la tentación de cultivar el eterno hechizo femenino que seduce al hombre en la senda del amor y abre las puertas del trabajo y los negocios.

Es usual enseñar  buenas maneras, glamur, encanto sensual, pero no he sabido de ninguna academia especializada en el arte de la sonrisa. Por cierto, buena faltan nos hace hoy sonreír, cuando la acidez de la vida es tan atosigante y al género humano se le olvidó que el éxito puede provenir de una sonrisa franca, un porte amable, un gesto de urbanidad y conquista.

(25/7/1967). La noticia viene ahora de Pereira, que se ha distinguido por sus lindas mujeres. Y la protagoniza Cástor Jaramillo Arrubla, exministro de Trabajo de Rojas Pinilla y primer gobernador de Risaralda. Cuando en 1967 llegó a este cargo, tenía 54 años de edad, estaba casado, era padre de cuatro hijos y, para mayor precisión, era “católico, apostólico y romano”, como con picante malicia lo define el periódico. Pasó a la historia no solo como el fundador de Risaralda, sino que miraba con buenos ojos la aparición de la minifalda en las dependencias de la gobernación.

En tales condiciones, le hubiera correspondido vetar esta revolución de la moda, pero optó por el silencio permisivo, es decir, por la complacencia. Así, se convirtió en el padre de la provocación. A partir de entonces, las bellas mujeres de Pereira se vieron mucho más hermosas y seductoras, sin importarle al mandatario las críticas que le llovieron de dirigentes políticos, de jóvenes señoras y de matronas del siglo pasado. Todo un chaparrón se le vino encima, pero Cástor Jaramillo no dio el brazo a torcer y en poco tiempo se impuso el ícono de la minifalda como uno de los más perdurables y perturbadores de la época.

¿Sabe usted por qué se le llama minifalda, y también mini, en su abreviatura? ¿Por la cortedad de la tela? Si así piensa, está equivocado. Esta prenda, incitante de los sentidos, y que no siempre agrega encanto –pues no todas las piernas están hechas para seducir–, fue inventada por la diseñadora de modas británica Mary Quant, quien se inspiró en el automóvil Mini y creó, en los años 60, esta expresión cultural que daba inicio al movimiento de liberación sexual que poco tiempo después inventó la píldora anticonceptiva. Al llegar el fenómeno a las páginas de la revista Vogue, este grito de la moda repercutió en todo el planeta

A la minifalda se le llama también “la revolución en dos piernas”, y cada cual puede pensar como quiera. Sea como fuere, marcó un momento histórico como sinónimo de libertad, de astucia y creatividad, desafiando cánones y vetos eclesiásticos.

Y fue Cástor Jaramillo Arrubla, hombre de visión y buen gusto, quien desde Pereira, la “querendona”, se adhirió a la idea formidable de Mary Quant, quien así le rendía homenaje al Mini Cooper, con solo subir la falda tradicional unos centímetros arriba de la rodilla.

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